Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Perder es cuestión de método

El resultado de la encuesta nacional de demografía y salud muestra que el país perdió el impulso que llevaba en temas clave de salud sexual y reproductiva.

La edad promedio de inicio de las relaciones sexuales sigue bajando en las mujeres. La encuesta encontró que entre las de 25 a 49 años fue de 18,4, un año menos que lo hallado en 2000. En las adolescentes el promedio es de 14.

En el año 2000 se encendieron las alarmas: la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de ese año puso por primera vez en evidencia el aumento de los embarazos entre las adolescentes, al encontrar que el 19 por ciento de las niñas entre 15 y 19 años había dado a luz un hijo o estaba embarazada al momento de la encuesta. Lo asombroso es que aunque el tema se ventiló ampliamente en los medios de comunicación y el Ministerio de Protección Social propuso una política nacional de salud sexual y reproductiva para corregir ese índice, cinco años después una nueva encuesta, presentada el lunes de la semana pasada, reveló que la situación sigue empeorando. Hoy 21 por ciento de las adolescentes entre 15 y 19 años ya han sido madres o estaban embarazadas o lo han estado alguna vez. Como si lo anterior fuera poco, dicha encuesta, que realiza Profamilia cada quinquenio para hacer un diagnóstico del país en temas de población y salud sexual y reproductiva, mostró otros indicadores negativos. Disminuyó el uso de anticonceptivos por primera vez desde 1967; aumentaron en forma considerable los embarazos no deseados; se evidenció que existe todavía un alto desconocimiento en el tema del VIH/sida y de las infecciones de transmisión sexual; se incrementó la violencia intrafamiliar, y, a pesar de los esfuerzos, aún dos de cada cinco niños entre 12 y 23 meses no han recibido las dosis completas de todas las vacunas. Los resultados anteriores dan la percepción de que el impulso que el país llevaba en estos temas se perdió. "Hubo un estancamiento en materia de salud sexual y reproductiva", afirma Gabriel Ojeda, gerente de evaluación e investigación de Profamilia y director de la encuesta. En un intento por explicar qué pasó durante estos años perdidos, los expertos han barajado algunas hipótesis. Para algunos, la salud pública desapareció del radar del país, pues con la Ley 100, ésta quedó en manos de todos y de nadie, lo que hace difícil señalar un único responsable. En consecuencia, se bajó la guardia en las campañas de prevención y educación. Para otros, el fracaso radica en que muchas de estas problemáticas resultaron ser más complejas de lo que se creía y por lo tanto requieren de un esfuerzo mayor, incluso tal vez de un abordaje intersectorial. Madres precoces Precisamente la falta de una política integral es lo que podría explicar el aumento de las madres adolescentes. Contrario a lo que muchos creen, sólo el 15 por ciento de las jóvenes reporta el embarazo como no deseado. La gran mayoría, 42 por ciento de ellas, querían ser madres, lo cual hace pensar que las acciones tienen que ir más allá de simplemente ofrecer charlas sobre uso de métodos anticonceptivos. Según los expertos consultados, el tema de las adolescentes está íntimamente ligado a la pobreza, a la falta de educación y de oportunidades. El embarazo en estas circunstancias es para ellas una manera de tener un proyecto de vida y de escapar de los problemas de su hogar, ya sean éstos de índole económica o de violencia intrafamiliar. "Por eso para muchas de ellas saber que están embarazadas no es la catástrofe", dice Cristina Villarreal, directora de Oriéntame, una fundación sin ánimo de lucro que asesora a la población de adolescentes en materia de sexualidad. Por el contrario, en muchos casos, se percibe como un ejemplo a seguir o como una situación con la cual ellas ganan puntos ante los demás. "Sólo después, al año de haber nacido el niño, se dan cuenta del lío en el que se metieron", dice Isabel Ortiz, de la fundación Mujer y Futuro. Es cuando se presentan los problemas de maltrato hacia sus pequeños y se perpetúa el círculo vicioso de pobreza del que muy pocas veces pueden librarse. El embarazo precoz las pone en mayor riesgo de deserción escolar, la baja educación les limita el acceso a mejores oportunidades laborales, y con ello a salarios más altos. La problemática de las adolescentes se relaciona también con la violencia común, como queda claro en el galardonado documental La Sierra, que relata la vida en el interior de las comunas de Medellín. En el momento de morir, el protagonista de la historia, un líder de escasos 19 años, deja cinco hijos. Dos de ellos estaban aún por nacer. Eran de diferentes madres, niñas de entre 15 y 17 años. Como se trata de una población muy vulnerable, consciente de que pueden morir en cualquier momento, "buscan a toda costa vivir todas estas experiencias y dejar una huella, una semilla", dice Magda Ruiz, experta en el tema de salud sexual y reproductiva y coordinadora del área de demografía y estudios de población de la Universidad Externado. Lo importante en este tema es explorar las causas de la problemática y, sobre todo, "entender el porqué del embarazo deseado", dice Ruiz. Según Lenis Urquijo, director general de salud pública del Ministerio de Protección Social, se están desarrollando programas piloto con una estrategia llamada 'Habilidades para la Vida' en la que se involucran temas como educación en valores, fortalecimiento de la autoestima y de la capacidad de resiliencia, es decir, la flexibilidad de cada individuo para tolerar la frustración. Dicha intervención busca que los jóvenes tomen decisiones asertivas. Aunque se ha aplicado en varios municipios, sólo se tiene información de éxito en Bello, Antioquia, y en Bogotá, en cuyos casos se ha mostrado no sólo una disminución del embarazo en adolescentes, sino de otros indicadores como el consumo de sustancias sicoactivas, cigarrillo, alcohol y conducta violenta. Pero aún falta ampliarlos a otras ciudades del país. "No hay todavía mucha claridad sobre cómo hacerlo", dice el funcionario. Lo único cierto es que debe ser una estrategia diferente y en la que se integren diferentes sectores, además del de salud. Contra el método El estancamiento en el uso de métodos anticonceptivos también es inquietante. Desde 1969, año en que se hizo la primera medición, siempre se encontraba un incremento en el uso de estos métodos, tanto en las solteras con vida sexual activa como en las casadas. La encuesta de 2005 encontró que de cada 100 mujeres casadas o unidas, 78 usan métodos de planificación modernos, lo cual representa un crecimiento de apenas un punto porcentual frente a lo registrado en 2000. Peor aun, el uso de estos métodos entre solteras activas sexualmente disminuyó de 84 a 81 en los últimos cinco años. Este retroceso se debe en gran parte a una falla en la información y el suministro de los métodos anticonceptivos, una responsabilidad que recae en el sistema nacional de salud, concretamente en las EPS y ARS. Las mujeres los conocen bien y los usan, pero la encuesta encontró que sólo una tercera parte de las que planifican con métodos temporales recibe orientación sobre sus efectos secundarios y qué hacer si se descontinúa su uso. "Cómo escogen el método, si no tienen esa información", se pregunta María Isabel Plata, directora de Profamilia La falta de información lleva a que muchas de ellas refuercen mitos errados que las llevan a descontinuar el uso de dichos tratamientos. La encuesta encontró que dos de cada cinco mujeres que inician la planificación con un método, dejan de utilizarlo antes de terminar el año. Esto las conduce a adoptar un patrón de planificación en el que van alternando algunos de ellos con el uso del preservativo. Y aunque algunas los saben manejar en forma juiciosa, otras sólo consiguen aumentar el riesgo de embarazos no deseados con dichas interrupciones. Un ejemplo de lo anterior es la píldora. Según la encuesta, el 47 por ciento dejó de tomarla antes de terminar el año. "Al no haber orientación, creen que las pastillas engordan, que dan cáncer o que producen dolor de cabeza", dice Ruiz. Este método sólo debe fallar en 1 por ciento de los casos. En Colombia, sin embargo, fracasa en 7 por ciento debido a su mal uso. Algo similar sucede con los anticonceptivos inyectables, cuyo porcentaje de abandono es de 54 por ciento y su tasa de falla es de 5 por ciento, más alta que la normal. Llama la atención que el uso del condón es casi nulo, lo cual deja ver que el peso de la planificación familiar corre por cuenta de las mujeres. Otro asunto que resulta inexplicable es que si el 70 por ciento de la población está afiliada al sistema de seguridad social del país, una de las fuentes más importantes de suministro de los anticonceptivos continúe siendo el sector privado: las droguerías y farmacias con el 29 por ciento, y Profamilia con el 19 por ciento. Aunque hubo un aumento de 5 puntos porcentuales en relación con 2000, sólo el 8 por ciento de estos productos es suministrado por EPS y ARS. "El asegurador evidentemente no está cumpliendo con su función", dice José Fernando Cardona, ex secretario de Salud de Bogotá. Lo anterior explica de alguna manera la alta cifra de embarazos no deseados, que en la encuesta aumentó al 54 por ciento. De estos, el 27 por ciento lo consideró inoportuno, es decir, lo planeaba para más adelante, pero el 27 por ciento restante realmente no lo quería. Si todos los embarazos no deseados se hubiesen podido evitar, la tasa total de fecundidad en Colombia sería de 1,7 y no de 2,4 por ciento. Para los expertos, es necesario que los programas de educación sobre métodos anticonceptivos ofrezcan la información completa. Insisten, además, en que la planificación familiar no se les debe dejar a los médicos, pues son los menos entrenados para hacerlo. "La experiencia ha demostrado que es necesario entrenar a otros profesionales como sicólogos y trabajadoras sociales", dice Plata. El otro punto crucial es eliminar las barreras que existen para que la gente tenga acceso a los programas de educación y prevención y para el suministro de los métodos de anticoncepción. En otras palabras, que la salud vaya a la gente, sobre todo a los más pobres y vulnerables, y no lo contrario. Pobres madres La educación tiene una influencia directa en todos los indicadores de salud sexual y reproductiva. Esta variable determina hechos como la edad al momento de iniciar las relaciones sexuales hasta el tamaño de su familia. A su vez, el acceso a la educación está ligado al nivel económico. El 46 por ciento de las mujeres que pertenecen a los grupos socioeconómicos altos accede a educación superior, mientras que sólo 1,7 por ciento de las que pertenecen a los grupos más bajos logra llegar a ese nivel. La encuesta de 2005 deja ver la preocupante iniquidad que existe entre las mujeres con y sin educación, pues en la medida en que ellas son más pobres, se empeora su panorama. Las mujeres sin educación, por ejemplo, inician su vida sexual en promedio a los 15,8 años, mientras que quienes han tenido acceso a educación superior sólo lo hacen a los 20. Las mujeres sin educación y con bajo índice de riqueza tienen alrededor de cuatro hijos, mientras que las de estratos y niveles de educación altos tienen apenas 1,4, en promedio. El nivel bajo de educación de la madre aumenta tres veces más la mortalidad infantil que en madres con estudios superiores. La educación también incide en el tema de las jóvenes embarazadas. La mayoría de los casos, más del 30 por ciento, se presenta en niñas de los estratos más bajos. Las adolescentes son además quienes presentan índices más altos de violencia sexual, y entre ellas, la situación es más grave si tienen niveles más bajos de educación y menor índice de riqueza. "Queda claro que lo peor que le puede pasar a un colombiano es ser pobre, adolescente y sin educación", señala Plata. La encuesta también da cuenta de que algunos esfuerzos no han sido en vano, en especial aquellos que tienen que ver con la tasa de fecundidad y la mortalidad infantil, las cuales descendieron, así como el analfabetismo. La brecha entre campo y ciudad continúa cerrándose (ver recuadro). Pero el gran aporte del estudio es que permite ver la realidad del país para reflexionar sobre si las políticas se están desarrollando en la dirección debida. Con esta encuesta, la de nutrición que presentó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar hace un par de semanas y el censo que está en curso, el país contará, como nunca antes, con información crucial para tener una radiografía completa de su situación en diferentes niveles. De esta manera, se podrán trazar lineamientos que mejoren la situación de los colombianos. Será una motivación suficiente para ponerse manos a la obra y evitar que un retroceso como el que se evidenció en este quinquenio se vuelva a presentar.

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