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| 5/14/2014 12:00:00 AM

La campaña de Peñalosa pierde velocidad

La adhesión del petrismo a Santos exhibe la fragilidad del candidato de la Alianza Verde. Análisis de Semana.com.

El fervor por la candidatura presidencial de Enrique Peñalosa se ha ido apagando al punto de que en las últimas horas un segmento significativo de la Alianza Verde se deslizó hacia la campaña de Juan Manuel Santos. Se trata del Movimiento Progresistas, liderado por el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien para sorpresa del electorado firmó un acuerdo con el Partido Liberal, integrante de la coalición oficial, con la excusa de defender el proceso de paz.

“Hay que tomar decisiones claras y definitivas por los que están por el Estado Social de Derecho y la paz en Colombia o por los que quieren perpetuar la guerra”, explica Guillermo Alfonso Jaramillo, exsecretario de Gobierno de Bogotá y hombre de confianza de Petro. Y es que acaso, ¿Peñalosa no está a favor de esto? “Seguramente, responde Jaramillo, pero la polarización a la que ha llegado la campaña muestra que en competencia sólo hay dos candidatos, Santos y Zuluaga, y los demás son adornos”.

El insólito acercamiento entre Petro y Santos se suma a la decisión del exalcalde Antanas Mockus, uno de los impulsores de la ola verde de hace cuatro años y rival del actual mandatario en esas elecciones, de tomar distancia de Peñalosa y decidirse por el presidente: “Santos lo ha hecho mejor seguramente de lo que lo habría hecho yo”, “Peñalosa sería un excelente jefe de Estado, pero todavía no es su momento. Lo más trascendental y urgente es solucionar el conflicto armado y no hay otra persona en el país como Santos para definir la guerra o la paz”.

Al margen de estos inesperados saltos con garrocha de Mockus y Petro, el desdibujamiento de la campaña de Peñalosa es general. Lo confirman, por ejemplo, las encuestas. En general todas coincidían en señalar que habría segunda vuelta –con un cupo fijo para Santos– y que Peñalosa era el otro opcionado ante la falta de entusiasmo que generaba Zuluaga. Hace unas semanas incluso hubo una en la que Peñalosa le ganaba la Presidencia a Santos y se decía que Uribe le quitaba su apoyo a su designado porque no provocaba ningún entusiasmo.

El repunte de Zuluaga

Pasaron los días y el candidato del Centro Democrático, sin embargo, empezó a repuntar de manera sostenida. Y saltó a la primera opción. Según el resultado del Centro Nacional de Consultoría difundido esta semana por el noticiero CM&, Zuluaga obtendría en primera vuelta el 24 % de los sufragios, mientras que Santos, se quedaría con el 22 %. Ambos casi doblan a Peñalosa, que apenas alcanzaría 13 %.

Así quedaban atrás los días de optimismo en los que Peñalosa se mostraba confiado por los más de dos millones de votos obtenidos en la consulta verde que lo proyectaban como un fijo para segunda vuelta.
 
Pero ¿qué pasó? El analista Héctor Riveros considera que históricamente en Colombia las animadversiones personales han pesado más sobre la propia ideología y los proyectos políticos. “Hay gente en la Alianza Verde que prefiere dejar solo a Peñalosa porque no les cae simpático, e irse a buscar otro paraguas en medio del chaparrón”. Es el caso de Mockus y Petro, que nunca se pasaron a Peñalosa y ahora lo abandonan.
 
Sea como sea, lo cierto es que en estas horas de intensa trifulca entre Santos y Zuluaga, Peñalosa desaprovechó la oportunidad para abrirse espacio entra la ciudadanía y mostrarse como una opción que ofreciera un país distinto a la gresca. No lo hizo y decidió casi hacerse a un lado tímidamente. Claro que no es fácil entrar en el jaleo de ahora, pero en la publicidad su voz no tiene el tono, y el mensaje tampoco es el adecuado para las circunstancias. O al menos, no caló.

"Sí pedaleamos"
Al interior de la Alianza Verde creen lo contrario: que sí lo hicieron, que sí están trabajando, que el candidato ha recorrido el país a lo largo y a lo ancho llevándole a la gente sus propuestas y que, nosotros, los medios de comunicación, lo invisibilizamos por estar cubriendo la pelea entre Zuluaga y Santos.
 
Y sobre el proceso de paz muestran un hecho fáctico que para ellos no tuvo el suficiente despliegue: Peñalosa es el único candidato que dijo continuaría la negociación con las FARC en La Habana, y que, por si fuera poco, ratificaría íntegro al equipo negociador del Gobierno porque son personas que le merecen toda la confianza. Eso pasó inadvertido.
 
En una análisis de SEMANA, en su edición impresa, tras el apabullante resultado de Peñalosa en la consulta verde decía que si alguien ha sido derrotado una vez tras otra en los últimos años había sido él, pero que por cuenta del resultado de esa consulta, “se perfila como el candidato que más posibilidades tiene de convertirse en un contrapeso al presidente Santos”.
 
“Las derrotas del exalcalde habrían acabado con la carrera política de cualquier persona. Fue candidato al Senado en el 2006 y no alcanzó el umbral. Se lanzó a la Alcaldía en el 2007 y fue derrotado por Samuel Moreno. Luego se lanzó a la consulta interna del Partido Verde del 2010 para la Presidencia de la República y perdió frente a Antanas Mockus. Y en el 2011, se volvió a lanzar para la Alcaldía de Bogotá y fue derrotado por Gustavo Petro. Teniendo en cuenta que es considerado por muchos el mejor alcalde que ha tenido Bogotá, la doble derrota fue considerada una humillación, y teniendo en cuenta sus contrincantes, su entierro político. Lo mejor que se dijo en ese momento fue que era un gran administrador pero un pésimo político; y lo peor, que nunca iba a poder volver a ganar una elección porque su mayor enemigo era él mismo”.
 
¿Se cumplió, otra vez, esta sentencia? ¿Pecó de ingenuo al insistir en mostrarse solo con su bicicleta mientras las campañas de Santos y Zuluaga se armaban de verdaderos ejércitos de estrategas políticos para librar esta batalla?
 
Algunos creen que Peñalosa es tan auténtico que no va a cambiar y que espera que el electorado llegue hastiado de tanta confrontación y se decida por él para construir un país nuevo. Es posible. Aunque también es probable que su luz de aquí a diez días se apague y, como dicen ahora los petristas, el 25 de mayo apenas sea un adorno en el tarjetón.
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