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| 9/15/2012 12:00:00 AM

Paz paradójica

Por primera vez la Gran Encuesta calibra la opinión sobre el proceso de paz con las Farc. Aunque la gran mayoría lo apoya, muchos son escépticos y no quieren perdón ni participación en política para la guerrilla.

Una gran mayoría de los colombianos quiere la paz, pero pocos parecen dispuestos a pagar el precio por conseguirla. Tal es el paradójico resultado que arroja la Gran Encuesta Colombia Opina sobre el estado de ánimo de la opinión pública frente al proceso de paz que se inicia entre el gobierno y las Farc, realizada por RCN Radio y Televisión, La FM y SEMANA. Un escollo significativo con el cual tendrá que lidiar el presidente Juan Manuel Santos para sacar adelante las negociaciones que arrancan en Oslo el próximo 8 de octubre.

Un 77 por ciento de los colombianos encuestados por Ipsos-Napoleón Franco en 13 ciudades aprueba el inicio de negociaciones de paz con las Farc. Este es un cambio notable en el estado de ánimo de una nación en la que, durante varios años, hablar de paz se consideraba, desde el gobierno, poco menos que complicidad con la guerrilla y solo el camino de la ofensiva militar se veía como legítimo. Esa amplia aprobación de las conversaciones con las Farc explica el impacto positivo que el anuncio ha tenido en la imagen del Presidente Santos y su gestión en general y le da al gobierno una cuota inicial indispensable para emprenderlas. Sin embargo, esa cuota inicial no llega sin matices y reservas.

El país está dividido en cuanto a las perspectivas -otro dato clave con el cual debe lidiar el gobierno hacia adelante-: mientras 54 por ciento piensa que los diálogos conducirán a un acuerdo final y a la desmovilización de la guerrilla, 41 por ciento es pesimista respecto a ello. Una división que es consistente con el fracaso de procesos de paz anteriores y con el extendido escepticismo que existe entre la gente frente a la verdadera disposición de las Farc de cerrar el capítulo del conflicto armado. El escepticismo en sí mismo no es negativo y puede ser reflejo de un saludable realismo entre la opinión. Una dosis abrumadora de optimismo inicial podría conducir a un desencanto abrupto a las primeras de cambio. Todo indica que el país ve con buenos ojos, pero con cautela, estas negociaciones.

¿Paz sin sapos?

El dato más interesante y el más complejo de la encuesta es que si bien los colombianos quieren la paz, no parecen dispuestos a asumir algunos de sus costos. Un 68 por ciento de los encuestados no acepta que se perdone a los guerrilleros por sus delitos si dejan las armas; 72 por ciento no quiere verlos participar en política en cargos de elección popular; 78 por ciento no está de acuerdo con que sus líderes no paguen cárcel y 80 por ciento se niega a que sean liberados los que están presos en el exterior, como Simón Trinidad, designado por las Farc como uno de sus negociadores. Una contundente mayoría de la opinión pública -igual o superior a la de quienes apoyan el proceso- no está de acuerdo con que se hagan estas concesiones en la mesa de negociaciones, aun al precio de que se rompan los diálogos.

Este es un factor al que deben prestar especial atención el gobierno y el Congreso. Y también las Farc. La ley estatutaria que debe regular el marco jurídico para la paz contempla la posibilidad de medidas especiales de justicia transicional frente a los crímenes cometidos en el conflicto armado. Ya se habla de cambios en la reforma política y el Código Electoral que incluirían oportunidades para la eventual participación en política de los guerrilleros desmovilizados. La discusión sobre el tratamiento de crímenes de lesa humanidad y en torno a la prohibición constitucional de que los condenados participen en cargos de elección popular se anuncian como unas de las más duras en el futuro próximo.

Uno de los vacíos más importantes del acuerdo firmado por las Farc y el gobierno es el tema de justicia, que no se menciona en el texto. Será decisivo el momento de presentación de proyectos de ley que se refieran al castigo por los crímenes cometidos en el conflicto y a la participación en política de los exguerrilleros. Sectores de la derecha coinciden con organizaciones de derechos humanos nacionales y foráneas en su drástica oposición a hacer concesiones en estos campos, como ya ocurrió cuando el expresidente Álvaro Uribe y José Miguel Vivanco, de la ONG Human Rights Watch, criticaron el Marco Jurídico para Paz durante su trámite en el Congreso. Si la opinión pública sigue tan ampliamente contraria a hacer concesiones, el margen de maniobra para ofrecer a las Farc una salida digna puede ser peligrosamente estrecho.

Por último, otra sorpresa de la encuesta es la imagen favorable de Timochenko: 9 por ciento. Aunque su desfavorabilidad es abrumadora, ese porcentaje es superior a la imagen favorable de 6 por ciento que tuvo Tirofijo al comienzo de los diálogos en el Caguán, en 1999.

Evidentemente, esta es apenas una fotografía de una opinión pública que, en el tema de la paz en Colombia, ha sido siempre muy cambiante. A medida que avance -o se atasque- el proceso, las convicciones de la gente pueden cambiar. Mucho dependerá de cómo se conduzcan las Farc y de qué gestos hagan en el camino de la negociación. Pero estos datos son una muestra elocuente de lo contradictoria que es la cuota inicial con la que cuenta el gobierno para empezar los primeros diálogos de paz en una década.
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