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| 8/7/1989 12:00:00 AM

Pena de muerte

El ELN no sólo vuela oleoductos. Ahora decide que tiene autoridad para condenar a muerte.

Por si algún elemento hacía falta para que la semana pasada se convirtiera en una de las más negras vividas por este país en los últimos cinco años, el ELN no desperdició la oportunidad para decirle a un país, asustado y amenazado, que en virtud de su poder, sentenciaba a muerte a un ciudadano noruego nacionalizado en Colombia y a quien mantiene secuestrado desde hace varios meses.
"La paz blanca, introducción al etnocidio", libro escrito por el antropólogo francés Robert Jaulin en 1968, sobre indígenas motilones-barí y tunebos, junto con informes de prensa y varios testimonios de colonos y campesinos constituyeron las pruebas sobre las cuales el ELN le montó a Bruce Olson un supuesto consejo de guerra, después de haberlo secuestrado el 24 de octubre de 1988.
Nueve meses después, el 6 de julio pasado, la Unión Camilista ELN, envió a los medíos de comunicación un boletín de tres páginas en el que concluyen "que el señor Bruce Olson ha incurrido deliberada e irresponsablemente en delitos muy graves al desarrollar una actividad explotadora y colonizadora, diezmando una tercera parte de su población durante los años de 1963 a 1970. Por la veracidad de los cargos formulados lo consideramos culpable de un crimen de lesa humanidad contra los grupos motilones de Colombia, y en consecuencia lo condenamos a la pena de muerte".
¿Y QUIEN ES BRUCE OLSON?
En el mes pasado un extenso artículo publicado en El Tiempo por la periodista María Cristina Caballero, daba cuenta de la vida, obra y desgracia de este noruego criado en Minnesota (Estados Unidos), que llegó a Colombia en 1961 y que se nacionalizó en 1971. Aún cuando la periodista no viajó a la región donde Olson ha trabajado por casi 30 años, todos los datos de su artículo los obtuvo a través de indígenas que se desplazaron hasta Bogotá para contar la triste historia de quien consideran su protector, y para pedir que no lo fueran a matar. "Además -dice la periodista- para escribir ese artículo, hice como 100 llamadas telefónicas para verificar la información que estaba recibiendo".
A partir de ese momento el país, se enteró de la existencia de Bruce Olson, nombre conocido sólo por los estudiantes de antropología y por los indígenas de Santander, Boyacá y Arauca. Y en casi todas las facultades de antropología "La paz blanca" del francés Jaulin es obligatorio. En este libro se acusa a Olson de haber llegado a Colombia como funcionario de la Colpet (filial de la Shell) y de haber explotado y evangelizado a los indígenas. Antropólogos entrevistados por SEMANA coincidieron en afirmar que Jaulin pertenece a la escuela antigua de antroplogía, según la cual, los indígenas deben permanecer en su estado natural, conservando su lengua, religión y creencias, y que nadie, bajo circunstancia alguna, puede llegar a perturbarlos.
La perturbación de que habla el ELN y a la cual le achaca la muerte de la tercera parte de la población de los motilones no ha sido hasta el momento confirmada por ningún indígena, ni por ninguna de sus asociaciones, menos aún por informes de prensa. Badi Bobarishara, uno de los motilones que vino a Bogotá, le dijo, con voz entrecortada, a la periodista de El Tiempo que "Olson siempre es bueno con nosotros. Todo lo que dicen los guerrilleros es falso, porque Olson nunca nos ha maltratado, nunca ha sido así". SEMANA pudo establecer que la OITOC (Organización de Tunebos del Oriente Colombiano), grupo indígena que pertenece a la ONIC (Organización Nacional de Indígenas Colombianos) se ha quejado de que Olson no los ha tenido en cuenta para ayudarlos económicamente y que sólo les da dinero a quienes lo siguen. Esta podría ser la única acusación conocida por la opinión pública. Sin embargo, antropólogos como Mauricio Puerta, dedicados a trabajar con indígenas sostienen que esto es demasiado, ya que se supone que los dineros que ellos reciben de fundaciones internacionales no alcanzan para repartirlos entre todos los miembros de un grupo y además afirma que él personalmente conoce a Olson y lo define como una de las personas más dedicadas al trabajo con comunidades indígenas. "Que tunebos y motilones hayan hecho el esfuerzo de venirse hasta Bogotá para defender a Olson es de por sí una prueba contundente de que este hombre es honesto, conociendo a los indígenas como yo los conozco", dice Mauricio Puerta.
Al enterarse de la condena a muerte, contra Bruce Olson muchos indígenas se enfermaron y otros entraron en huelga de hambre. Pero esto parece no importarle mucho al grupo guerrillero que dice en su comunicado que la responsabilidad por el exterminio de los indígerias no solamente le corresponde a Olson sino también a la Shell, al Instituto Lingüístico de Verano, al Ejército colombiano, al sacerdote Rafael García Herreros, a la Misión Laura y a la Dirección de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno.
Si el cura Manuel Pérez lleva a cabo la ejecución, ésta se convertirá en una evidencia más -si aún hacía falta alguna- de que el mesianismo fundamentalista de ese grupo les ha hecho creer a sus dirigentes que tienen la facultad, otorgada quién sabe por quién, de decidir, como los grupos paramilitares, quién debe vivir y quién no en este país. Y si en ese orden de ideas, el ELN considera cristiana y revolucionaria la muerte de aquel a quien arbitrariamente califica de enemigo del pueblo, la suerte de Bruce Olson está echada.
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