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| 4/24/2015 10:00:00 PM

“No creo que exista participación social en el proceso de paz”

Philip Thompson, profesor titular del MIT, advierte que la dictadura en la economía es incompatible con la democracia en la política y promueve la idea de trabajar por la autonomía de las comunidades.

La voz de las minorías étnicas en Colombia no está siendo oída en La Habana, Cuba, donde desde hace dos años transcurren las conversaciones entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC para ponerle fin a una confrontación armada que lleva 50 años y que ha dejado graves afectaciones en estas comunidades en todo el país.

La advertencia fue hecha por Phillip Thompson, experto en planeación y profesor titular del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de Boston, Estados Unidos, quien considera que la situación de derechos humanos de afros e indígenas en el país es tan crítica que, a su juicio, debe ser atendida por Naciones Unidas.

En desarrollo de asuntos académicos y búsqueda de contactos con las negritudes para entender su situación y buscar la manera de ayudarlos, Thompson ha viajado a Buenaventura y ha percibido directamente las dificultades de sus pobladores, lo que le da autoridad suficiente para referirse a este tema y ofrecer una serie de apreciaciones al respecto, en las que involucra las políticas de Estados Unidos y el papel de las corporaciones norteamericanas en la prolongación del conflicto armado colombiano.

A continuación ofrecemos apartes de la conversación sostenida en su oficina del MIT en Cambridge, Massachusetts, dentro de las actividades de la Conferencia “Construyendo paz en Colombia”, que se realiza del 23 al 25 de abril en las universidades de Harvard y el Massachusetts Institute of Technology (MIT). En este encuentro participan académicos, líderes sociales y periodistas colombianos y extranjeros, y fue convocado por estudiantes colombianos de estos centros universitarios, así como de las universidades de Boston y Tufts.

Semana.com: Teniendo en cuenta su experiencia en Colombia, ¿qué importancia le da a la participación social en el proceso de paz de la Habana?

Philip Thompson: Yo conozco principalmente la región pacífica y ellos (sus pobladores) se sienten totalmente excluidos del proceso, sienten que no juegan ningún papel en él, y a pesar de que el Gobierno dice que los está representando ellos no sienten que se les haya consultado en ningún momento sobre ningún aspecto. De tal manera que, por lo que conozco, no creo que exista participación social en el proceso de paz.

Semana.com: Desde su perspectiva, ¿cuál es el efecto de la guerra en la inclusión social de las minorías étnicas?

P. T.: Yo creo que lo que está pasando con los afrodescendientes e indígenas en Colombia son violaciones masivas de derechos humanos que se tienen que convertir en una situación importante a revisar por Naciones Unidas. Me di cuenta de ello a través de las asociaciones de líderes afroamericanos en Estados Unidos. Ellos por muchos años han invitado a movimientos de afrocolombianos a ser parte de conferencias y eventos en Estados Unidos.

Sabemos de casi 3.000 líderes sociales que han sido asesinados en Colombia en más de 15 años y más de la mitad son afrodescendientes, y eso es una gran preocupación para la Federación de líderes afroamericanos en Estados Unidos. Por eso estará enviando una delegación para el Pacífico muy pronto, con el objetivo de atraer más atención internacional con respecto a este flagelo. Además, van a tener una reunión en mayo 22 y 23 en Chicago para discutir este tema.

Semana.com: ¿A qué ha ido a Buenaventura? ¿tiene como objeto de estudio la población, el territorio?

P. T.: En términos de los proyectos específicos en los que estoy trabajando allí, el primero es que estamos invitando a una red de bancos progresistas que se denomina “Banca con Valores, que incluyen bancos que financian negocios “verdes” (sustentables) que vienen de Europa, un banco de El Salvador, y un Banco del Perú, entre otros, con el objetivo de hacer en la región Pacífica una feria de negocios para atraer inversiones en negocios iniciados por víctimas de la violencia, negocios dirigidos por mujeres negras o indígenas. Entonces, estos bancos van a llegar allí para invertir.

Estoy muy animado con esto porque creo que las posibilidades de inversión hacen que las personas trabajen un poco más duro, hacen que las personas se junten para trabajar juntos y tengan unos objetivos más elevados. Yo veo que en ese nivel hay un potencial. También estoy tratando de ayudar en la capacidad de planeación de las organizaciones locales que se encuentran allí ofreciendo asistencia técnica. Y el tercer tema es atraer más atención internacional a las violaciones de Derechos Humanos que existen en esa región.

Semana.com: Colombia lleva más de 50 años en guerra. ¿Existe algún rol o responsabilidad del gobierno de Estados Unidos en esta?

P. T.: Yo creo que el gobierno de Estados Unidos y las corporaciones de EE. UU. han jugado un papel muy importante no sólo en Colombia, sino también en Latinoamérica, por más de cien años. Por eso creo que el Gobierno, el pueblo estadounidense y las corporaciones norteamericanas tienen una enorme responsabilidad en términos de ayudar a mitigar los efectos de la represión, de la explotación económica y del comercio injusto que se ha mantenido en el tiempo por más de cien años. Yo diría que se puede hacer la misma conclusión para Centroamérica, en el caso de Guatemala y otros países.

Estados Unidos está enviando mil millones de dólares para Guatemala, Honduras y El Salvador, porque 50 mil niños cruzaron la frontera. El problema en Colombia es, de hecho, más grande. Sin embargo, como las personas desplazadas de Colombia no están cruzando la frontera de Estados Unidos, entonces el problema no está en los medios aquí (en Estados Unidos). Esto de ninguna manera exime la responsabilidad de Estados Unidos.

Semana.com: ¿Y qué se puede decir de las empresas norteamericanas?

P. T.: Quiero mencionar que Hillary Clinton hizo pronunciamientos respecto a algunos de los abusos de derechos humanos en Colombia antes de que el presidente de una empresa colombiana hiciera una gran contribución a la Fundación Clinton y se uniera a su junta directiva. Luego, como secretaria de Estado, Hillary Clinton desechó las críticas a los abusos de derechos humanos cuando el tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Colombia se estaba negociando hace un par de años. Eso es algo que nos preocupa y eso es algo que la Coalición de Líderes Afrodescendientes de Estados Unidos está observando y eso será parte de la conversación que tendremos con Hillary Clinton respecto a su actual campaña presidencial.

Semana.com: ¿Cuál es el nombre de esa empresa?

P. T.: La empresa es Pacific Rubiales, una empresa petrolera canadiense, y la persona que dio la contribución y se unió a la junta directiva de la Fundación Clinton se llama Frank Giustra.

Semana.com: ¿Qué tanto apoyo han recibido de la administración Obama para la atención de los afros en Colombia?

P. T.: Hace un año y medio le solicitamos a la administración de Obama que le pidiera al gobierno colombiano protección para líderes que estaban siendo asesinados selectivamente por grupos paramilitares, y la administración de Obama lo solicitó. También pedimos a USAID apoyo a organizaciones de desplazados en la región del Pacífico y la administración de Obama lo hizo. En general cuando les hemos pedido que hagan cualquier cosa, ellos lo hacen.

Quienes solicitan estos apoyos son principalmente líderes afroamericanos y sobre todo son muy importantes las organizaciones de afroamericanos. En ese aspecto, el director político de Obama para su primer período presidencial fue Patrick Gaspard, quien fuera anteriormente el director político del sindicato de trabajadores de los hospitales. Él ha sido de bastante apoyo; siempre que hemos identificado cualquier problema ellos nos han ayudado a solucionarlo.

El problema es que prácticamente no hay ninguna voz proveniente de Colombia. Me refiero a que las personas en Estados Unidos no tienen ni idea de lo que está pasando allí. Aquí sólo se oye la voz del Gobierno, no se oyen las voces de las personas desplazadas, ni de las víctimas de la violencia, ni de los indígenas, ni de los afrocolombianos, simplemente esas voces no se escuchan. Como consecuencia, la administración de Obama no hace nada, principalmente, porque nadie está presionando o pidiéndoles que hagan algo. Entonces nosotros ayudamos con este problema.

Semana.com: ¿Cómo se deben incluir los afrocolombianos en un posible tratado de paz con la guerrilla? ¿Cómo un tratado de paz puede ayudar a los afrocolombianos a salir de la pobreza?

P. T.: Yo creo que habrá muchas inversiones entrando a Colombia detrás del proceso de paz. Algunas organizaciones internacionales como el Banco Mundial y otros ya están hablando de hacer grandes inversiones en el posconflicto y creo que también hay muchas inversiones desde el sector privado que serán efectivas en esa etapa.

Creo que hay mucho potencial si no se genera desarrollo en la forma tradicional. Hay mucho potencial si se genera desarrollo en la manera del siglo 23. Me refiero con esto a las oportunidades en la manufactura digital, como lo que tenemos en el MIT en el Media Lab y específicamente en el Laboratorio Fabril. Incluso, ya existen estos tipos de laboratorios apoyados por el MIT en Cali, Bogotá y Medellín.

En general, la idea de construir cosas utilizando computadoras que ayuden a la manufactura, es el futuro. Lo que se requiere para desarrollarlo es entrenar gente joven en cómo operar el software y los equipos. Yo creo que la región Pacífica es un lugar ideal para desarrollar estos nuevos tipos de industrias, que considero que desplazarán a China como una potencia industrial en los próximos diez años. Vemos hoy algunos países como Ruanda que están desarrollando más ingenieros que cualquier otro país en África, soportados totalmente en educación en línea, superando las estructuras de las universidades tradicionales. En la región Pacífica eso también puede suceder.

Pienso que es muy importante poner atención a la planeación en esta etapa, porque de esta manera se pueden crear muchos empleos, mucho crecimiento y mucho desarrollo económico, lo cual resolverá el conflicto. Cuando tienes más empleos esto resuelve los problemas potenciales, que son las causas del conflicto en las regiones, y ahora mismo se tiene esta oportunidad. Por eso estoy muy esperanzado sobre el futuro y sobre lo que puede hacerse.

En la región pacífica hay enormes cantidades de motocicletas, no hay ninguna razón para importar partes de motocicletas, lanchas, carros, no hay razón. Se puede diseñar y manufacturar estas cosas en un salón pequeño para construir un carro, para fabricar una motocicleta, ahí es donde está la tecnología, ese es el futuro y Colombia podría ser un líder en esto.

Semana.com: ¿Existe algún ejemplo de esas ideas en el mundo?

P. T.: Larry Saas, un arquitecto de aquí (MIT), utiliza manufactura digital para construir casas en madera. Él las diseñas en el computador, el computador envía las instrucciones a un router, el router corta la madera, la madera es cortada con medidas de precisión de tal manera que las partes encajan sin necesidad siquiera de clavos, lo único que necesitas es una herramienta parecida a un martillo de goma. Estas casas son diez veces más fuertes que las viviendas construidas tradicionalmente y 90 % más baratas de construir. Colombia tiene mucha madera y podría ser un líder en esta tecnología. Además, se crearían muchos puestos de trabajos. La región Pacífica es perfecta para eso: tienes la madera, tienes el puerto, lo único que necesitas es entrenar personas para que puedan usar esa tecnología y tendrás algo que va a ser dinámico. Pero estas ideas tienen que estar allí, la planeación tiene que estar allí.

Semana.com: Usted habló sobre el Banco Mundial y empresas privadas que quieren invertir en Colombia en caso de posconflicto, sin embargo, para algunos existe la preocupación de que estas inversiones se enfoquen principalmente en represas, en el sector minero y en otros sectores que pueden generar más daños sociales y ambientales. ¿Comparte usted esta preocupación?

P. T.: Estoy totalmente de acuerdo con esta preocupación. Creo que todo comienza cuando las personas mismas tienen un plan diferente. Si no tienes un plan entonces el Banco Mundial enviará sus planificadores a tu país para que te diga qué hacer. Eso es lo peor. Pero si tienes tu propio plan y le dices al Banco Mundial: ‘No, no queremos una gran represa, queremos usar una tecnología más avanzada como paneles solares, o una tecnología más avanzada de generación de hidroenergía, tú no quieres destruir nuestra madera y nuestro potencial de medicinas biomédicas provenientes de la selva construyendo proyectos de represa”.

Si tú tienes un plan alternativo de cómo generar tu energía o de cómo usar la energía, yo creo que puedes tener al Banco Mundial apoyando este plan. Ellos son tan absolutamente dominantes con sus enormes proyectos precisamente porque eso es lo único que saben hacer. Pero si tienes proyectos más sofisticados para tu propio país ellos retroceden. Yo lo he visto. Ellos retroceden. Sus planificadores son, francamente, en la mayoría de los casos, terriblemente malos, y lo mismo con los del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Si tú tienes cualquier tipo de capacidad para hacer tu mismo plan, puedes simplemente ahogar sus planes.

Semana.com: Esa propuesta suya implica que las comunidades estén organizadas y sean profundamente democráticas, lo que supone que la democracia va más allá de un ejercicio electoral. ¿Cómo aplica en este caso el concepto de democracia?

P. T.: No puedes desarrollar una dictadura en la economía y luego una democracia en la política. Así como tampoco puedes tener una dictadura en la política y luego una transformación económica realmente robusta.

No puedes hacer ninguna de las dos cosas. En realidad tienes que ser consistente. De esta manera la economía digital, la economía del futuro, requiere de una capacitación masiva para las personas, requiere abrir las oportunidades para el desarrollo, para la creación de negocios, para el acceso a inversiones, requiere abrir todas estas oportunidades para todas las personas. Es un requisito. De otra manera, te quedarás atrás. Por esta razón las dos transformaciones son parte de lo mismo.

Semana.com: ¿Hay ejemplos de ello?

P. T.: Hay un software libre llamado Linux, es totalmente libre, es decir que todo el mundo puede usarlo, y cualquiera puede contribuir a su mejoramiento. La primera vez que salió a la luz, las grandes corporaciones como IBM trataron de cerrarlo. Hoy Google utiliza Linux para sus operaciones, IBM lo utiliza también, simplemente no pudieron derrotarlo. Simplemente no pudieron competir con el poder de un motor libre basado en la masiva participación y la creatividad. Así es como se ve el futuro de la economía, y las compañías tradicionales no pueden competir con eso. Pero no te puedes desarrollar en esa forma es una sociedad cerrada y represiva donde solo una pequeña cantidad de personas retiene todos los recursos. Es imposible desarrollarse de esa manera. Los países que no se muevan en esa dirección van a ser dejados atrás, muy atrás. China, por ejemplo, va a quedar atrás solo por eso.  

Linux fue inventado aquí, en el MIT, así como el internet y el computador. Los mensajes de texto fueron un invento realizado por estudiantes del Media Lab también en el MIT. Y en cada caso los ingenieros que hicieron estos inventos quisieron que cada una de estas innovaciones fueran abiertas y participativas, a eso se debe su éxito. De esta manera, los países que se muevan más rápidamente en la dirección de la innovación abierta para el desarrollo son aquellos países que van a atraer a las mentes más brillantes para que trabajen con ellos, porque eso es lo que las personas están buscando hoy.

Semana.com: Pensando en el concepto de democracia, se dice que la democracia de Estados Unidos es la más sólida del mundo y que Colombia es la democracia más antigua de América Latina. ¿Cuál es su reflexión sobre la democracia en estos dos países?

P. T.: Yo pienso que la democracia es uno de esos términos o conceptos, al igual que el término 'desarrollo', en los que siempre se está mirando hacia futuro porque es una creación conceptual de las mismas personas, entonces no es algo que esté terminado. En este sentido, decir que tienes una democracia vieja no quiere decir necesariamente que es una buena democracia. Tener una democracia vieja solo quiere decir que las personas han estado tratando, por más tiempo, de buscar la manera de que la voz de las personas sea la que defina los destinos del país. Se ha tratado por más tiempo de entender las diferentes voces que existen en un país. Por ejemplo, yo no creo que ningún país de las Américas haya sido exitoso en solucionar las consecuencias de la esclavitud o las consecuencias de la exterminación de los indígenas.

En los Estados Unidos hoy puedes ver constantemente en la televisión incidentes de policías asesinando o matando personas inocentes debido a que las personas graban estos incidentes con las cámaras de sus teléfonos celulares. Quienes son asesinados son usualmente afroamericanos, indígenas, o inmigrantes latinos. Eso es un legado del pasado que, a pesar de haber una democracia en los Estados Unidos, permanece como un gran problema. Similarmente, yo veo a Colombia como a un país que está tratando de lidiar con problemas históricos profundamente arraigados.

Semana.com: ¿Cuáles son los retos que usted ve para el país en un posible escenario de posconflicto?

P. T.: El principal reto que yo he identificado es la falta de capacidad de la sociedad civil. Me refiero a la capacidad de muchas de las organizaciones locales de la comunidad para hacer su propia planeación del desarrollo económico, su propia planeación para las mejoras en educación. Ellos simplemente no tienen muchos de los recursos y capacitación que se necesitan. Sin embargo, tienen muchos jóvenes brillantes y hay muchas oportunidades para que ellos realmente desarrollen las capacidades y el conocimiento de cómo hacerlo, de cómo hacer desarrollo en sus propios términos.

En algunos de los planes de desarrollo realizados por el gobierno, los planificadores son casi siempre de Bogotá y no han incluido a las personas de Buenaventura, ni personas de la región. Cuando los incluyen, por ejemplo en el caso del anterior gobernador del Chocó, lo hacen sin ningún salario. Todos los trabajadores oficiales que vienen de Bogotá son pagados, pero los de las regiones son voluntarios que no son pagados.

Obviamente la participación de las personas de la región no es tomada en serio. El gobernador no tiene suficiente presupuesto para pagar empleados o consultores para ayudarlos a pensar acerca de lo que ellos realmente necesitan en sus propios términos, entonces para mí eso es una forma más sofisticada de neocolonialismo: simplemente no es un cambio histórico genuino.

Especial de Vanessa Reyes R. y Juan Diego Restrepo E. para Semana.com
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