Martes, 2 de septiembre de 2014

. Foto: Ilustración Javier De la Torre / SEMANA

| 2013/09/20 00:00

“Los partidos explican la baja calidad de la democracia”

por César Paredes, Revista SEMANA

El politólogo Javier Duque dice que los partidos siempre han estado en crisis.

Con el descenso de la imagen favorable del presidente Juan Manuel Santos en las encuestas pasó inadvertido un hecho grave para la democracia: el prestigio de los partidos políticos y el Congreso llegó a su punto más bajo. Según el más reciente estudio de opinión de Invamer Gallup, solo el 19 por ciento de los encuestados dijo tener una opinión favorable de los partidos y, el 27, del Congreso.

En entrevista con Semana.com, el experto en partidos políticos, Javier Duque, de la Universidad del Valle, aduce que, a diferencia de lo que algunos opinadores han dicho, los partidos siempre han estado en crisis. En su criterio, además, el fenómeno cobija a los partidos en el mundo.
El experto considera que los partidos no solo están debilitados sino que no están anclados en la sociedad, se han deslegitimado y no identifican a grupos de personas con ideologías claras. Aun así ganan elecciones.

Semana.com: ¿Estamos en una crisis de representación del sistema de partidos?

Javier Duque: En mis investigaciones y artículos no hablo de las crisis de los partidos. Ese enfoque fue tratado en el pasado, pero creo que los partidos políticos vienen con problemas desde hace años. Cuando la crisis se ha vuelto una situación permanente deja de ser crisis. No es que los partidos están en crisis, sino que su naturaleza despierta poca confianza y su capacidad de movilización es exclusivamente electoral. Porque a pesar de su naturaleza, poco democrática, movilizan millones de personas el día de las elecciones.



Politólogo Javier Duque Daza.


Semana.com: ¿Cómo es esa naturaleza?

J.D.: Lo primero es que son unos partidos electorales. Su primer objetivo es movilizar electores para ganar las elecciones. Las otras características que debe tener un partido, que es canalizar las reivindicaciones de la gente, representar, formar opinión, dirimir debates, resultan siendo secundarias o simplemente no existen. Eso se nota en las encuestas, cuando se consulta el conjunto de la sociedad. Pero si uno ve en esos estudios de opinión a las personas que están a favor, que se identifican con los partidos  y hace una regla de tres, esas son las personas que votan. Eso les permite a los partidos seguir existiendo.

En Colombia hay partidos electorales a los que uno les puede agregar calificativos. Por ejemplo, electorales-clientelistas, electorales- religiosos, electorales-de izquierda. Pero al fin de cuentas electorales.

Semana.com: ¿Qué pasa en una democracia cuando los partidos solo obedecen a ese objetivo que usted señala?

J.D.:
Cuando el objetivo de los partidos en una democracia cuando es meramente electoral, la democracia es de baja calidad, porque la ciudadanía tiene poca representación. Los partidos no se ocupan de la gente, ni de impulsar programas. Además de ese déficit, también hay un otro de movilización… cuando uno va a otros países advierte que los partidos, en democracias robustas, convocan, la gente participa, se reparten volantes para movilizar, pero aquí no.

Y un tercer déficit es la falta de opinión pública. Los partidos deben tener periódicos, generar debate, impulsar ideas… pero ese papel no lo cumplen. Por eso, su papel se ve atrapado por otras instituciones como la iglesia, las ONG, o movimientos sociales. Esa suma de varios déficits explica la baja calidad que ha registrado América Latina en los últimos años.

SEMANA: ¿Esos déficits alimental la aparición de caudillos como es el caso de Uribe?


J.D.: Eso hace parte de la naturaleza de los partidos. Los partidos pertenecen más a sus líderes que a sus estructuras. Por eso es que se habla del samperismo o del gavirismo más que del liberalismo. En la izquierda pesan más los liderazgos de Jorge Robledo, Clara López, o Luis Carlos Avellaneda que la estructura. Si se suma esta característica personalista, que es el tipo de liderazgo, los partidos terminan supeditados a una figura capaz de movilización. Por eso la pregunta, ¿Qué pasa si Uribe no está con ese segmento político llamado Centro Democrático?, es válida. ¿Qué pasa en Cambio Radical si no está Vargas Lleras? Ejemplo de lo que digo fue la ola verde, un liderazgo: Mockus.

Semana.com: ¿Qué significa eso para la democracia?


J.D.: Ese es el peor de los mundos para un sistema partidos: Falta de representación, liderazgo personalizado y estructuras débiles.

Latinobarómetro (una encuesta sobre cultura política) ha medido la confianza en los partidos desde hace varios años y siempre registra lo mismo: los partidos en Colombia carecen de credibilidad. Y los nuevos partidos surgen en ese contexto. La U, el Polo, incluso el MIRA que tiene un componente religioso muy fuerte (es una comunidad) son partidos con estructuras débiles pero con un excesivo protagonismo de sus líderes. Hay 16 partidos con representación en el Congreso. ¿Que los diferencia? Casi nada, ese es un resultado normal de esas características.

Semana.com: ¿La desconfianza en los partidos debilita la democracia?


J.D.:
Los partidos son clave para la democracia, dice la teoría, yo diría que los partidos en Colombia son clave para explicar la baja calidad de la democracia.

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