Lunes, 16 de enero de 2017

| 2016/01/30 00:00

Hora de cambiar el modelo

Hay que mover muchas piezas para ajustar la economía a la realidad petrolera. El gran reto del país será impulsar otros sectores exportadores que lideren el crecimiento.

"Tenemos puestos los pies sobre la tierra" Mauricio Cárdenas, Ministro de Hacienda. Foto: Daniel Reina Romero


A finales del año pasado, el gobierno pintó 2016 con base en un precio de 50 dólares el barril de petróleo. Aunque es difícil maniobrar con ese nivel, dada la alta dependencia del ingreso petrolero, el Ministerio de Hacienda estimó que se podría alcanzar un crecimiento económico del 3,2 por ciento, gracias al mayor impulso de la construcción y de la industria. Ese precio proyectado para el petróleo, adicionado a recortes del gasto público por 3,6 billones de pesos, también hacía factible cumplir la meta de déficit fiscal de 3,6 por ciento del producto interno bruto (PIB) con el propósito de ir cerrando el preocupante déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos (esto hace referencia a las exportaciones e importaciones de bienes) a niveles de 5,8 por ciento del PIB.

Sin embargo, llegado enero las cosas cambiaron. El crudo rompió a la baja la barrera de los 30 dólares, un nivel que aumentó la preocupación de los países productores como Colombia. Aunque en los últimos días el crudo tuvo una recuperación y subió a 35 dólares, los pronósticos de los analistas no son alentadores. Algunos hablan de petróleo a 20 o, incluso, a 10 dólares el barril. El Banco Mundial acaba de anunciar en sus perspectivas que espera un precio para este año de 37 dólares.

Pues bien, para acomodarse a este nuevo escenario, el gobierno también bajó su proyección de petróleo de 50 a 34 dólares el barril para este año, reconociendo que la situación en esta materia ha empeorado. Por supuesto, este cambio implicará nuevos ajustes. Y si los mercados ya venían asustados con petróleo a 50 dólares, qué decir con la realidad y los pronósticos cada vez más pesimistas.

Más allá de que Colombia esté creciendo por encima de los vecinos –el FMI pronosticó para este año 2,7 por ciento– hay luces rojas en el tablero a las que hay que poner atención.

En particular, las relacionadas con las finanzas públicas. Algunos analistas señalan que el déficit fiscal superará este año el 4 por ciento del PIB, es decir, más allá de la meta fijada por el gobierno. Si bien no es uno de los más altos de la región, por el hecho de que el país se impuso una regla fiscal, que debe cumplir como una camisa de fuerza, este déficit se ha vuelto un problema.

Otra luz roja tiene que ver con el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, un indicador que miran con cuidado los mercados y que en Colombia está en niveles históricamente altos. Incluso es el más elevado en toda América Latina. Al país no le conviene que este déficit se amplíe porque es una muestra de debilidad económica y pone en alerta a las agencias calificadoras de riesgo.

Frente a esta realidad macroeconómica, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, llama a la tranquilidad. “Tenemos puestos los pies sobre la tierra, pero se necesitan elementos adicionales de ajuste, dadas las circunstancias de tener petróleo a 34 dólares y no a 50”, dijo en el foro sobre 2016 organizado por esta revista.

Cárdenas reconoce que hay que evitar que el déficit en la cuenta corriente aumente. Reducirlo depende de muchos factores que se deben articular. Uno de los más importantes es impulsar otros sectores líderes, que puedan reemplazar las menores exportaciones de petróleo.

Se considera que la industria y la agroindustria deben ser esos motores que impulsen a futuro la economía colombiana. Pero en esto hay mucho por hacer. El exministro de Hacienda Rudolf Hommes dijo por su parte en el foro que el sector agropecuario podría ser clave. “Está ahí y no estamos haciendo nada”. Afirmó que hay que mover la maquinaria agrícola, pero pensando en el siglo XXI. Y en el frente industrial, cuestiona que no se vean programas novedosos que puedan impulsar al sector manufacturero.

Para el excodirector del Banco de la República Juan José Echavarría, el reto de bajar el déficit en la cuenta corriente pasa por incrementar las exportaciones diferentes a las de petróleo. Por eso, sostuvo que es necesario hacer reformas que estimulen ese nuevo modelo en el que sectores como el agro y la industria tomen la batuta. Y se refirió a reformas como la tributaria, pero también a la arancelaria.

Por su parte, el senador Iván Duque afirmó que es urgente diversificar la oferta exportable. Dijo que llama la atención que el 55 por ciento de las exportaciones de Colombia a Estados Unidos sean hidrocarburos, y eso que hay un tratado de libre comercio entre las dos naciones.

Según Duque, es necesario invertir en programas de transformación productiva. “Es lamentable que en el Plan de Desarrollo se dedique solo el 1,2 por ciento de los recursos a programas de transformación productiva”, señaló. También es importante, dijo, fortalecer la demanda interna con productos locales.

En este nuevo modelo económico en el que nuevos sectores deberán tomar el liderazgo, es fundamental la infraestructura. Por ello, para Juan José Echavarría la venta de Isagén es estratégica porque ayudará a financiar las carreteras modernas que necesita el país para ser más competitivo.

En síntesis, cuando bajó la marea de la bonanza petrolera quedaron al desnudo muchas debilidades que, si se miran como grandes retos, podrían ser la oportunidad para que el país comience a crecer en forma más balanceada.n

Política versus reformas económicasComienza un arduo debate sobre la reforma tributaria que se presentará al Congreso en el segundo semestre.

El gobierno tenía previsto presentar la reforma tributaria estructural en el próximo mes de marzo para que a mediados de 2016 ya fuera una realidad. Sin embargo, ahora se sabe que ya no presentará el proyecto en esta legislatura por razones políticas que tienen que ver con el proceso de paz.

El gobierno hace cuentas según las cuales a la actual legislatura le queda muy poco tiempo (de marzo a junio con el receso de Semana Santa) y al proyecto de acto legislativo que permite implementar los acuerdos de La Habana le falta completar su trámite. Es decir, el Ejecutivo no quisiera distraer la atención del Congreso con un proyecto de reforma tributaria tramitado en simultánea.

Para el alto gobierno moverla a la legislatura que arranca en julio evitaría que se cruce en el camino con el plebiscito. Ya se sabe que los temas de impuestos son impopulares y alteran el ánimo y esto podría afectar la votación para refrendar lo negociado en La Habana.

Ante esta circunstancia, que en ciertos círculos académicos ha caído mal porque consideran inconveniente atar la reforma tributaria a La Habana, el ministro de Hacienda ha dicho que él prefiere contar con más tiempo para evaluar las propuestas de la Comisión Tributaria y hacer un debate previo con gremios y otros estamentos de la sociedad.

Ahora bien, hay quienes consideran que aplazarla para el segundo semestre no tendría problemas siempre y cuando se cuente con el espacio suficiente para debatirla, dado que se espera que este proyecto proponga cambios sustanciales que, no solo equilibren las cargas, sino que aumente el recaudo, dada la estrechez fiscal.

Así las cosas, la discusión ahora no solo está en cuándo se presentará la reforma, sino en su contenido. Al exministro Rudolf Hommes le preocupa que se afecte la tasa de crecimiento por el camino de los impuestos. “Estoy a favor de la reforma tributaria, pero creo que es mejor esperar y no apresurarnos”, dijo en el foro.

Por el contrario, Juan José Echavarría considera que no se le debe dar más largas pues no se puede jugar con la credibilidad del país. “No me parece bien que se mueva al ritmo de La Habana”, afirmó.

En Fedesarrollo creen que el límite del gobierno para presentar esta reforma es este mismo año. De lo contrario, el país estaría en el límite de la navaja, pues las agencias calificadoras están pendientes de esta decisión.

El ministro de Hacienda volvió a comprometerse con la reforma. “Hay que tramitarla este año”, dijo, pero sobre la base de consensos. Y en este punto el debate ya comenzó. El IVA, por ejemplo, armó un avispero. El senador Iván Duque, para quien el país no puede aplazar más la reforma estructural, dijo estar de acuerdo en aumentar el IVA y señala que hay que hacer una reforma pro competitividad.

Lo importante es que después de todo este debate llegue al Congreso una reforma tributaria que si bien no va a dejar a todo el mundo contento, sea lo más justa y equilibrada posible y aumente el recaudo. Porque el país lo necesita.

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