Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/04/13 00:00

PAZ EN BELLAVISTA

Después de largas negociaciones, los presos de la cárcel más violenta del país firmaron un acuerdo de convivencia.

PAZ EN BELLAVISTA

La cárcel de Bellavista, en Medellín, fue por muchos años el penal del terror. Sicarios a sueldo, terroristas y miembros de las tenebrosas bandas del crimen impusieron la ley del silencio. La situación llegó a tal punto que los guardianes y directivos del centro penitenciario sólo podían ingresar a los patios con la autorización de los caciques, los verdaderos 'dueños' del penal. Bellavista también se volvió famosa por las fugas espectaculares de temibles criminales. Una de las más recordadas ocurrió en diciembre de 1988, cuando Dan Denys Muñoz Mosquera, alias 'La Quica', uno de los hombres más cercanos a Pablo Escobar, se voló colgado de una cuerda que le lanzaron sus compinches desde un helicóptero. Igualmente Bellavista fue el 'quemadero' de directores. Por sus oficinas pasaron muchos en muy poco tiempo. Algunos terminaron metidos en líos judiciales y otros tuvieron que salir corriendo por temor a sus vidas.
Hoy las cosas son a otro precio. El actual director de la cárcel, el mayor retirado de la Policía Carlos Alberto Bolaños, se pasea por los patios y celdas sin ningún tipo de seguridad. Los grafitos que anunciaban las guerras internas fueron reemplazados por carteleras multicolores que hablan de la vida, de los sueños y de un mejor mañana. Cuando a finales del año pasado los centros penitenciarios del país permanecían en huelga y los presos amotinados exigiendo soluciones a los problemas de hacinamiento, en Bellavista se respiraba otro ambiente. Los 2.500 detenidos estaban dedicados a otros quehaceres. Ellos decidieron ponerle la cara a la paz.
Ese proceso de reconciliación empezó hace tres años. Lo iniciaron los propios presos. Uno de los hombres que contribuyó para que se lograra la pacificación de la cárcel más temible del país fue el presidente de la Oficina de Derechos Humanos en Antioquia, Jesús María Valle, quien el pasado 27 de febrero fue asesinado en su propia oficina. Valle trabajó al lado de los presos para buscar reformas jurídicas en su favor.
Los asesoraba en sus procesos judiciales e igualmente los orientó para que hicieran valer sus derechos dentro del presidio. "Cuando conocimos la muerte de Jesús María Valle pensamos que a nuestro proceso de paz le habían dado un golpe de muerte.", señaló a SEMANA Henry Holguín, representante de los presos de Bellavista. El asesinato de Valle tuvo repercusiones a nivel mundial. La semana pasada, tanto en Madrid como en Bruselas, un grupo de activistas protestó frente a las puertas de las embajadas de Colombia exigiendo que el crimen de este líder de los derechos humanos no quedara en la impunidad.
Los internos de Bellavista sabían que en el camino iban a encontrar muchos obstáculos. Pero también tenían en claro que para llevar adelante el proceso había que sacrificar muchas cosas, inclusive la propia vida. Así fue como a finales del año pasado hicieron público un comunicado en el que se comprometían a ponerle punto final a los enfrentamientos de las bandas en los barrios populosos de Medellín."En medio de la violencia que hay en este momento es difícil hacer una propuesta de paz. Pero es precisamente cuando hay que hacerla. Se tiene que salir del escepticismo y decir: sí se puede. Arrancar por la cárcel, por un barrio, por Medellín. Hay que empezar", señalaba el comunicado entregado por los internos de Bellavista.
Unas semanas después del anuncio comenzó a funcionar en el penal una oficina de Paz y Convivencia para facilitar los diálogos entre las diferentes bandas en conflicto. Adicionalmente dispusieron de un fondo especial con cuyos recursos han formulado y desarrollado proyectos encaminados a mejorar la convivencia no sólo en la cárcel sino en los barrios más afectados por los enfrentamiento. Mientras tanto en Bellavista se llevaba a cabo un proceso similar. "A las primeras reuniones llegaban todos armados hasta los dientes, pero todos con una pequeña esperanza de arreglar las cosas por las buenas", recordó Henry Holguín. En esas reuniones acordaron que no podían seguir existiendo 'repúblicas independientes' en manos de las bandas porque éstas estaban sembrando el terror en los barrios y el número de muertos era cada vez mayor.
Cuando la Iglesia conoció el trabajo que se estaba desarrollando en Bellavista decidió participar activamente a través de la Pastoral Social. A ese esfuerzo se sumó Paz y Convivencia de Antioquia con el fin de ampliar el marco de las estrategias que en ese momento discutían los internos.Así las cosas comenzaron a marchar. En los últimos 14 meses no se ha presentado ningún incidente que lamentar. Tampoco ha habido muertos ni heridos en riñas, cuando en las épocas aciagas cada semana eran asesinados un promedio de 14 reclusos.
El tema de la paz en Bellavista no se ha quedado sólo en palabras. Más de 2.000 internos trabajan en 10 factorías que se montaron en el penal. Allí se arman bicicletas, se construyen muebles metálicos, se fabrican chapas, cadenas de seguridad y llaveros. La semana pasada fue inaugurada la fábrica de confección de zapatos y se montó una lavandería, la cual presta servicio a varios hoteles de la ciudad. Nadie quiere dar su brazo a torcer en este proyecto de paz. Ese es el compromiso de una población cansada de violencia. Como dijo a SEMANA Henry Holguín, "nuestra batalla es por la vida. Queremos llegar a viejos, tener arrugas. Queremos una familia y queremos que la sociedad nos dé una nueva oportunidad en la vida" .

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