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| 2/15/2014 12:00:00 AM

Petro versus Pacho

La entrada de Francisco Santos a los impulsores del Sí y el aplazamiento de la revocatoria del alcalde de Bogotá inyectan emoción a una campaña que los petristas tenían en el bolsillo. ¿Se mueven las fichas para las elecciones de 2015?

La semana pasada dos noticias cambiaron el rumbo del proceso de revocatoria al alcalde de Bogotá Gustavo Petro y tendrán consecuencias políticas hoy difíciles de prever. La primera fue la entrada oficial a la campaña del Sí del ex vicepresidente Francisco Santos tras su regreso a las toldas del uribismo. La segunda fue protagonizada por el registrador Carlos Ariel Sánchez al confirmar que la jornada electoral se aplazará hasta abril.

Ambos anuncios implican un interesante giro de los acontecimientos tanto para la administración distrital como para los promotores de la salida de Petro. Hasta la semana pasada la revocatoria, fijada para el 2 de marzo, había caído como maná del cielo para el alcalde de Bogotá. Con la opinión pública en contra de la sanción proferida por la Procuraduría, el burgomaestre abrazó con pasión el mecanismo de participación tras haberle puesto toda clase de trabas durante 2013. En términos de mensaje, más que un balance de la gestión del Distrito, el No se convirtió en un rechazo al procurador Alejandro Ordóñez. 

La razón del cambio de estrategia era simple: con la probabilidad de que la revocatoria se hundiera por sus elevados requisitos, Petro podría convertir ese resultado en una resonante ratificación de sus políticas en las urnas. Con esa victoria popular bajo el brazo se acabaría el poco aire que le queda a la sanción del Ministerio Público dentro de la opinión. A lo anterior se suma que, sin ninguna cabeza visible por el Sí y con los partidos ocupados en las elecciones legislativas del 9 de marzo, la campaña petrista por el No jugaba con todas las cartas a su favor. 

Esos cálculos cambian con la decisión del aplazamiento de la Registraduría. Al no contar con los recursos que giraría el Ministerio de Hacienda, al ente electoral le quedó imposible organizar unos comicios en Bogotá en tan poco tiempo. Para abril el país contará ya con un nuevo mapa político y un balance distinto de las fuerzas partidistas. Por ejemplo, un buen desempeño de los uribistas en las elecciones legislativas, o un positivo resultado de la Alianza Verde, podría convencer a los partidos a dejar la apatía y tomar uno de los lados de la revocatoria.

Al literalmente ponerse la camiseta del Sí Francisco Santos no solo le inyecta emoción a una campaña aburrida sino también eleva el perfil del pulso. Si bien todo el esfuerzo para revocar a Petro ha caído sobre los hombros del representante uribista Miguel Gómez, el alto reconocimiento de Pacho lo convirtió automáticamente en la cara del Sí. Aunque Petro sigue con todas las de ganar, el ex vicepresidente podría ejemplificar la máxima de que perder es ganar un poco. Pacho Santos es hoy día la única figura de carácter nacional hablando a favor de los bogotanos descontentos con la administración petrista. Prácticamente ningún líder político capitalino se atrevió a abrazar las banderas del Sí. Hay silencios muy dicientes como el del director del liberalismo, Simón Gaviria, quien es hoy representante a la Cámara por la capital de la República, y el del precandidato presidencial verde Enrique Peñalosa. Aun perdiendo la revocatoria, Francisco Santos podría convertirse en la llave del uribismo para abrir el electorado bogotano en las elecciones de octubre del año entrante. Al fin de cuentas, el espacio político de los antipetristas es hoy territorio virgen para 2015.

Por ahora, el Distrito, bajo la dirección del exsecretario de Gobierno Guillermo Alfonso Jaramillo, necesita mantener el impulso y la indignación que generó la sanción de la Procuraduría. La campaña del Sí, con menos recursos y visibilidad, está obligada a convertir la revocatoria en un balance ciudadano de la gestión de Petro. Los bloqueos por el mal servicio de TransMilenio de la semana pasada ayudan a los mensajes de Pacho. Pero ambas campañas tienen un desafío aún mayor: conseguir que 1,2 millones de bogotanos participen para que la revocatoria supere el mínimo umbral.
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