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| 5/1/2005 12:00:00 AM

Pasó raspando

Emcali se recupera, pero aún enfrenta muchos retos para asegurar su sostenibilidad en el tiempo.

Hace cinco años nadie daba un peso por el futuro de la empresa de servicios públicos de Cali, Emcali. En abril de 2000 la compañía no tenía plata ni para pagar la nómina y su situación era tan grave que la Superintendencia de Servicios Públicos tuvo que intervenirla antes de la bancarrota definitiva. Tras un largo proceso de reestructuración y ajuste, Emcali arrojó utilidades el año pasado por 104.000 millones de pesos. El nuevo rompecabezas de esta entidad comenzó a armarse el 8 de agosto de 2002, día en que el presidente Álvaro Uribe anunció que no la liquidaría y nombró como gerente interventor a Carlos Potes, un arquitecto de Tuluá. Con el popular eslogan de ?Todos ponen?, la primera en lanzarle un salvavidas multimillonario fue la Nación, que asumió deudas de la empresa por 250 millones de dólares. Los acreedores también pusieron lo suyo, concediéndole un favorable acuerdo de pago que le permite reservar 150.000 millones de pesos anuales para inversión, antes de pagar deudas. El sindicato puso su granito de arena bajándose sus generosas prebendas y los caleños se metieron la mano al bolsillo al comprometerse a aportar, durante 20 años, el 2 por ciento del valor de las facturas a un fondo de capitalización social. Dos años después se ven los resultados. Emcali prepagó deuda por 250.000 millones de pesos y disminuyó sus pasivos en 10 por ciento en 2004. Gracias a los dos años que estuvieron congelados sus pagos, su utilidad operacional aumentó 111 por ciento el año pasado y su utilidad neta, 122 por ciento. Incluso se dio el lujo de darle una mano al sistema de transporte masivo de la ciudad de Cali. ?Priorizamos algunas obras del Mio dentro de nuestro plan de inversiones?, dice Carlos Arturo Potes, el gerente interventor de la entidad. Estas obras se realizarán dentro de tres años y la inversión será cercana a los 80 millones de dólares. Pero aunque las cifras son alentadoras, queda mucho que hacer. Entre los retos que aún tiene Emcali está reducir el atraso tecnológico calculado en ocho años y detener el deterioro de sus redes. Son constantes las quejas por la suspensión del agua potable y el colapso del alcantarillado. Así mismo, por los cortes de energía y las fallas en las telecomunicaciones. Al cierre de esta edición, por ejemplo, los operarios del área de telecomunicaciones entraron en paro por falta de materiales para hacer reparaciones. Pero quizá su mayor desafío es no caer de nuevo en manos de las clientelas políticas que la llevaron a la ruina. Los críticos de lo que se está haciendo han alertado que esto podría estar sucediendo de nuevo. Aunque Potes asegura que la selección de personal se hace de forma rigurosa a través de una prestigiosa consultora externa, enfrenta varias investigaciones por nombramientos a dedo. En una de ellas, la Procuraduría Regional encontró que el gerente interventor contrató en repetidas ocasiones a su amigo Roberto Rodríguez como ?asesor para sacar a Emcali de la crisis?. Por sus servicios, Rodríguez cobraba ocho millones de pesos al mes, pero en enero y febrero de 2003 cobró lo mismo por trabajar una sola semana. Por esto el ente de control falló en su contra destituyéndolo. Esta decisión no se ha hecho efectiva pues Potes apeló y un procurador delegado estudia el caso. Por eso, más allá de los buenos resultados financieros, el fantasma de la corrupción debe desaparecer de los pasillos de Emcali antes de que los caleños puedan cantar victoria.
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