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| 11/7/2015 10:58:00 AM

No hay quién cure tanto enfermo

Los retos del país en materia de salud mental son inmensos para reintegrar a víctimas y victimarios del conflicto. Eso quedó claro en el Congreso internacional de Psiquiatría de Armenia.

El gran desafío en los próximos años será cómo sanar las heridas mentales de los miles de colombianos afectados por el conflicto armado. Según la última encuesta de salud mental, 40 % de los adultos en Colombia han estado expuestos a un evento traumático y de esos, 3 % tienen riesgo de padecer un trauma mayor que les generara una incapacidad permanente.

“Es un tema mayúsculo y la gran pregunta es cómo se atenderá ese grupo lesionado”, dijo el psiquiatra Hernán Rincón, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría durante el congreso de estos profesionales que se realiza en Armenia.

Uno de los grandes escollos será encontrar suficientes expertos para atender a las víctimas con los problemas más severos. Según los cálculos de Rincón, si la población que necesita atención siquiátrica es de 120 mil personas, “se requerirían 150 mil días de terapias y aproximadamente 7.500 siquiatras, pero en Colombia solo hay 1.300”.

Otro de los retos es identificar los modelos para tratar a cada grupo de víctimas, porque es una población muy heterogénea. Hay afectaciones leves, otras severas y otras más graves. Además, algunos grupos responden bien a intervenciones colectivas, pero otros necesitan un enfoque individual. Por eso, la intervención no puede darse como una receta de cocina.

El programa de atención psicosocial del gobierno es insuficiente, según  Pau Pérez, presidente de la sección de consecuencias sicológicas de la tortura de la Sociedad Siquiátrica Mundial e invitado al evento. Explica que uno de sus falencias es que ofrece a las víctimas entre cuatro y seis sesiones de terapia, cuando lo ideal para revertir el daño son tres o cuatro años de intervención. Además de esto, los pacientes más graves se topan con unas EPS que no están preparadas para atenderlos. “Lo que está pasando es que estas personas se están quedando solas con su dolor ”, dice Pérez.

Los niños deben ser una prioridad, según la siquiatra infantil Sandra Piñeros. Si bien no todos tienen problemas siquiátricos muchos sí presentan trastornos de adaptación. “No aceptan normas ni límites o tienen comportamientos muy agresivos”, explica. El Instituto de Bienestar Familiar cuenta con un programa  que busca identificar sus problemas y atenderlos, “pero aún falta mucho más”, dice. La principal falla es que no hay especialistas idóneos para hacer las intervenciones necesarias.

Ante estos grandes desafíos, los expertos reunidos en Armenia consideran que el Estado debe crear nuevos modelos de rehabilitación y entrenar a muchos más médicos generales para que atiendan la población con traumas leves. Pero este trabajo, dice Rincón, no se debe limitar solo a los siquiatras, sicólogos y trabajadores sociales sino que la sociedad en pleno debe tener un rol más activo. El trauma sicológico, explican, cambia la personalidad, y la familia y amigos deben saberlo para no incrementar la discriminación y el estigma que ya tienen por ser víctimas.

Por eso no descarta la posibilidad de que toda la población tenga un entrenamiento en primeros auxilios mentales para que en determinado momento sepa cómo dirigirse a una víctima del conflicto armado. Según Piñeros, se requiere de un proceso armónico para que la sociedad logre acogerlos.

Aunque cree que toda la sociedad colombiana está muy enferma, Sergio de Zubiría, profesor de filosofía de la universidad de los Andes, considera que la prioridad en este momento son las víctimas. Luego se debe atender la población más vulnerable y, por último, al resto de ciudadanos que vivió indirectamente la guerra.

Todo lo anterior requerirá de una inversión de fondo y de mucho tiempo. Hasta ahora, sin embargo, el énfasis se ha dado en los tramites de restitución administrativa, pero no en mitigar esas heridas sicológicas. La paz no es solo eliminar la violencia sino que la sociedad logre resarcir el dolor y el tiempo perdido que dejó la guerra, dijeron los expertos.

La tendencia del ser humano luego de firmar un acuerdo de paz es pasar la página y seguir como si nada. Terminar el conflicto es ya un gran logro porque evitará exponer a más civiles a traumas que desbordan sus capacidades sicológicas. Pero si no se hace este proceso de limpieza de las heridas mentales el riesgo es que las víctimas se harten y dejen de creer en la sociedad en la que viven. “El país puede terminar como El Salvador, que no previó ningún tipo de rehabilitación y hoy es el segundo país del mundo con mayor violencia política”, concluye Pérez.
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