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| 1/4/2004 12:00:00 AM

Patalear, patalear y patalear

El presidente Alvaro Uribe perdió el 'round' del referendo ante el Consejo Nacional Electoral. Pero no se da por vencido.

El compositor Crescencio Salcedo no olvida el 'año viejo' porque le dejó "una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra". Pero el presidente Alvaro Uribe tal vez no recuerde así el año que acaba de terminar. El gobierno arrojó cifras positivas en lo económico y tuvo triunfos sin precedentes en la guerra contra la subversión, pero la política terminó siendo, paradójicamente, su principal dolor de cabeza. Uribe acabó aprendiendo a las malas dos duras lecciones. La primera, que por más popular que sea, también pierde en las urnas. Y la segunda, que el Congreso no es un apéndice del gobierno y tiene vuelo propio.

Es posible que estas enseñanzas lleven a que el país tenga un Uribe distinto en 2004. Pero es posible también que el Presidente se siga metiendo en batallas innecesarias que, a la postre, lo dejen frente a la opinión, como el Rey Midas pero al revés: un hombre al que todo lo que toca le termina saliendo mal.

Lo cierto es que la pelea en que el Presidente se ha metido, para revivir el referendo con la disminución del umbral, lo está desgastando más de la cuenta. Es cierto que existen razones jurídicas para que se reduzca el número de votos necesarios para que pasen algunos puntos. El censo electoral incluyó gente muerta y militares activos. Es extraño, por decir lo menos, que sus cédulas se cuenten dentro de las que pueden votar. Adicionalmente, más de 300.000 jóvenes en edad de sufragar se quedaron sin reclamar su documento para poder hacerlo. Este es un potencial de votantes nada despreciable para un referendo que se ahogó por menos de 2.000 votos. Por esto el Presidente se ha empeñado en que le reduzcan el umbral. Si esto ocurriera, más de 10 puntos del referendo podrían terminar siendo aprobados.

Sin embargo, en esta pelea el Presidente ha perdido hasta el momento todos los rounds. A su derrota en las urnas, sufrida tras un despliegue personal sin precedentes en los medios, se añadió que tanto la Registraduría como el Consejo Nacional Electoral se negaron a bajar el censo electoral. Quince días antes de finalizar el año el propio Uribe asistió a este organismo y trató de convencer a sus integrantes de que acogieran sus argumentos. Pero la cara del santo no hizo el milagro y siete de ocho magistrados apoyaron la ponencia negativa presentada por su colega Guillermo Mejía. El Consejo argumentó principalmente que el censo electoral no es una cifra exacta sino un número que se determina antes de cada elección para que existan reglas fijas. Y que, frente a la ley, la petición del Presidente era extemporánea. La respuesta de Uribe ante su nueva derrota resultó un tanto destemplada. "Este es un nuevo triunfo de la politiquería", dijo antes de anunciar que seguirá la batalla.

Hoy al Presidente le quedan dos opciones. Puede demandar ante el Consejo de Estado la resolución de la Registraduría que fijó el umbral antes de la votación del referendo. Ese camino sería un verdadero proceso judicial que podría demorarse un par de años en ser resuelto. Con el agravante de que aún si gana el Presidente, no es claro que la decisión afecte el resultado del referendo. Algunos juristas dicen que sí porque las sentencias judiciales deben tener un efecto útil. Pero otros dicen que no porque los fallos deben ser sólo hacia el futuro y no deben interferir con los resultados de votaciones pasadas.

La otra opción que tiene Uribe es interponer una acción de tutela. Esta iniciativa tiene al menos dos inconvenientes. Por una parte, resultaría paradójico que el gobierno que quiso acabar con este mecanismo a través de una reforma judicial presentada por el ministro Fernando Londoño, termine acudiendo a él para revivir el referendo. Y por otra, es difícil que un juez se le mida a fallar favorablemente cuando la tutela sólo puede interponerse si no existe otro mecanismo, que en este caso es la propia demanda ante el Consejo de Estado. Además, si Uribe se anima a poner la tutela, no sería el primero. El abogado Elí Abel Torrado presentó el 18 de noviembre una tutela contra la Registraduría pidiendo depurar el censo electoral. La perdió en primera instancia y ahora la decisión le corresponde al Consejo Superior de la Judicatura. Torrado sostiene que si se la vuelven a negar la Corte Constitucional debería pronunciarse al respecto.

Con las cosas así no es difícil prever que, si Uribe insiste en su lucha, de nuevo saldrá mal librado. Porque esta es una confrontación con fuertes consecuencias políticas. La principal tiene que ver con su imagen como Presidente y con la del propio país como democracia. Es difícil entender que un mandatario popularmente elegido quiera cambiar los efectos de unos resultados electorales adversos. Esto sólo se ha visto en países en los que el Ejecutivo quiere atornillarse al poder cuando se debilita. Dos ejemplos son Yugoslavia, cuando Slobodan Milosevic terminó perdiendo el poder, y más recientemente Georgia, donde Eduard Shevardnadze fue depuesto el pasado 23 de noviembre.

Varios congresistas, incluso colaboradores del Presidente, han coincidido en que el referendo es cosa del pasado. Por eso han criticado fuertemente la reacción de Uribe. Entre ellos están Germán Vargas Lleras, quien hizo campaña con el Presidente a favor del Sí y el representante Alonso Acosta. Los partidos también fijaron su posición. Para Camilo Sánchez, director del Partido Liberal, la solicitud de Uribe fue extemporánea. Y para el jefe del Partido Conservador, Carlos Holguín Sardi, la decisión "no hay que adjudicársela a la politiquería, sino a una discrepancia propia de las democracias".

Uribe, sin embargo, no es un hombre que se rinda fácilmente. Para él lo que está de por medio es el respeto de la Constitución aun a costa de su imagen. No obstante es posible que termine sin el pan y sin el queso. Porque si insiste y no logra que le modifiquen el umbral, habrá quedado derrotado en lo jurídico y en lo político. Y si gana y se termina ajustando el censo, habrá quedado bien en lo jurídico, pero ciertamente mal en lo político. Por eso hay quienes consideran que con todo lo ocurrido el año pasado Uribe debería asimilar las enseñanzas de 2003 y desistir definitivamente de esta pelea. Y que en 2004 debería dedicarse más a trabajar, trabajar y trabajar, y menos a patalear, patalear y patalear.
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