Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1997/11/24 00:00

PELEA DE PRIMOS

La candidatura de Juan Manuel Santos crea fricciones dentro de 'El Tiempo'.

PELEA DE PRIMOS

La semana pasada, mientras en los periódicos se hablaba de un mano a mano entre Horacio Serpa y Juan Manuel Santos, lo que pocos sabían es que por debajo de cuerda, dentro del periódico El Tiempo, había otro mano a mano: el de una rama de la familia Santos contra la otra. El origen de esa disputa familiar había sido el denominado 'complot' de Juan Manuel Santos. Como éste en su presentación inicial contenía como requisito la cabeza del Presidente, no era fácil que se sumara a esa causa el director del diario, Hernando Santos, quien ha sido uno de los principales soportes del gobierno durante la crisis política. La familia entera se encontraba en Nueva York con motivo del otorgamiento de los premios de periodismo María Moors Cabot a Hernando y Enrique Santos Castillo. Era por coincidencia la primera vez en años en que la totalidad de los miembros de las dos ramas de la familia se encontraban fuera del periódico. Fue en ese preciso momento cuando Horacio Serpa denunció la propuesta de Juan Manuel Santos como un complot. Su tío Hernando, anticipando tormenta a la vista, envió un correo electrónico nombrando como director encargado a Roberto Posada, D'Artagnan. Se trataba de poner en la portería a un arquero que compartiera sus mismas convicciones y su filosofía editorial. A las diez y media del día siguiente llegó un fax con un editorial titulado ¿Cuál conspiración? El escrito había sido elaborado a varias manos y la pluma principal era Ernesto Samper Nieto, uno de los asesores de Juan Manuel Santos. Cuando llegó D'Artagnan lo leyó e inmediatamente concluyó que iba en contra del pensamiento del director del periódico. Llamó a éste a Nueva York, pero dadas las celebraciones del día Hernando Santos no apareció. Ante eso D'Artagnan aceptó que el editorial fuera publicado. Como precaución le envió por fax una copia del mismo a Hernando Santos al Hotel St. Regis de Nueva York para que éste tuviera conocimiento. El director del diario regresó de todos los festejos a las seis y media de la tarde y se encontró el fax. Inmediatamente contactó a D'Artagnan y le ordenó retirar el escrito. Sin embargo, como la página estaba cerrada pero no impresa, alcanzó a aparecer en Internet.Al día siguiente se volvió a plantear el debate sobre qué hacer con el escrito. Entre las 7 y las 10 de la mañana, asistentes de la dirección y otros funcionarios discutieron la posibilidad de volverlo a meter. Cuando llegó D'Artagnan, hizo uso de su condición de director encargado y vetó la publicación. Al día siguiente Hernando Santos llamó a D'Artagnan y le pidió que escribiera un editorial defendiendo al gobierno sobre el tema. Este se negó alegando que en esa pelea no se metía. En ese momento Hernando Santos lo dictó desde Nueva York y apareció con el nombre Una posición sobre la paz. Se pensó entonces que a pesar de todas las fricciones el conflicto había sido superado. Estaban equivocados. No habían transcurrido dos días cuando apareció el semanario Portafolio, de esa misma casa, con un editorial titulado El verdadero complot. En la introducción se aclaraba en forma precisa que "el contenido de este escrito refleja la opinión personal del director de Portafolio", es decir, Mauricio Rodríguez, cuñado de Juan Manuel Santos. El contenido del escrito era una defensa frontal a Santos y una arremetida contra el gobierno en relación con la propuesta de paz. Aparecían frases como "qué falta de grandeza de espíritu y qué ausencia de generosidad de corazón, la del gobierno y la de algunos dirigentes que le cierran el paso a una buena idea" o "por fortuna, para el país en el peor de los casos, a este gobierno le quedaban apenas 42 semanas de complot contra el bienestar de los colombianos". Tan pronto lo leyó, Hernando Santos se indignó. El editorial le dejaba la impresión de que las ideas que no pudieron aparecer en El Tiempo acabaron saliendo en Portafolio. Esto llevó a Hernando Santos a hacer una aclaración en 'Notas del Día' desautorizando al autor del editorial. "El comentario de Portafolio, esta semana, escrito por su director, es simplemente una opinión de carácter personal, pero, reiteramos, no interpreta ni expresa la opinión política del periódico, por lo cual no tiene el respaldo de la dirección de El Tiempo". Pocas horas después se produjo la renuncia de Mauricio Rodríguez. Mauricio, además de ser cuñado de Juan Manuel y director de Portafolio, es la mano derecha de Luis Fernando Santos en su calidad de vicepresidente de medios. Su renuncia no es simplemente la de un periodista sino la del segundo hombre en importancia en la reciente etapa de expansión de la Casa Editorial El Tiempo y un hombre apreciado por todos. En realidad el editorial que había escrito había sido por iniciativa propia sin ningún acuerdo previo con Juan Manuel Santos. Como había aclarado que se trataba de su posición personal no le parecía justo ser objeto de una rectificación pública. Al cierre de esta edición los pronósticos eran que Mauricio Rodríguez se quedaría en el periódico. Lo que él había hecho no era dramático y probablemente no ameritaba una aclaración en 'Cosas del Día'. Esta aclaración tampoco era dramática y probablemente no ameritaba una renuncia. Rodríguez quería sentar una posición de principios, pero ni él quiere irse del periódico ni los Santos quieren que él se vaya. Independientemente de las diferencias editoriales las relaciones personales entre Mauricio y Hernando Santos son inmejorables. Sin embargo, aunque no rueden cabezas, el supuesto 'complot' de Santos sacó a flote una realidad ineludible: que es muy difícil conciliar los intereses periodísticos con los políticos en el interior de una misma familia. El protagonista de un evento pocas veces está de acuerdo con el periodista que lo cubre. Este desacuerdo es sano y es parte del juego democrático, pero es difícil de llevar a la práctica si los protagonistas son hermanos o primos hermanos. En la época del presidente Eduardo Santos el editorial de El Tiempo era la voz del gobierno. En esa época esto fue posible porque no había televisión, ni semanarios, ni Internet, ni tantos miembros de la familia. Hoy en día la gente está mejor informaba y la sociedad es más exigente. Lo que es seguro es que ninguno de los Santos exagera cuando afirman que nada sería más grave para el periódico que un miembro de la familia en la Casa de Nariño.

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