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| 6/18/2016 12:00:00 AM

Partido Conservador, con un pie el gobierno y otro en la oposición

El Partido Conservador se encuentra muy dividido. No hay una posición común sobre cómo debe ser su relación con la Casa de Nariño.

Con más de 2 millones de votos que, en promedio, ha tenido en las últimas elecciones, el Partido Conservador es decisivo en cualquier competencia política. Una bancada parlamentaria fuerte, electores fieles y un gran poder regional, hacen que el apoyo de la colectividad azul sea uno de los mayores antojos de quienes buscan el poder en Colombia.

Pero los propios conservadores no parecen conscientes de su fortaleza. Y si bien coinciden en afirmar que hacen parte de la Unidad Nacional, sus divisiones internas hacen pensar que les falta mucho para llegar sólidos a las elecciones presidenciales de 2018.

Como quedó en evidencia la semana pasada, cuando los senadores del partido se retiraron del recinto del Congreso y no votaron el Acto Legislativo para la Paz, el apoyo mayoritario que hasta ahora habían dado a las iniciativas presentadas por el gobierno es frágil y depende de los puestos. Según le dijeron varias fuentes parlamentarias y del gobierno a SEMANA, los senadores se retiraron de la votación porque sienten que el gobierno no les ha cumplido sus expectativas burocráticas.

El apoyo conservador a la paz, principal bandera del gobierno, tampoco ha sido coherente ni unificado. A pesar de que en varias oportunidades los congresistas azules se han reunido con Juan Manuel Santos para expresarle su apoyo a los diálogos de La Habana, el partido se encuentra dividido en dos bandos: uno apoya al gobierno, y el otro se encuentra en la oposición. El bando parlamentario, encabezado por el representante David Barguil, considera que no estar en la foto de la paz sería muy costoso después de que, en su historia, los últimos presidentes conservadores –Belisario Betancur y Andrés Pastrana– se la han jugado por una salida negociada al conflicto. Y otro sector, orientado hacia la derecha del espectro político y liderado por la exministra Marta Lucía Ramírez, acude a las banderas de la seguridad y el orden para criticar a Santos y el proceso con las Farc.

Esa misma falta de unidad de criterios se refleja en la diversidad de perfiles y opciones que ha comenzado a ambientarse de cara a las próximas presidenciales. La baraja contempla nombres que representan desde posturas de extrema derecha, como el procurador Alejandro Ordóñez, hasta otros que defienden el gobierno actual, como el actual ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, pasando por los de Ramírez y Luis Alberto Moreno, presidente del BID.

Los sectores del conservatismo solo coinciden en la necesidad de tener candidato propio dentro de dos años. Cuando han decidido no tenerlo, o han llegado divididos, han perdido parte de su fuerza en el Congreso. Así sucedió cuando apoyaron la reelección de Álvaro Uribe en 2006 y perdieron 24 curules, y cuando en 2014, y ante el respaldo de Marta Lucía Ramírez al candidato del uribismo, un sector mayoritario de la bancada parlamentaria se la jugó por Santos en segunda vuelta. Ese año el partido eligió 14 congresistas menos que en 2010.”Por ahora, es claro que tendremos candidato propio. Aún no sabemos el mecanismo con que lo elegiremos, pero seguro será un conservador”, dijo Marta Lucía Ramírez a SEMANA.

Buscar un aspirante conservador tampoco es fácil. En el caso de Marta Lucía Ramírez, la eligió candidata una convención impugnada por congresistas de su partido, que preferían apoyar a Juan Manuel Santos que a Óscar Iván Zuluaga. A pesar del poco apoyo parlamentario, en 2014 ella logró obtener más de 2 millones de votos. Y aunque haber obtenido ese resultado le permitiría ubicarse en los primeros lugares del partidor y contar con una base electoral sólida, su aspiración tendría varias dificultades. Primero, muchos congresistas señalan que Ramírez no es auténticamente conservadora y que ha pasado por La U, por los ‘Quintuples’ de Mockus, Peñalosa y Fajardo, y por último, por la fundación del Centro Democrático de Uribe. Segundo, muchos conservadores se han sentido atacados cada vez que ella los ha acusado de recibir ‘mermelada’ a cambio de apoyar a Santos. Y, tercero, otros en la baraja recogen con más fuerza el discurso anti-Farc que ella enarbola. Entre ellos, el procurador.

En el caso de que el partido decidiera apoyar a Ordóñez, sus militantes también estarían en una encrucijada. Él representa una postura reaccionaria de la cual se desdibujaron la mayoría de los congresistas azules cuando decidieron tomarse la foto de la Unidad por la Paz. Por ello, respaldarlo podría parecer inconsistente. A lo anterior se suma el hecho de que el procurador está pensando lanzarse por firmas, para no casarse con un solo partido y contar con el apoyo de una base más amplia.

La opción de Mauricio Cárdenas cada vez tiene menos fuerza. Si bien el ministro tiene origen conservador, su corazón hoy en día está en La U, el partido del presidente. Y por si fuera poco, la mayor parte del malestar burocrático en el partido se dirige contra él. Hace dos meses, Cárdenas acompañó al presidente Santos a una reunión con la bancada conservadora, en la que esta manifestó su apoyo a la paz, condicionándolo sutilmente al nombramiento de un ministro de Minas conservador. Finalmente fue nombrado Germán Arce, que aunque fue presentado como allegado al conservatismo, es más cercano a Cárdenas que al partido. Ese hecho, sumado a otros nombramientos en el alto gobierno, desató el descontento que terminó llevando a la bancada del Senado a apartarse de la retórica de la paz, y poner en riesgo la aprobación del acto legistativo.

Finalmente, en los últimos días ha tomado fuerza entre los azules otro presidenciable. Se trata de Luis Alberto Moreno, cuya aspiración podría sonarle a todos los sectores, pero que hasta ahora es más un deseo colectivo que una posibilidad. Desde hace más de diez años, siempre suena cuando se acerca la campaña, y su aspiración se desinfla cada vez que es reelegido presidente del BID. Y justamente el año pasado, Moreno fue raticado para un tercer mandato en el banco.

“El partido está tan obsesionado con los puestos, que el apoyo a la paz durará mientras Santos sea presidente. De ahí en adelante más que la salvación nacional, nos interesa la salvación individual”, dijo a SEMANA un reconocido senador conservador, aludiendo al afán burocrático de muchos de sus congresistas. Pero de asumir una posición frente a lo que viene después de la firma de la paz con las Farc, muy pocos partidos podrán evadirse. La implementación de los acuerdos de La Habana marcará la agenda política de los años que vienen. Y si en el congreso del partido –que se hará en agosto– los conservadores no logran ponerse de acuerdo sobre la posición que tendrán al respecto y sobre el perfil de su candidato, los azules correrán el riesgo de que cada vez más colombianos los vean como rurales, burocráticos y avejentados.

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