Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/07/15 00:00

PARO PORQUE NO BOGAS

Expectativa y ambiente caldeado en vísperas del paro cívico nacional

PARO PORQUE NO BOGAS


El tercer año de cualquier gobierno en Colombia no sólo marca la caída vertical de los índices de popularidad del Presidente de turno y el inicio de la carrera en los partidos políticos por las respectivas candidaturas, sino también la inevitable celebración de un paro cívico nacional. En 1977, le tocó a la administración López y en 1981 al gobierno de Turbay. Ahora, en 1985, el turno le corresponde al presidente Belisario Betancur, de quien se creyó en algún momento que podría salvarse de este sino trágico.

En efecto, desde hace varios meses la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia, CSTC, una de las cuatro centrales obreras del país y sin duda la que se encuentra ubicada más a la izquierda, separada de las otras tres que han hecho tolda aparte en el denominado Frente Sindical Democrático, viene preparando un paro cívico nacional para el próximo jueves 20 de junio. La CSTC, estrechamente relacionada con el Partido Comunista, planeó con las otras tres el sangriento paro del 77, pero ya en 1981 cargó sola con la responsabilidad de un paro nacional que resultó organizado y pacífico, aunque bastante parcial y menos espectacular, sin duda, por la falta de disturbios.

En esta ocasión, el paro parece tener mejores motivos que nunca: la situación de los trabajadores, con un desempleo del 14% y una inflación que en sólo 5 meses rebasó el aumento salarial promedio acordado para este año, es una de las peores en las últimas décadas. Además, el país acaba de acordar con las entidades internacionales de crédito la aplicación de un recetario ya experimentado en otros países latinoamericanos, donde ha desencadenado, en forma paralela al saneamiento de las finanzas públicas, un profundo deterioro de la situación social. Es quizá por eso que ninguno de los sectores que se ha pronunciado en contra del paro ha tenido la osadía, salvo contadas excepciones, de poner en duda la validez de los motivos que impulsan el movimiento. Más allá de los cuestionamientos que se le han hecho a las solicitudes, algunas de ellas utópicas e irreales como la suspensión del pago de la deuda externa y otras más negociables como el alza general de salarios, expuestas en el pliego presentado al gobierno, lo cierto es que el paro parecería estar relativamente justificado por el deterioro de la situación social, como lo expresaban entre otros, algunos miembros de la Dirección Liberal Nacional.

Lo que se le cuestiona al movimiento en cambio es lo inoportuno y riesgoso que puede resultar en estos momentos, cuando el proceso de paz atraviesa sin duda su período más crítico, y un paro cívico nacional sería la ocasión perfecta para que las disidencias y los llamados gremlins de la guerrilla, esa nueva ola de grupúsculos tan reducidos como peligrosos, aprovecharan las circunstancias y desencadenaran atentados y toda clase de ataques terroristas que agravarían aún más, si cabe, la situación.

Y este cuestionamiento es tan serio que a finales de la semana pasada puso incluso a dudar a los organizadores del paro, quienes dentro del espectro político de la izquierda se ubican más del lado de los que buscan un positivo desenlace del proceso de paz, que de aquel de quienes lo quieren sabotear. Es decir, que los mismos organizadores del paro, la CSTC, el Partido Comunista y otros sectores independientes, se pusieron a pensar si no le estaban sirviendo en bandeja de plata a grupos enemigos suyos, como el Ricardo Franco, la oportunidad de convertir un día de protesta pacífica en una carnicería.

Sin embargo, al cierre de esta edición y mientras el gobierno y los organizadores del paro continuaban negociando sobre dos puntos básicos (un aumento general de salarios y el replanteamiento del recetario del FMI), cada vez parecía más claro que el paro no se suspendería. Y si todo indicaba que no se iba a suspender, era sencillamente porque los dirigentes obreros no estaban del todo convencidos de que el hecho que "el palo no esté para cucharas" sea problema de ellos.--

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