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| 2/22/2012 12:00:00 AM

Personero: el oficio de vivir entre el riesgo y la zozobra

Cerca de cien personeros en todo el país viven bajo la continua angustia de las amenazas. Muchos de ellos renuncian, mientras otros persisten a pesar de los atentados y de las intimidaciones. Semana.com habló con tres de ellos, que relataron el duro oficio que cumplen día a día.

La imagen de una funcionaria viajando en un autobús rodeada por cuatro guardaespaldas que la protegen es el símbolo de inseguridad y de precariedad con el que conviven decenas de personeros en todo el país.
 
La red de personeros de Colombia está conformada por 1.102 Personerías, cuyos titulares son al menos en el 10% víctimas de intimidaciones, de atentados y de asesinatos. “Las amenazas en su mayoría provienen de las bandas criminales y de grupos guerrilleros. En las zonas donde hay conflicto armado los personeros están expuestos a amenazas por parte de ambos grupos”, aseguran desde la Federación Nacional de Personeros (Fenalper).
 
A pocos días de que los nuevos personeros asuman sus cargos en todo el país, Semana.com habló con tres de ellos: uno que terminó su periodo, otro que fue reelegido y uno más que asume el cargo por primera vez. Por razones de seguridad no se revelan sus nombres, ni sus municipios, condición previa para que se atrevieran a contar sus particulares y valientes historias.
 
“Los violentos le dicen a uno cómo debe hablar, en qué tono y con qué palabras”

“En el sur del país existen antecedentes históricos de violación de derechos humanos, verificados y, además, verificables. Hay muchísimas historias que no son conocidas y que ni siquiera los programas de Justicia y Paz han podido revelar.
 
Se trata de zonas a las que el Estado jamás ha llegado, entendiéndose esto en términos de salud, educación y ayuda humanitaria, regiones que siguen siendo controladas por las FARC y por desmovilizados que han reincidido en prácticas criminales.
 
En este escenario las Personerías debemos defender los derechos humanos y, evidentemente, nos encontramos con serios inconvenientes. Porque hablar de esto es hablar de que el Estado debe defender a los ciudadanos de los paramilitares, de las guerrillas, etc. Entonces la persona que va y dice eso pues se encuentra con mucha resistencia, de todos los grupos y desde el primer día la función del personero se ve coartada por esos grupos.
 
Ellos le dicen a uno cómo debe hablar, en qué tono y con qué palabras. Y si uno se sale de esas condiciones, viene el primer toque de atención. Le dicen que cómo se le ocurre hablar duro, o decirles a los medios de comunicación que las víctimas deben ser escuchadas y que se deben aclarar las muertes que están ocurriendo y a las que nadie les ‘para bolas’.
 
Pero uno no puede quedarse callado y entonces empiezan las amenazas. Esa es una situación que pone a pensar a cualquiera. Este periodo que finaliza, somos muy pocos los que terminamos nuestro cargo, y menos los que nos reelegimos, porque la mayoría han recibido presiones muy serias.
 
El problema es que cumplir en esa región con nuestras funciones es muy complicado porque además el discurso subversivo ha calado mucho entre la gente debido al abandono del Estado. Además, aquí todos cometen desmanes: la fuerza pública, los paramilitares, la guerrilla. Entonces imagínese cómo hace uno si tiene que atacar a los malos y a los supuestos buenos también. Aquí no sabes con quién estás hablando, qué gente pertenece a qué grupo ni sabes a oídos de quién va a llegar lo que se dice.
 
Yo ando en bus con mis cuatro escoltas porque el ministerio (del Interior) no ha podido darme un vehículo que pueda transportarme, pero el problema es que la guerrilla empezó su ‘Plan Pistola’, que consiste en dar dos millones de pesos al que mate a un policía, pero debe llevar su revólver.
 
Entonces el problema es qué pasa si voy en el bus y uno de los sicarios empieza a disparar para matar al policía. Si matan al policía, pues la gente dice: Bueno, estaba cumpliendo con su labor y esas cosas pasan; si me matan a mí, pues dirán eso le pasa por meterse donde no la habían llamado, pero ¿si matan a un civil que iba en el bus sentado cerca a nosotros?”
 
“Dicen que no hay grupos paramilitares, pero uno ve que siguen matando gente”

“Mi título dice abogada pero yo me siento más socióloga que cualquier otra cosa. Siempre he estado trabajando por los derechos humanos, pero desde cuando llegué a la Personería fue cuando me amenazaron en serio.
 
Pasó que yo empecé a hablar en los medios de comunicación, pidiendo que se debía respetar la vida, que se tenía que dejar de matar. Entonces me dijeron que no podía hacer esos comentarios, que era una personera molesta. Meses después me avisaron que me iban a matar y pasados unos días un sicario llegó hasta la puerta de mi casa, me salvé porque la gente me conoce y lograron protegerme.
 
Mi municipio vive de la ganadería, del comercio y del campo, que estuvo muy marcado por el paramilitarismo y uno de los jefes más importantes tenía su campamento aquí. Sin embargo, y después de la desmovilización, se dice que no hay grupos paramilitares pero uno ve que siguen matando gente, en cuatro años se cometieron 24 asesinatos que quedaron en la impunidad, incluidos tres familiares míos. Entonces, ¿quién los mata?
 
Y ese es el problema: la impunidad. Los asesinatos y los crímenes se van identificando como algo común y normal, y en ese error caen tanto las autoridades como la población civil. En ese sentido es muy importante que los trabajos y las denuncias que se hagan se realicen en equipo porque en la medida en que se hagan de manera individual somos muy débiles.
 
Ahora cuando mi periodo termina me van a retirar mi esquema de seguridad, cuando eso suceda tendré que irme del municipio”.
 
“A mis hermanos los secuestró el ELN y a mí me declararon objetivo militar las autodefensas”

“Cuando era pequeña, la guerrilla se tomo nuestra casa, allí nosotros les dábamos alimentos a la Policía. La destruyeron completamente y desde entonces nos fuimos, desplazados. Mis hermanos fueron secuestrados por el ELN y a mí me declararon como objetivo militar grupos de las autodefensas.
 
Yo siempre he vivido en medio del conflicto. No es que esté acostumbrada, pero siempre he vivido con la violencia. Aquí la guerrilla entró hace más o menos 20 años y la gente convivía con ellos. Pero la violencia dura llegó hace diez años, cuando entraron las Autodefensas. Fueron unos 200 hombres y mataron en la plaza a un señor que pensaron que era un comandante de las FARC, después dijeron que se habían equivocado, que no era guerrillero.
 
Esta es la primera vez que ocupo el cargo de personero y tengo mucha preocupación principalmente por la difícil tarea de la Ley de Víctimas. Es una iniciativa que a pesar de tener muchas cosas buenas no nos garantiza nada, ¿cómo puedo garantizarles yo a las víctimas que no se repetirán los hechos?
 
Si hacemos un análisis, resulta que todos los habitantes somos víctimas, no hay una sola familia que no haya perdido un familiar o que no le haya tocado salir a la plaza pública y ver cómo matan a un amigo. Todos conocen a alguien que haya sido damnificado por las extorsiones, las amenazas o los secuestros".
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