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| 1/30/2016 12:00:00 AM

La ilusión de Bogotá

El año arrancó cargado de expectativas sobre el cambio de la ciudad.

Siempre que el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, habla en público sobre la ciudad, repite apasionadamente los argumentos con que elaboró el plan de gobierno de su primera administración y ha repetido en cientos de foros de urbanismo en Colombia y en el mundo: defender el espacio público; promover el uso de la bicicleta; priorizar a los peatones y el transporte masivo sobre el carro; y embellecer el entorno urbano.

Con estos mismos elementos como punto de partida, el alcalde dio inicio al panel sobre Bogotá del Foro Colombia 2016 y dio a conocer los lineamientos que guiarán el cuatrienio 2016-2019. Entre ellos, construir tres súpertroncales, definir la primera línea de metro elevado y poner en marcha la recuperación del río Bogotá.

No se necesita ser un gran conocedor de la ciudad para saber que estos propósitos de Peñalosa son más que ambiciosos. Al fin y al cabo, de 400 kilómetros de troncales de TransMilenio que deberían estar funcionando hoy en día, solo 112,9 han sido construidos; la idea del metro bogotano ha estado en el papel desde hace más de 50 años, y el río Bogotá es uno de los más contaminados del mundo.

Pero el alcalde insiste en que es posible dejar andando la mayoría de los proyectos mencionados y eso sería posible gracias a la organización de un equipo de gerencias, en el que asesores de altísimo nivel, que fueron funcionarios estrella de su primera administración, se encargarán de diferentes proyectos. Así, por ejemplo, Andrés Escobar, quien estuvo al frente de Metrovivienda en la primera alcaldía, gerenciará el proyecto del metro, e Ignacio de Guzmán, el primer gerente de TransMilenio, estará al frente de Ciudad Río, uno de los proyectos de habitabilidad y renovación urbana que Peñalosa busca sacar adelante, que tiene al río Bogotá como eje.

Si bien Peñalosa es un convencido de que el problema de los trancones no se resuelve con más vías, esta vez sorprendió con el anuncio de que va a construir tres grandes troncales para la ciudad: la primera es la prolongación de la Caracas hasta Usme; la segunda es la de la carrera Séptima, en la que, según él, los ciudadanos de mayores ingresos tendrán que decidir si pasan horas en sus vehículos o se movilizan más rápido en TransMilenio y, la tercera, es la anhelada Avenida Longitudinal de Occidente (ALO), que evitará que cerca de 30.000 camiones entren y salgan diariamente de la ciudad. También en materia de movilidad, el alcalde se comprometió a llenar la ciudad de ciclorrutas y a recuperar los andenes para los peatones, cosa que empezó a hacer el lunes de la semana pasada cuando –con un operativo especial– dejó la avenida Chile o calle 72 sin un solo vendedor ambulante.

Frente al metro, si bien el alcalde no mostró cifras de inversión, subrayó que será elevado y que al final de su mandato estará andando la primera línea que arrancará en Mosquera, se extenderá por la calle 26 hasta la Caracas y de allí hacia el norte. El tema del metro es uno de los más polémicos, porque si bien la mayoría de los bogotanos es partidaria de hacerlo, los recursos con que cuenta la administración para sacar adelante la primera línea son limitados. Más aún si se considera que –si se convierte en dólares– el cheque simbólico que le entregó el año pasado la Nación al Distrito por 6,5 billones de pesos, hoy en día vale un 30 por ciento menos.

Como no se trata exclusivamente de gestión de tráfico, sino de construcción de infraestructura, el tema de movilidad representa la mayor inversión. Y en este tema el concejal independiente Juan Carlos Flórez, también panelista, concentró su intervención. “Alcalde, priorice”, le insistió a Peñalosa mientras argumentó que completar las troncales de TransMilenio que hacen falta a la ciudad y recuperar financieramente el sistema, hacer la primera línea de metro, y financiar el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) requiere de una cantidad de recursos tan grande, que implicaría hacer sacrificios en otras áreas de la administración. Según Flórez, el transporte público en Bogotá tiene un problema financiero muy grave que tiene que ver con los costos no previstos de la chatarrización, los acuerdos de pago del Distrito a los operadores de SITP que no están recaudando lo esperado, y el esquema de subsidios a la tarifa de TransMilenio que promovió el alcalde Petro. “¿De dónde se sacará la plata para todo lo que propone?”, preguntó el concejal mientras adelantaba que la aprobación del presupuesto distrital en el Concejo podría ser un camino menos fácil de lo que se cree.

Peñalosa también expuso como prioridad lograr la expansión ordenada de la ciudad. Para ello, anunció que trabajará con el gobierno nacional en construir el complejo habitacional de Ciudad Paz, que habilitaría suelo urbanizable en la frontera con Mosquera, Soacha y el norte de la ciudad. En Ciudad Paz se construirían 80.000 viviendas que equivalen al  40 por ciento del déficit habitacional de Bogotá.

A diferencia de las administraciones anteriores, el alcalde Peñalosa propende por la expansión de la ciudad. Además de un eventual conflicto con ambientalistas que defienden la existencia de humedales en la frontera urbana, hablar seriamente de la expansión implica el enorme retraso absoluto que hay hoy en día en la infraestructura que conecte la ciudad con la región. Este aspecto también tiene que ver con las razones que han hecho que en los últimos diez años de Bogotá hayan salido corriendo 10.000 empresas. Por una parte, porque los cambios permanentes de norma urbana, particularmente durante la administración de Petro, generaron niveles altísimos de incertidumbre sobre los usos del suelo. Por otra, porque la creación de áreas francas en el área de influencia de la capital ha hecho que para los empresarios sea más eficiente instalarse en los municipios cercanos.

De ahí que uno de los retos más importantes de la administración de Peñalosa sea darle vida a un POT que permita ordenar la ciudad y hacerla más productiva. Este reto es un clamor de empresarios y comerciantes que en el panel estuvieron representados por Mónica de Greiff, presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá, y Luis Guillermo Plata, cabeza de ProBogotá. “A la estabilidad en las normas, pedimos que le sume la defensa del espacio público”, insistió De Greiff a tiempo que evidenció cómo el aumento de vendedores ambulantes va en detrimento del comercio formal y –por tanto– de la generación de empleo. Si bien el Instituto para la Economía Solidaria, Ipes, dice que en Bogotá hay 48.000 vendedores ambulantes, fuentes no oficiales calculan que hay 120.000.

Pero la defensa del espacio público sin el compromiso ciudadano es incompleta. Por eso, Plata insistió en la necesidad de adelantar campañas de civismo, como ‘Bogotá: te doy mi palabra’, que viene adelantando ProBogotá desde noviembre.

En el debate sobre el futuro de la capital quedó claro que, en el corto plazo, Peñalosa tiene un reto con tres patas: asumir los rezagos con que recibe la ciudad en materia de infraestructura; entender las demandas ciudadanas que constituyen la agenda urbana después de tres gobiernos autodenominados de izquierda y, sobre todo, contrarrestar desde la gestión el pesimismo que hoy tiene el 70 por ciento los bogotanos. Para lograrlo necesita trabajar de la mano con el Concejo, el sector privado y, por supuesto, la ciudadanía.

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