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| 2013/10/04 12:00

Cómo es pescar en San Andrés después de La Haya

por Claudia Camejo/ Semana



A las 4 y 30 de la mañana comienza el día Fabián Rojas, un pescador de 60 años y nativo de San Andrés. Sale de su casa con nylon, carnada y anzuelos, lo espera una lancha pequeña de motor de 4 tiempos en la que entra al mar abierto. La mayoría de estos navegantes como él tiene esta rutina seis días a la semana desde hace más de 40 años. Pescar, lavar, preparar y vender decenas de róbalo, pargo rojo, atún, lebranche, sierra y barracuda es todo en sus vidas. Ser pescador es algo que se lleva en la sangre, un oficio que pasa de generación en generación, pero que luego del fallo de La Haya por medio del cual Colombia perdió una enorme porción de su mar cambió para siempre.  “Pescar es lo único que me hace erizar la piel”, dice el isleño. Agrega que solo dentro del mar se siente en verdadero contacto con la naturaleza y con Dios. 

Después de que la Corte Internacional de Justicia determinó que 75.000 kilómetros de las aguas de Colombia ahora le pertenecerían a Nicaragua, pescar ya no es lo mismo. En Copesvi, la cooperativa de pescadores asociados que agrupa a aproximadamente 400 de los 1.200 pescadores de la isla, de donde diariamente salen y llegan aproximadamente 25 botes, ahora es normal ver muchos de estos botes estancados sin salir por días. 
Como las zonas de mayor riqueza pesquera ahora son del vecino país la pesca ya no es tan rentable. En una faena de dos días en el meridiano 82 un bote podía recoger hasta 1.000 libras de pescado, pero hoy con 200 libras se dan por bien servidos, las pérdidas aunque se quieran minimizar son enormes y el ambiente que se vive es de preocupación y miedo para estos pescadores artesanales, nadie se arriesga a atravesar los límites impuestos.

 Norbel Smith, pescador tradicional de la isla, ve un problema grave sobre todo en el futuro “ahora nos afecta a nosotros, pero los más perjudicados serán nuestros hijos y nuestros nietos, qué pasara con ellos cuando las reservas pesqueras a las que tenemos acceso se agoten”, cada vez hay mas pescadores reunidos en un mismo lugar; la decisión de La Haya cambió la historia de la pesca en San Andrés sin dejar que ellos, los más afectados puedan defender lo que sienten como propio, ese mar que los vio nacer y que consideraban como suyo, pero que de la noche a la mañana amaneció con otro dueño que amenaza sus vidas si siguen acariciando con sus remos y sus anzuelos esas azules aguas del caribe que por siglos alimentó generaciones de isleños colombianos.

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