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| 10/15/2011 12:00:00 AM

Paras en clase con el DAS

Durante y después del proceso de paz con las AUC, decenas de paramilitares fueron entrenados por técnicos del DAS en uso de explosivos y otros artefactos.

Para pocos es un secreto que durante el proceso de diálogo entre los paramilitares y el gobierno de Álvaro Uribe los jefes de las AUC utilizaron la llamada zona de despeje de Santa Fe de Ralito para todo tipo de excesos. Fiestas con prepagos, whisky a chorros y bacanales fueron comunes allí y hoy no sorprenden a nadie. Tampoco escandaliza saber que en ese territorio en donde se concentraron una veintena de jefes paras con centenares de sus hombres haya sido usado como escondite de narcos y que la zona de diálogo haya servido para continuar con negocios de narcotráfico.

Sin embargo, cuando ya se creía que muchas de las irregularidades habían salido a la luz pública, los archivos confidenciales del DAS, en poder de SEMANA, dejan al descubierto otros hechos sencillamente escandalosos.

Uno de ellos tiene que ver con que durante la época de Santa Fe de Ralito y posteriormente técnicos antiexplosivos del DAS dieron entrenamiento y capacitación en uso de explosivos, morteros y otra serie de artefactos a paramilitares desmovilizados. Algunos de ellos irían luego a engrosar las filas de las bacrim.

Son varios los informes de contrainteligencia de la misma entidad en los que quedan en evidencia esas actividades.

En el reporte de una prueba de polígrafo realizada en mayo de 2007 a uno de los técnicos antiexplosivos del DAS, el agente reconoce los entrenamientos dados a los paramilitares. En una de las casillas del documento dice “admite”, lo que se entiende como una confesión. Quienes le toman la declaración lo resumen de la siguiente manera: “La información de que compañeros suyos estarían capacitando paramilitares en el tema de explosivos era verdad. Personas en la ciudad de Honda estarían recibiendo capacitación en explosivos por parte de un funcionario del DAS (aparece el nombre que esta revista omite)” (ver facsímil).

En este caso, si bien la prueba de polígrafo se hizo en 2007, época para la cual ya las autodefensas estaban desmovilizadas, no hay más información que permita saber en qué fecha ocurrieron los hechos.

En otro documento de inteligencia se menciona una capacitación, al parecer a otro grupo de paramilitares, ya desmovilizados y con más detalles que en el caso anterior. “Información de inteligencia obtenida por medio de valoración poligráfica indica que cuando un funcionario prestó seguridad al desmovilizado paramilitar José Baldomero (alias Guillermo Torres, exjefe de las autodefensas de Meta y Vichada), manifestó que recibieron capacitación o entrenamiento en manejo de explosivos, morteros y demás por parte de funcionarios antiexplosivos del DAS”.

Y precisa el informe secreto: “Otra fuente indica que el funcionario (nombre que SEMANA se abstiene de revelar) de antiexplosivos tiene vínculos con los paramilitares y se reunió con José Baldomero con el fin de prestarles capacitación en explosivos”. El detective de contrainteligencia que redactó el documento llenó la casilla del formato destinada para anotar el estado de las pesquisas y simplemente consignó: “resuelta”. En la casilla para escribir el resultado aparece una palabra que resume lo que ocurrió con la investigación: “archivo” (ver documento).

Baldomero o Torres, el hombre al que se refiere el documento anterior, es un exjefe paramilitar que a finales de los años noventa creó y comandó las llamadas Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada (ACMV), que actuaban en esa región del oriente del país. Unos años más tarde, esa facción se enfrentó con el bloque Centauros, de Miguel Arroyave y terminó absorbido por este último.

En agosto de 2005, Torres se desmovilizó en Puerto Gaitán, junto con 290 de sus hombres, y se trasladó a la zona de Santa Fe de Ralito durante la época de los diálogos de paz. Algunos de los entrenamientos en explosivos que impartían técnicos del DAS habrían ocurrido durante ese periodo y, aunque el documento de contrainteligencia del DAS no lo dice explícitamente, el entrenamiento habría sido en la zona despejada a los paras para los diálogos. Tras el fracaso del proceso, la extradición de los jefes paras, muchos de los combatientes de las ACMV y Centauros que habrían recibido capacitación en explosivos terminaron engrosando las filas del Erpac, que fue el resultado de esa mutación de exparamilitares para convertirse en bandas criminales.

Algunos ex altos funcionarios del DAS consultados por SEMANA sobre este caso argumentaron que se trata de documentos de contrainteligencia que dan indicios de conductas ilegales, pero no son lo suficientemente fuertes para judicializar a los implicados. Un argumento bastante cuestionable, tratándose de capacitación en explosivos a delincuentes, especialmente si se tiene en cuenta que los anteriores no son los únicos informes que revelan que los técnicos antiexplosivos del DAS entrenaron a los paras. De hecho, son varios los registros del caso y por eso, según pudo establecer SEMANA, se llevó a cabo una investigación de contrainteligencia que fue conocida como “caso instrucción”.

“En el DAS todos sabemos quién es quién y en qué anda cada uno. Lo de los cursos de explosivos no era desconocido para muchos. La razón para que no se sancionara a los que estaban en esas era porque eran protegidos de los jefes”, afirmó a esta revista uno de los funcionarios de contrainteligencia que conoció el caso. “Algunos, con conocimiento incluso de los jefes, y otros pocos no, aprovecharon que el DAS era el encargado de la seguridad de los paramilitares para hacer esos entrenamientos, la mayoría de los cuales eran pagados por los mismos paras a los funcionarios que los dictaban. Eso no era un secreto”, concluye.

El entrenamiento no era solo en explosivos. El testimonio de este funcionario coincide con decenas de documentos de contrainteligencia del DAS en los que los propios detectives aceptan que recibieron pagos por entrenar a los paras también en otras lides. En el registro de otro de los polígrafos, efectuado en junio de 2006, un detective reconoció, por ejemplo, que entrenó a los desmovilizados y recibió dinero de Salvatore Mancuso. “Admite que recibió tres millones de Mancuso como gratitud al dictar una capacitación a paramilitares reinsertados (...) el evento contaba con el aval de la dirección del DAS y la oficina del alto comisionado para la Paz (...) admite que ha tenido contacto con jefes paramilitares pero dice que solo por asuntos relacionados con seguridad”.

Si bien el detective tenía la bendición del gobierno para dar entrenamiento en materia de seguridad a los desmovilizados, no es muy claro si se transgredieron los límites de lo legal. Sobre todo, si se tiene en cuenta que un funcionario del Estado no tendría por qué recibir un pago del comandante paramilitar. A pesar de la confesión, el resultado de esa investigación solo dice que fue “resuelta” y el funcionario siguió vinculado a ese organismo hasta hace dos años cuando salió de la institución porque se pensionó. Como este son decenas los casos de funcionarios que admitieron haber recibido dinero por diversas actividades para los paramilitares.

Sin duda, el caso del entrenamiento en explosivos no se trata de un asunto menor. No solo porque resulta inaudito, por decir lo menos, que funcionarios de un organismo de inteligencia adscrito a la Presidencia de la República hayan entrenado a delincuentes, sino porque las investigaciones internas fueron archivadas y reina la impunidad. Algunos de quienes entrenaron a los paras se han pensionado, unos cuantos han sido retirados por diversos motivos y otros más aún hoy continúan en sus cargos.

Y lo que es aún más sorprendente: algunos ‘profesores de los paras’ resultaron incluso premiados, como el caso de uno de ellos que aún está activo y fue enviado al exterior como instructor para capacitar a miembros de un cuerpo de seguridad de un país centroamericano, curso que fue patrocinado por la embajada de un país europeo que desconocía los antecedentes y las actividades non sanctas de ese funcionario.

No es una simple anécdota. Algunos de esos exparas que hoy hacen parte de las bandas criminales (bacrim) que tienen azotadas varias regiones del país fueron ‘alumnos’ en esos entrenamientos del DAS.
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