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| 1/4/2004 12:00:00 AM

Peligro inminente

La posible incineración de 160 toneladas de pesticidas en Nobsa tiene en vilo a los habitantes de Boyacá.

A los habitantes de Nobsa parece que los persiguiera una maldición. Durante décadas tuvieron que soportar las partículas que emanaban de las chimeneas de la planta de Cementos Boyacá. Ahora se enfrentan a la incineración en esa misma planta de 160 canecas de metil parathion y toxoprofesno abandonados desde hace seis años en una bodega de la Federación de Algodoneros en El Copey, Cesar

Como era de esperarse, en Boyacá cunde la alarma. La sola mención del nombre parathion le eriza la piel a los mayores de 40 años, quienes recuerdan que el 25 de noviembre de 1967 murieron 63 personas y más de 500 se intoxicaron al consumir en Chiquinquirá pan hecho con unos sacos de harina en los que accidentalmente se había regado un frasco de parathion.

Y aunque las entidades comprometidas en el transporte y procesamiento de los tóxicos aseguran que todo está bajo el más estricto control, autoridades del departamento y expertos en el manejo de residuos tóxicos temen que los cielos de Boyacá se conviertan en un nuevo Bhopal.

Gracias a la acción decidida de diversos estamentos de la comunidad boyacense y activistas ambientales se aplazó el experimento piloto que consistía en eliminar 16 toneladas de metil parathion y 1,5 toneladas de toxapheno el 13 y el 19 de diciembre. Ahora está previsto que esta operación se lleve a cabo a finales de enero luego de una reunión prevista para el 15 de este mes. Las restantes 143 toneladas de plaguicidas se almacenarían en una bodega del Instituto Nacional de Vías ubicada cerca de Tunja. Según manifiestan las entidades coordinadoras (los ministerios del Ambiente y Salud y la Procuraduría Delegada para Asuntos Ambientales y Agrarios, que han contado con el apoyo de Corpoboyacá, Corpocesar, y la Agencia Alemana de Cooperación Internacional, entre otras) este depósito cumple con las especificaciones técnicas y que está alejado de la comunidad. Aseguran también que el material estará debidamente reempacado y custodiado por un período aproximado de dos meses mientras se eliminan en el horno a 2.000 grados centígrados, "lo que permite el 99,9 por ciento de la incineración del methil parathion y el 99,99 por ciento del toxopheno. Una vez finalice la combustión se obtendrá CO2 y vapor de agua y no hay cenizas", explica José Montoya, director de Desarrollo Territorial Sostenible, a quien el Ministerio del Ambiente delegó para deshacerse de los venenos.

Los boyacenses no están para nada convencidos de las bondades de este ejercicio de reingeniería. Ya se han escuchado las voces de rechazo de la Alcaldía de Tunja, la Defensoría del Pueblo, la Personería, el alcalde electo y las comunidades de los barrios vecinos a la bodega de Invías. Pablo Guío Téllez, alcalde saliente de Tunja, manifestó que esta bodega está en una zona donde predomina la vivienda y amenazada por inundaciones.

A ellos se suman expertos en el manejo de pesticidas. Un alto directivo de una multinacional productora de agroquímicos que solicitó mantenerse en reserva advirtió que: "17 toneladas es demasiado para una prueba porque cinco miligramos pueden matar a una persona. Son tan tóxicos que han sido utilizados en otros países como armas químicas".

Otra experta, la doctora en ecología Liliam Gómez, opina: "Un órgano-fosforado como el metil parathion no se puede incinerar, es necesario desnaturalizarlo por fotocatálisis. Estos plaguicidas sólo pueden ser tratados en Alemania, Francia o Australia. Que la empresa productora de ellos se ocupe, pero el pueblo colombiano no puede pagar las irresponsabilidades por el manejo de estos depósitos".
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