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| 12/23/2016 12:00:00 AM

El legado de Pepe Sánchez

El reconocido director y actor, fallecido esta semana a los 82 años, cambió el rumbo de la televisión colombiana. ¿Cómo lo hizo?

Cuando Fernando Gómez Agudelo, presidente de RTI, le propuso a Pepe Sánchez hacer un programa sobre un personaje colombiano de origen popular, a mediados de 1981, la televisión colombiana era muy diferente. La mayoría de las novelas y seriados se grababan con dos o tres cámaras fijas dentro de los estudios de las programadoras y los actores, que venían de la herencia de las radionovelas, estaban acostumbrados a actuar con una voz que sonaba impostada y grandilocuente.

Por eso Sánchez aceptó el reto con una condición: que le permitieran grabar en la calle y con una sola cámara en movimiento. Su sueño era llevar a la televisión lo que había aprendido en el cine –especialmente en el llamado neorrealismo italiano– y cambiar el método colombiano, que ya para entonces lucía acartonado.

Con el aval de Gómez Agudelo se sentó a escribir los libretos y creó a Don Chinche, un maestro de obra que se ganaba la vida en un barrio bogotano. El experimento fue un éxito: el programa cautivó a la audiencia y durante siete años (entre 1982 y 1989) sentó frente al televisor a millones de colombianos.

Gracias a eso la industria cambió. Los directores se arriesgaron a romper los esquemas, grabar en exteriores se convirtió en la regla general y más comedias costumbristas con ese mismo estilo comenzaron a aparecer en la programación. Por eso cuando se supo que el director, libretista y actor había muerto durante la madrugada de este jueves a los 82 años de edad, muchos en el mundo audiovisual no dudaron en afirmar que se había ido uno de los hombres más importantes para la historia de la televisión colombiana.

Lo cierto es que Pepe –su verdadero nombre es Luis Guillermo, pero se ganó el apodo desde pequeño gracias a uno de sus hermanos– sí estuvo detrás de muchos de los éxitos que marcaron a varias generaciones de colombianos. Además de Don Chinche, dirigió producciones como Café con aroma de mujer, Romeo y buseta, Guajira, La madre o El man es Germán, y actuó en otras como Las Juanas o Hasta que la plata nos separe. Hasta hace diez años, de hecho, su rostro era uno de los más reconocidos de la televisión.

Su carrera en los medios empezó en 1954 de forma casual. Estaba estudiando derecho en la Universidad Externado de Colombia y su hermana, que trabajaba en la emisora HJCK, le pidió reemplazar por un día a un locutor que no pudo llegar a su turno. Lo hizo y Álvaro Castaño Castillo, quien dirigía la emisora, quedó impresionado con su talento. De ahí pasó a la televisión, a donde llegó a transmitir eventos (como ferias ganaderas). En solo un par de años escaló posiciones y terminó en el elenco de Yo y tú, la comedia más importante de los primeros años de la televisión en el país, dirigida por Alicia del Carpio.

Pero su pasión era el séptimo arte y por ese camino terminó en Chile, donde hizo un curso de cine experimental en 1964. Allí conoció a Miguel Littín, uno de los directores más importantes del cine latinoamericano en la década del sesenta, se convirtió en su asistente y participó en la filmación de películas clásicas como El chacal de Nahueltoro. De esa experiencia aprendió mucho de lo que aplicó cuatro años más tarde, cuando volvió a Colombia.

Antes de Don Chinche ya había dirigido una telenovela llamada El vendaval y había perfeccionado su actuación en El circo, un lugar para café concerts y espectáculos que compró junto con Carlos el ‘Gordo’ Benjumea y en el que conoció a Jennifer Steffens, uno de los amores de su vida.

Cuando Gómez Agudelo lo llamó para proponerle la idea, en la industria ya reconocían sus libretos por usar un lenguaje coloquial y por contar situaciones que le ocurrían a la gente común. “Mi secreto es poner en escena la cotidianidad”, le dijo en 1986 a SEMANA, cuando esta revista lo buscó para hacer un artículo sobre su éxito en la televisión.

Consuelo Luzardo, quien actuó con él en varias producciones, recuerda que “fue el primero en tocar el drama social y contar historias de la gente menos favorecida, pero lo hizo con una sensibilidad especial. Con su inteligencia y los ojos maravillosos con los que miraba al mundo, le dio a las historias y personajes un tono muy especial que enamoró a la gente e hizo más comprensibles las situaciones”.

Con ella está de acuerdo Héctor Ulloa, quien personificó al famoso maestro de obra Don Chinche: “Nos dejaba improvisar y trabajar el personaje, pero luego intercambiaba ideas con nosotros. Armábamos todo en conjunto. Hacía las cosas en función del resultado final, para que la gente se sintiera identificada”.

Aplicó la misma fórmula en Romeo y buseta, e incluso en Café con aroma de mujer, la superproducción que escribió Fernando Gaitán y que él llevó a ser la más exitosa de la televisión hasta la llegada de Betty la fea. Margarita Rosa de Francisco, a quien dirigió en esa telenovela, incluso dice que su carrera fue otra después de haber trabajado con Pepe Sánchez.

Y aunque siguió teniendo papeles y dirigiendo hasta hace una década, las cosas comenzaron a cambiar con el paso del tiempo. Magdalena Sánchez, su hija, cuenta que nunca vivió estrecheces financieras, pero que como todos los que de alguna forma viven del arte “tuvo altas y bajas dependiendo de qué tanto trabajo saliera”. En alguna ocasión, sin embargo, se quejó en una entrevista con Kien y Ke por las deudas que le estaba dejando un periodo de vacas flacas y dijo que la televisión colombiana estaba viviendo una crisis de creatividad porque a los directores y productores “se les gastaron las fórmulas”.

Sin embargo, afirmó que estaba pensando en entrar al mundo de las series web y hasta hace un mes –cuando su enfermedad empezó a afectarlo de verdad– seguía trabajando en proyectos independientes con varios de sus amigos.

En los últimos años dedicó sus mayores esfuerzos a impulsar la Ley Pepe Sánchez, un proyecto con el que la asociación de directores busca que se les garantice a directores y libretistas el pago de regalías por la exhibición de las obras en las que trabajaron. “Estuvimos muy cerca en este último tiempo. Él estaba muy comprometido con la ley. Íbamos al Congreso de la República y él defendía el proyecto. Hace diez días incluso teníamos una cita allá, pero como estaba muy enfermo, decidimos que grabara un video con un mensaje para los senadores. Creo que lo vamos a pasar en marzo”, cuenta el director de cine Mario Mitrotti, otro de los activistas de la iniciativa.

El proyecto de ley va por buen camino. La Cámara de Representantes lo aprobó y el Senado lo estudiará el año entrante. Le restan dos debates y varios de los senadores ya manifestaron que votarán positivamente para honrar la memoria de Pepe. Sería su último legado para la nueva generación de directores, que le debe mucho. Nada más y nada menos que trazar el camino de la televisión que ven hoy los colombianos.

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