Viernes, 20 de enero de 2017

| 2007/08/18 00:00

Piedad por el intercambio

Cómo la enemiga más acérrima del gobierno terminó de facilitadora para el acuerdo humanitario. ¿Podrá hacer lo que nadie ha podido?

Entre el presidente colombiano Álvaro Uribe y el presidente de Venezuela Hugo Chávez deberá moverse la senadora liberal Piedad Córdoba. El uno le encarga que con ayuda del otro logre avances en el acuerdo humanitario, un asunto que no depende de personas, sino de política.

En política todo es posible. Y el encargo que el presidente Álvaro Uribe le ha hecho a la senadora liberal Piedad Córdoba para que se meta a empujar el acuerdo humanitario es un nuevo ejemplo de ello.

En más de una oportunidad ella dijo de él que era un narcoparamilitar, y él dijo de ella que era una simpatizante de la guerrilla. La lista de insultos que han ido y venido es larga y de alto calibre. Pero llegó el momento de la tregua. Tras una hora de charla, un besote en la mejilla convirtió a Piedad en una nueva figura para empujar el estancado acuerdo humanitario.

¿Cómo se pudo dar este escenario? Todo se comenzó a mover el día que Piedad, que siempre ha estado a favor del acuerdo, le pidió públicamente al presidente venezolano Hugo Chávez en uno de los habituales espacios de televisión, Aló Presidente, que ayudara a Colombia a resolver este dilema. La noticia fue interpretada por muchos como una salida en falso de la senadora, porque Chávez, cauteloso como Uribe de las relaciones binacionales, le respondió que estaba listo a ayudar en lo que el gobierno colombiano le pidiera y autorizara.

Pero la cosa no quedó así. Piedad sabía muy bien lo que hacía y su presencia en ese escenario no era fortuita. Acababa de participar con tres personas de su "poder ciudadano", su corriente en el liberalismo, a una Cumbre Social por la Unión Latinoamericana y Caribeña en Caracas. Evento patrocinado por el gobierno de Chávez y considerado fundamental para su proyecto político, pues lo que allí se concluye se convierte en mandato.

La senadora colombiana habló en cinco mesas de trabajo de la cumbre y en todas fue enfática en la necesidad de que América Latina acompañe a Colombia en la solución a un conflicto que afecta toda la región y subrayó en la urgencia de liberar a los secuestrados. Propuso tres puntos básicos. El primero, que el presidente Chávez facilitara el territorio para un eventual encuentro. El segundo, que convoque a los presidentes de América Latina para que, juntos, insten a las partes a sentarse a hablar del acuerdo. Y el tercero y el más atrevido, que habilite un mecanismo democrático para que sea el pueblo el que les ordene encontrar una salida definitiva. Ella piensa en un plebiscito con todas las de la ley en las elecciones de octubre, o una papeleta simbólica que cumpla el mismo papel.

La vehemencia de Piedad llegó a oídos de Chávez, que estaba atento a las conclusiones del evento. Por eso cuando ella remató con su pedido en directo por televisión en Aló Presidente, la rueda echó a andar. En Colombia el gobierno tomó nota de lo dicho por Chávez.

El tema se avivó la semana siguiente con la historia de que Íngrid Betancourt estaría en un estado fronterizo del vecino país y que sería próximamente entregada por las Farc a ese gobierno, asunto al que Chávez sólo atinó a responder con un operativo militar en la zona mencionada que concluyó en que no encontraron a la secuestrada.

Para entonces, Piedad ya le había pedido la cita a Uribe. Su intención era notificarlo de lo que había propuesto y contarle el ambiente que se abría en territorio venezolano. Piedad tenía acordada la audiencia con Chávez para el 15 de agosto, justo el mismo día en que la recibió Uribe en la Casa de Nariño. Con lo que no contaba era con que le cogerían la caña a muy alto nivel y entre Uribe y el Comisionado salió la idea de que se metiera en el tema como facilitadora del acuerdo humanitario. Asunto al que, sin poder negarse, aceptó sin titubeos, a pesar de saber que es muy alto el riesgo de exponerse a una quemadura de tercer grado, que la podría dejar muy maltratada para seguir en el ring político.

A decir verdad, el escenario no es muy alentador. En el pasado Uribe ha echado mano de cualquiera que le diga que puede ayudar. Ya encargó del tema a Lucy de Gechem, esposa del senador secuestrado Jorge Gechem Turbay, para que buscara algún contacto con las Farc, también a Álvaro Leyva le paró bolas en más de una ocasión y a la Iglesia, al ex presidente Samper y al ex presidente López les había dado margen de maniobra. Y ni mencionar el compromiso adquirido con los países europeos en cabeza del presidente Sarkozy de Francia. Pero se trata de la primera vez que el gobierno habla en términos contundentes y serios de lo que podría ser la labor de la nueva facilitadora.

Es claro que cada coyuntura abre un camino distinto y trae una presión adicional y Uribe sigue sin encontrar cómo resolver el asunto. Hoy, con el profesor Moncayo instalado en la Plaza de Bolívar, con los diputados asesinados, las marchas contra el secuestro y por el acuerdo humanitario, y con el asunto fresco y reiterado en la agenda nacional, Uribe sabe que tiene que mover alguna ficha. Piedad le cae de perlas para mover el tema porque, como se sabe, es una mujer incansable cuando algo se le mete en la cabeza.

Ahora bien. Por los antecedentes, no es claro cuál es el objetivo de Uribe en esta ocasión, pero sin duda es una apuesta muy alta meter a Venezuela en la resolución de un tema que ya traspasa las fronteras y que podría, entre otras, llamar la atención del gobierno de Estados Unidos. ¿Que tal que sea Chávez quien logre traer a la libertad a los tres norteamericanos secuestrados por las Farc? El tema no es de menor calado. Uribe y Chávez se disputan el poder regional y en este tema tendrían una colaboración mutua en política internacional que los beneficiaría a ambos.

Pese a esto, ya se sabe que para bailar se necesitan dos y faltan las Farc en el panorama. Y estas no se mueven un centímetro a la hora de exigir las condiciones para un encuentro con el gobierno Uribe. La esperanza que ofrece este camino es que los indicios señalan que Chávez es un líder al que las Farc observan con respeto. Pero resulta muy difícil prever que ese respeto se convierta en un cambio en su terca posición sobre el despeje de Pradera y Florida.

El lunes próximo será noticia la visita que Piedad Córdoba y los familiares de secuestrados tienen prevista al Palacio de Miraflores, en donde se reunirán con Chávez. Una nueva etapa de protagonismo del gobierno se aproxima gracias a la nueva y ruidosa facilitadora que han autorizado. Lo que está por verse es si se tratará de una nueva carta que se juega el gobierno para ganar tiempo en su insistencia por el rescate militar y una opositora liberal que se quema por no poder desatar un nudo que sólo pueden soltar los involucrados.

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