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| 7/28/2014 12:00:00 AM

Petro y Ordóñez: ahí están y ahí se quedan

Si algo une a ambos dirigentes son sus estrategias para mantenerse en la Alcaldía y en la Procuraduría.

Alejandro Ordóñez y Gustavo Petro son como el agua y el aceite. Sus posturas ideológicas son abiertamente contradictorias. Lo que Ordóñez defiende y representa, Petro lo controvierte. Y viceversa. Se ubican en orillas diferentes. Ordóñez, en la derecha del espectro, Petro, en la izquierda.

Pero más allá de sus diferencias, el procurador general y el alcalde mayor de Bogotá tienen una causa particular en la que coinciden. Los dos, a como dé lugar, quieren aferrarse en el cargo para el cual fueron elegidos. Tanto Ordóñez como Petro han vivido la sensación de tener sus días contados. Pero gracias a sus propias movidas, y a uno que otro recurso jurídico, ambos parecen respirar hoy con tranquilidad y con sus objetivos casi que cumplidos.

Hace siete meses, Petro comenzó el año con dos espadas de Damocles sobre su cabeza. Por un lado, Ordóñez -al cual ayudó a elegir con su voto en el 2007- lo destituyó del cargo y lo inhabilitó por 18 años por las irregularidades en el cambio del modelo de recolección de basura en la capital. Y, por el otro, una revocatoria de su mandato.

Ante el fallo de la Procuraduría, Petro apeló. Perdió en segunda instancia. Pidió medidas cautelares en la CIDH. Sus apoderados presentaron centenares de tutelas intentando revertir el fallo, y él, desde el balcón del Palacio Liévano, agitaba las masas a su favor.

Y frente a la revocatoria, más de 300 recursos, entre tutelas y solicitudes para impedir que la Registraduría certificara la validez de las más de 600.000 firmas recogidas. Ahí fracasó. Pero este proceso, paradójicamente, quedó sepultado con todo el enredo de la destitución.

En marzo el presidente Juan Manuel Santos lo sacó del cargo y ejecutó la decisión de Ordóñez. Eso suspendió los efectos de la revocatoria. Pero un mes y medio después, una tutela lo devolvió al cargo.

Luego vino la campaña política. Petro, mientras estuvo fuera de su cargo, anunció campaña por una Constituyente y por el voto en blanco en las presidenciales. Pero ya reintegrado en su despacho, hizo un pacto electoral con el presidente Santos: entonces el alcalde se sumó a la reelección.

Desde entonces ha estado más cómodo en su cargo y, aunque está vigente su destitución, entre su manga tiene las medidas cautelares que le fueron concedidas por la CIDH. Petro, en su tercer año de gobierno tiene un ojo en los asuntos de la capital y otro pendiente en los despachos judiciales. De momento parece que llegará al 31 de diciembre del 2015.

Y con Ordóñez pasa algo similar. Desde que cuando reelegido por el Senado, en el año 2012, han sido varios los intentos para destronarlo. Su elección fue demandada en el Consejo de Estado. Por un lado porque presuntamente senadores con cuotas en la Procuraduría votaron por él. Y segundo, porque según la tesis de expertos constitucionalistas, la reelección del procurador no está contemplada en la Constitución.

La Sala Quinta del Consejo de Estado, integrada por tres consejeros, era la encargada de decidir. El consejero Alberto Yepes radicó ponencia tumbando al procurador. Ordóñez no sólo lo recusó sino que consiguió que fuera la Sala Plena de este alto tribunal la que decidiera. Allí Ordóñez contaría con las mayorías. Por eso también estaría garantizada su permanencia en el cargo.

Así Petro y Ordóñez, dos dirigentes antagónicos por naturaleza, han coincidido en que a la hora de ver amenazada su permanencia en sus respectivos cargos no agotan recursos para atornillarse en ellos. Y hoy todo apunta a que llegarán hasta el último día del periodo para el cual fueron elegidos.

La frase que hizo célebre el expresidente Ernesto Samper, “aquí estoy y aquí me quedo”, hoy hace parte del léxico de Petro y de Ordóñez.
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