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| 5/27/1991 12:00:00 AM

PIES EN POLVOROSA?

Todo parece indicar que Colombia está hoy más cerca de ser el infierno que el paraíso de los narcotraficantes.

CUANDO LA SEMANA PASAda eL presidente César Gaviria en la sesión de apertura de la Conferencia Internacional para el Control de Drogas, dijo que el problema creado por el narcotráfico y el consumo de drogas no podía ser resuelto con la acción de misiles Patriot o la carga conjunta de blindados y artillería pesada, dio en el blanco. Una vez más y, al parecer, como lloviendo sobre mojado, el Primer Mandatario insistió ante el director de la DEA y 72 delegados de 32 países, que Colombia es un líder solitario en la lucha contra el tráfico de narcóticos. Todo esto lo sustentó con cifras: entre 1987 y 1990 se capturaron más de 17 mil delincuentes dedicados al narcotráfico o al narcoterrorismo y en el primer semestre de este año se incautaron 34 toneladas de cocaína.

Analizando las cifras de incautaciones del alcaloide entre 1981, cuando las autoridades colombianas decomisaron 339 kilos de cocaína, a hoy (ver recuadro), es posible demostrar que la lucha frontal contra el tráfico de droga ha tenido resultados significativos y ha creado un escenario cada menos menos propicio para que el negocio funcione como antes en Colombia. De todas maneras, el hecho de que Colombia -que suministraba el 80 por ciento del mercado norteamericano a comienzos de la década de los 80 esté golpeando duro, no quiere decir que las dimensiones del negocio hayan disminuido. Lo que parece estar sucediendo, sin que el mundo quiera darse por enterado, es que el epicentro de la producción se está empezando a desplazar en busca de mejores condiciones para su operación.

Desde los orígenes del tráfico de marihuana y cocaína en Colombia, hizo carrera la teoría de que el negocio florecía en este país más que en otros por su ventajosa posición geográfica.
Se argumentaba que por estar en la mejor esquina del Continente y que por ser el punto medio entre las zonas de cultivo de la hoja y el principal centro de consumo, Colombia estaba condenada a ser para siempre el centro internacional por excelencia del tráfico de droga. Los hechos, sin embargo, parecen estar demostrando que tal teoría no era del todo cierta. Si bien es verda que la situación geográfica puede se un factor favorable, la realidad es que lo que hace verdaderamente propicio al narcotráfico en cualquier parte de mundo solo tiene un nombre: tolerancia.

Fue precisamente la tolerancia de caldo de cultivo para que en los año 70, en la Costa Atlántica, prosperara el cultivo y el tráfico de la marihuana. Sin embargo, cuando los gobiernos decidieron emprender planes para erradicarla, el negocio decayó en Colombia acabó floreciendo en el país de los derechos civiles: Estados Unidos. Allí no sólo se toleraba el consumo, sino que se empezó a producir una especie muy particular de la yerba y sé llegó a decir en un momento que su cultivo era el segundo más importante del país -después del maíz con lo cual el Coloso de Norte pasó a convertirse en uno de los principales productores de marihuana del mundo.

El fenómeno se está repitiendo con la cocaína y como lo dijo el presidente Gaviria en su discurso, la ofensiva contra el negocio en Colombia ha ido creando fuentes de suministro diferentes, de países que antes no habían registrado ese problema.

El tráfico de cocaína en Colombia creció, al igual que el de la marihuana, por unas excepcionales condiciones de tolerancia. A comienzos de la década de los 80, los narcotraficantes no eran rechazados por la sociedad como delincuentes. Incluso, muchos sectores económicos, entre ellos el de la construcción, se vieron irrigados por dineros calientes con la complacencia de la sociedad, que se hacía la de la vista gorda. Las autoridades, por su parte, fueron tan permisivas como los otros sectores y se preocupaban más por hacerle frente a la guerrilla, para lo cual utilizaban en muchas oportunidades a los narcotraficantes como sus aliados tácticos.

Esta situación de permisividad se mantuvo durante algunos años, pero poco a poco, desde distintos flancos, fueron apareciendo voces de alerta sobre el peligro que implicaba permitir que la delincuencia organizada se infiltrara en todas las capas de la sociedad.
Una de las primeras voces fue la de Luis Carlos Galán, quien expulsó a Pablo Escobar de su movimiento. Luego vinieron otras, como la del ministro Rodrigo Lara Bonilla que fue la primera gran víctima de una cadena de asesinatos de magistrados, jueces, periodistas, policías y funcionarios de distinto rango. Estas muertes fueron la respuesta de los narcotraficantes a una ofensiva del Estado que finalmente se dio cuenta de que el objetivo del crimen organizado era el poder. Esto ya desbordaba todos los límites posibles de cualquier aceptación. Fue entonces cuando se desato la guerra y cuando para contrarrestarla, la mafia empezó a pasar de los asesinatos selectivos a los atentados indiscriminados. La estrategia del terror buscaba recuperar lo que la sociedad ya había perdido: la tolerancia.

La nueva actitud de Colombia frente al trafico de estupefacientes ha hecho que este país esté mas cerca de ser el infierno que el paraíso de los narcotraficantes. Colombia es, de lejos, el país del mundo donde se incauta más cocaína cada año y tal como van las cosas, se calcula que para finales de este año, la suma total de toneladas decomisadas alcance las 120. Por otra parte, el nivel de producción del alcaloide en Colombia es hoy un 40 por ciento mas bajo que el que se registraba en 1988.

Las autoridades dedicadas a combatir la droga han detectado cambios de rutas y la apertura de nuevos mercados, especialmente en Europa y Japón. En cuanto a las rutas, se ha descubierto que se estan fortaleciendo las rutas Bolivia-Argentina, Europa-Estados Unidos, países andinos- Brasil- Estados Unidos y países andinos Brasil-Europa. Menos consolidada, pero ya existente es la ruta del Orinoco: Brasil- Venezuela- Antillas- Europa- Estados Unidos. En lo que hace referencia a Ios mercados, los especialistas calculan que en Europa, donde tradicionalmente se consume heroína y hashish, la demanda de cocaína se ha multiplicado por 10 en los últimos cuatro años. En el Japón el mercado empieza a crecer vertiginosamente con el patrocinio de las mafias locales, interesadas en desarrollar el millonario negocio.

Esta nueva situación lo que deja en claro, una vez mas, es que la tesis siempre repetida por Colombia en todos los foros internacionales es acertada. De nada sirve una guerra a muerte localizada en un solo país pues las características internacionaies del negocio conducen a desplazamientos geograficos que no disminuyen las magnitudes globales del trafico. La salida, como lo sostuvo una vez mas Gaviria en Cartagena, es el diseño de una estrategia internacional en la que todos los países participen desde todos los frentes para combatir simultaneamente un fenómeno que tiene la capacidad y la versatilidad suficientes como para estar desplazandose de un lugar a otros, evitando los sitios de mayor confrontación para buscar aquellos de mayor permisividad. Lo que Gaviria ha querido demostrar es que Colombia ya aprendió su lección a un costo altísimo y que los demas países deberían poder asimilar esta dolorosa experiencia, para ponerle coto a tiempo a un problema que, aunque muchos países hoy no quieran reconocerlo, esta germinando en sus entrañas.
COCAINA DECOMISADA
EN COLOMBIA
KILOS
1981 339
1982 661
1983 2.082
1984 19.582
1985 4.240
1986 3.039
1987 8.326
1988 18.701
1989 30.633
1990 44.962
1991 (enero-abril) 34.000
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