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| 10/30/2004 12:00:00 AM

Pesca milagrosa

Conmoción en Cartagenapor la suerte de los tres miembros de la sociedad detenidos con 23,5 kilos de cocaína

Uno de los grandes dilemas en la lucha contra el narcotráfico es el de determinar el grado de culpabilidad de una persona a la que se le encuentra droga. En las zonas costeras, por ejemplo, se ha vuelto frecuente que muchos pescadores 'atrapen' empaques que flotan en el mar y que han sido arrojados por los narcos ante una inminente captura. Lo explica el vicealmirante Guillermo Enrique Barrera Hurtado, comandante de la Fuerza Naval del Caribe: "Sabemos de muchos delincuentes que ante la presencia de nuestros hombres arrojan la droga al mar con la intención de desaparecer las evidencias".

Hay casos de pescadores que informan de inmediato a la Armada cuando 'pescan' droga, y en otros ellos mismos, previo aviso por radioteléfono o celular, llevan los paquetes para que los incauten. Pero, ¿qué pasa cuando antes de entregarla son detenidos? ¿Cómo puede determinarse si la droga iba camino para una ayuda voluntaria o si por el contrario ésta es objeto de una interceptación oportuna de un delito?

El caso más reciente y que tiene conmocionada a La Heroica es el de la detención de tres prestantes miembros de la sociedad cartagenera a quienes se les incautaron 23,5 kilos de cocaína que en el mercado pueden valer más de 1.000 millones de pesos. El hecho ha generado dos bandos polarizados. De una parte, todos los que los conocen y que no tienen la menor duda de que son inocentes. Consideran que ellos forman parte de ese grupo de personas que inesperada e inocentemente se encuentran coca en el mar tirada por los narcos, como ellos mismos lo argumentan. Las autoridades, por su parte, consideran que la historia no es tan inocente como la presentan los acusados. Argumentan su punto de vista en el hecho de que hay suficientes indicios para pensar que la droga no estaba en sus manos por accidente.

La historia se remonta el sábado 11 de septiembre. Ese día a las 5:30 de la tarde unidades de Guardacostas de la Armada retuvieron la embarcación Blue Marlin con tres personas a bordo: Jorge Alfonso Segrera de la Espriella, de 50 años de edad; Gustavo Lemaitre Noero, de 46 años, y Felipe Frieri Martínez, de 36. Personas conocidas en todos los círculos sociales no sólo por sus apellidos de la más pura aristocracia, sino porque se trata de destacados profesionales en los campos de la arquitectura y la odontología. Además, Frieri es esposo de María Fernanda Villamarín, una de las mujeres más queridas de la ciudad ya que representó al departamento de Bolívar en el Reinado Nacional de Belleza de 1995.

La Blue Marlin es una confortable embarcación de 10 metros de eslora con dos motores fuera de borda, cada uno con 115 caballos de fuerza, avaluada en 350 millones de pesos. Alcanza velocidades de 30 nudos (millas por hora). Cada milla náutica equivale a 1.860 metros. Precisamente en esa embarcación iban los 23,5 kilos de coca.

Las tres personas detenidas aceptan que ellos llevaban la droga. Sin embargo, aclaran que en su condición de personas de bien la iban a entregar a la Armada pues la habían encontrado en el mar justo cuando participaban en un campeonato de pesca deportiva de la cual son aficionados. Una persona que los conoce ratifica la versión de que ese día se encontraban en el mar en una competencia organizada por el club de pesca. Según publicó el diario El Universal, el abogado Rodrigo Vargas Vargas dijo que los tres pescadores habían salido de Cartagena a las 6 de la mañana. A 25 millas de la costa encontraron "flotando una envoltura que tenía algas a su alrededor y con un olor putrefacto. Dicho paquete estaba próximo a una boya. Por tratarse de personas correctas y ampliamente conocidas en la ciudad, los tres acordaron devolverse a Cartagena y entregar a la Armada el paquete encontrado".

Según su versión iban en esa dirección cuando fueron detenidos. Para ellos, por eso no hay duda de que se trata de una tremenda injusticia que además sienta un precedente nefasto porque así los ciudadanos van a pensarlo dos veces cuando se trate de colaborar con las autoridades.

La percepción de los hechos por parte de estas autoridades es bastante diferente. El almirante Barrera cuenta que la embarcación fue interceptada porque desde el primer momento despertó sospechas a través del seguimiento de las naves que se hace con radar. Lo normal es que cuando regresan a la ciudad las embarcaciones se acerquen buscando la costa para ingresar por Bocachica, la entrada que hay entre Tierrabomba y Barú, tal como lo hacen los paseantes que vienen de las islas del Rosario. La Blue Marlin entró en línea recta a alta velocidad, como lo registraron los radares de la Armada. Ingresó por la entrada de Bocagrande, lo que según el almirante no es usual porque tiene un grado de dificultad mayor ya que las embarcaciones pueden sufrir si chocan contra la antiquísima escollera.

El oficial a cargo del radar alertó a una patrulla para que verificara qué sucedía. Los interceptaron a 400 metros del faro de Punta Castillogrande, según figura en las bitácoras de la Armada. Después de verificar la documentación hicieron la requisa. "Fue un hecho más porque cada año requisamos 3.000 lanchas", dice un oficial de la Armada. Según los marinos, en este caso los detenidos guardaron silencio. La requisa continuó en la popa, la cabina y no había nada irregular. Sin embargo, pidieron que abrieran una bodega que llevaban en la proa. Allí adentró estaba la droga, bajo un compartimento.

Los marinos llamaron de inmediato a la Policía Antinarcóticos, a la Procuraduría y a la Fiscalía. Entre el material puesto a disposición de la Fiscalía están los teléfonos celulares que los detenidos llevaban a bordo y cuyo historial es analizado para averiguar si en efecto, como lo dijeron a través de su abogado, intentaron llamar a las autoridades. Los teléfonos celulares tienen señal hasta 10 millas mar adentro de la costa y todos los cartageneros saben el número de la Armada, que es publicado a diario en las páginas de El Universal en caso de que tengan que reportar una anomalía. Una de las normas que deben cumplir los navegantes en el mar es salir con un radio de comunicación. En este caso, sin embargo, ellos argumentaron que lo llevaban dañado, por lo que no pudieron alertar a otras embarcaciones. La fiscal encargada del caso por lo pronto ya les dictó a los tres involucrados medida de aseguramiento sin beneficio de excarcelación. Y sigue analizando las pruebas para saber si son culpables de narcotráfico.

El caso es muy complicado y gira exclusivamente alrededor de la explicación de un solo hecho: fue o no mencionada la posesión de la cocaína antes de que fuera descubierta por la Armada. Los tripulantes del barco afirman que cuando fueron abordados inmediatamente informaron de la presencia de la droga. Por su parte, en los informes de la Armada se lee que los marinos cuando abordaron hablaron con los tripulantes sin que éstos mencionaran el tema. Afirman que no fue sino hasta el momento en que la cocaína fue descubierta cuando les dijeron que la llevaban para entregarla. Es la palabra de unos contra otros y ninguna de las dos partes piensa rectificar su versión.
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