Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/03/12 00:00

Las sombras del parque Ukumarí

El parque temático, el nuevo orgullo de los pereiranos, se abre paso en medio de denuncias por presunta corrupción y politiquería. Aún hay tiempo de corregir los errores.

El bioparque busca llevar a un nivel superior el tradicional zoológico Matecaña, uno de los sitios preferidos de los pereiranos.

Si algo enorgullece a los pereiranos, más que el emblemático viaducto que une a esa ciudad con Dosquebradas, es el zoológico Matecaña. Prueba de ello es que su clase dirigente se puso muy rápido de acuerdo, hace un par de años, en la idea de trasladarlo de su histórica sede anexa al aeropuerto a una nueva en las afueras de la ciudad.

Todo pasó pronto del papel a la realidad. Tanto, que hace seis meses el bioparque Ukumarí, de 45 hectáreas, abrió sus puertas a pesar de que aún no estaba listo, para mostrar cómo un zoológico puede también ser el más ambicioso parque del país. En ese trabajo ya se han invertido 110.000 millones de pesos de los 215.000 millones que cuesta y, aunque solo está en un 40 por ciento de las obras, ya lo visitaron 57.000 turistas. Sin embargo, este proyecto ya carga un inri muy propio de casi todas las grandes obras del país: está rodeado de denuncias de supuestas irregularidades, corrupción, sobrecostos y politiquería.

Lo que más sospechas generó es que el parque abrió sus puertas el 30 de septiembre de 2015, en plena campaña electoral, pese a que solo estaba lista una de las siete biorregiones temáticas con animales (África, Euroasia, Oceanía, Andina, Llanos Orientales, Costa Atlántica y Amazonia). Solo está lista la Andina, y la africana entrará a operar a mitad de año. Hoy, incluso, 380 animales de los 500 que tenía el zoológico siguen en Matecaña, predio por el que ahora hay que pagar arriendo.

La prisa por abrirlo, según el concejal del Polo Democrático Carlos Crosthwaite, se explicaría porque se habría “convertido en la caja menor para financiar la campaña de uno de los candidatos a la Alcaldía de Pereira que al final perdió: Israel Londoño”. Este aspiraba a heredar el poder del saliente alcalde, Enrique Vásquez, y los dos son, según el concejal, aliados del senador de La U Carlos Soto, el político más influyente y poderoso en ese departamento. Se investiga si muchos de los contratos para sacar adelante la operación de Ukumarí buscaban, en el fondo, impulsar esa campaña política.

Un dato que podría ser anecdótico, pero se ha prestado para especulaciones, es que en abril de 2015 Sandra Soto Mejía, hija del senador, fue designada directora administrativa y financiera del parque, con un sueldo de 5.800.000 pesos. En su defensa, Carlos Soto argumentó que no pueden descalificarla solo por ser hija suya ni por estar embarazada cuando firmó su contrato. Meses después “ella renunció con la dignidad y el profesionalismo que debe ser”, dijo el congresista, tras aclarar que si bien apoyó la campaña de Londoño, “no creo que haya salido ningún recurso para financiar una candidatura. Toda la contratación del parque se llevó a cabo por la junta directiva de Infipereira”.

Las coincidencias políticas no son los únicos fantasmas que rodean un proyecto cuya importancia nadie duda. SEMANA revisó la contratación y encontró detalles curiosos. Por ejemplo, solo en 2015, año de elecciones, el Instituto de Fomento y Promoción del Desarrollo Económico y Social de Pereira (Infipereira), que administra la construcción y operación de Ukumarí, firmó 137 contratos por 19.493 millones de pesos, de los cuales 27 fueron solo para publicidad y mercadeo, por valor de 1.741 millones de pesos.

Otras de las críticas es que a pesar de que ese parque ya tenía un equipo propio, firmó un contrato por 2.304 millones de pesos con el Parque del Café para que administrara a Ukumarí entre septiembre y diciembre. Muchos coinciden en que no tenía sentido gastarse todo ese dinero en un parque que no está terminado ni tiene el flujo de visitantes esperado.

Lo que ha causado más polémica entre los pereiranos es que en Ukumarí se construyeron dos réplicas de baobabs, árboles africanos de 30 metros de altura, que costaron 2.300 millones de pesos, aunque al verlos no se entiende en dónde está esa plata. Sumado a ello, la anterior alcaldía contrató la alimentación de los animales del zoológico por cerca de 90 millones de pesos mensuales. Pero a la nueva gerencia, que arrancó este año, esa misma comida le cuesta solo 37 millones de pesos.

Frente a estos cuestionamientos, el exgerente de Infipereira Javier Monsalve dijo a esta revista que se sentía tranquilo con lo contratado y con la apertura apresurada del parque pues “estaba previsto que se hiciera en esa fecha, y era más práctico abrirlo y generar unos pocos ingresos, que tenerlo cerrado causando gastos”. Explicó que el contrato de operación con el Parque del Café se justifica porque suplió necesidades de promoción comercial y servicio al cliente.

Pese a esto hay inquietudes, tanto, que Monsalve en una carta explicó que no firmó los informes contables y financieros porque “me surgen dudas sobre el criterio con el que se hicieron”.

En cuanto a los polémicos árboles, Monsalve aseguró que el costo se justifica pues los hicieron “artistas extranjeros y serán el emblema y símbolo del parque”. Y explicó la diferencia en el costo en la comida de los animales argumentando que cambiaron de proveedor y por sanidad “se restringieron las donaciones de carne”.

Esos cuestionamientos en torno a la forma como los pereiranos se gastaron la plata para construir el anhelado parque, también competen a todos los colombianos, ya que el gobierno a través del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo le invirtió 51.692 millones de pesos a Ukumarí.

Cuando esta revista consultó sobre esas denuncias ante la viceministra de Turismo, Sandra Howard, la funcionaria se mostró sorprendida porque no tenía conocimiento del problema. No obstante, aseguró que “se ordenó de forma inmediata un informe al interventor para que verifique y certifique la ejecución de obras”.

Justamente de ahí surge otra duda, ya que para ese ministerio, basado en informes de supervisión del municipio de Pereira, el proyecto “reporta a la fecha un avance físico del 72 por ciento y un avance financiero del 71 por ciento”, algo absurdo si se sabe que faltan cinco biorregiones y solo han trasladado el 30 por ciento de los animales.

Para sacar adelante el parque, la nueva Alcaldía redujo en un 40 por ciento el presupuesto de funcionamiento, que era de 9.600 millones de pesos. “Con esa meta de gastos solo necesitamos que al año ingresen al parque 180.000 visitantes y no 280.000 como estaba previsto”, aseguró Sandra Correa, la nueva gerente que es administradora ambiental y cree en el proyecto.

El parque Ukumarí será una realidad, pero algunos creen que con el tiempo se descubrirá que la obra emblema y orgullo de los pereiranos se convirtió durante su construcción en un parque de diversiones, pero de los corruptos que hicieron fiestas con la plata de todos los colombianos.

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