Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2010/02/20 00:00

¡Pilas con Noemí!

La candidata empezó mal, luego empató a Arias y ahora casi lo duplica.

Cuando pocos apostaban por la candidatura de Noemí ocurrió el milagro:el escándalo de Agro Ingreso Seguro

Cuando Noemí Sanín anunció su intención de ser candidata, después de renunciar a la embajada en Londres, la cosa no pintaba bien. Cuando llegó a Colombia animada porque el presidente Uribe le había sugerido que se lanzara al ruedo, descubrió que éste tenía la intención de buscar la reelección. Ya entrada en gastos le tocó seguir adelante aun con el Presidente en la contienda. Esa decisión le valió críticas de incoherente y desleal ya que ella había sido la principal promotora de la primera reelección. Y como si esto fuera poco, no tenía partido pues sus dos candidaturas anteriores las había hecho bajo el movimiento Sí Colombia, que había dejado de existir.

Tenía entonces la opción de ser candidata por firmas, como Sergio Fajardo; de partidos marginales como Alas Equipo Colombia, o del Partido Conservador al cual había renunciado hacía más de una década. Optó por esta última alternativa, pues si algo le habían enseñado sus dos derrotas anteriores era que sin maquinaria pesada no se llega a la Casa de Nariño. Los movimientos independientes, por más entusiasmo que generen, después de su auge inicial se desinflan.

De todos modos su llegada al Partido Conservador fue un aterrizaje forzoso. Sobre todo porque inicialmente no quería un mano a mano con Andrés Felipe Arias, quien para ese momento ya tenía alineada a la mayoría de los barones electorales de ese partido, y su prestigio como el heredero de Uribe iba en ascenso. Noemí en cambio había pasado de consentida del jefe de Estado a uribista no reeleccionista, lo que para Palacio equivalía a quemar las naves. Ella consideraba que al aportarle su prestigio al Partido le correspondía ser ungida como su candidata única, sin tener que medirse con un político junior en una consulta conservadora. Entre otras cosas porque una derrota a manos de Uribito sería una humillación para alguien de su trayectoria.

Pero las reglas ya estaban fijadas y le tocó someterse a ellas. Apenas aceptó el reto, casi todos los observadores políticos coincidían en que no tenía mayor chance. Las consultas partidistas generalmente son de maquinaria y lo que Noemí tenía era popularidad en las encuestas. Sin embargo la experiencia le había demostrado que esta nunca se había traducido en forma equivalente en las urnas. Por otra parte, la adoración del Presidente por Uribito le aseguraba a este último no sólo el respaldo del gobierno sino el de la mayoría del partido que ya estaba cogobernando con Uribe. La causa de Noemí, de que el conservatismo debía buscar el poder con un candidato propio con o sin Uribe, no era una carta ganadora en ese momento.

Fue ahí cuando sucedió el milagro: Agro Ingreso Seguro. Ese escándalo se convirtió en un tsunami que se llevó por delante a Uribito. Y aunque está agarrado de algún árbol, la marea sigue subiendo. Noemí, quien en teoría era conservadora y uribista, se vino lanza en ristre contra el ex ministro, lo cual la descolocó definitivamente con el gobierno pero la colocó del lado de la opinión pública. En ese momento comenzó a subir en las encuestas y en poco tiempo llegó a empatar con su rival.

Aun así, mientras las fuerzas eran equivalentes, el argumento de que la consulta conservadora tendría lugar el mismo día de las elecciones parlamentarias hacía que no se le dieran muchas opciones de triunfo a la candidata. Al fin y al cabo en el mundo de la realpolitik el que tiene los buses, las camisetas y el aguardiente es el que suele poner los votos. Y Uribito, con el 80 por ciento de la Cámara y la mitad del Senado, tenía más buses, más camisetas y más aguardiente que Noemí.

Pero las cosas para Arias se complicaron aún más con las denuncias de supuestas irregularidades en la financiación de su campaña. Aunque se trata de episodios relativamente menores, han generado mucha bulla. Principalmente porque se ha negado a aclarar las denuncias que le ha hecho el periodista Daniel Coronell, limitándose a decir que este es un enemigo de la causa uribista. Y en política no hay pecado que se pague más caro que no contestar.

A todas estas, la campaña de Noemí comenzó a caracterizarse por su entusiasmo y eficiencia. Del empate con Arias pasó casi a doblarlo en algunas encuestas. En la más reciente del Centro Nacional de Consultoría, en un escenario de primera vuelta sin Uribe, ella tendría el 11 por ciento de los votos frente al 6 por ciento de su contendor. En la de Datexco del mes pasado ella tiene el 9.5 por ciento contra el 4.1 de Arias.

La distancia que Noemí le está tomando al ex ministro en las últimas encuestas ha producido un giro entre los analistas políticos alrededor de sus posibilidades de triunfo en la consulta conservadora. Cuando un candidato duplica a otro en sondeos, la teoría de la infalibilidad de la maquinaria tambalea. Y eso es lo que está sucediendo ahora aunque Uribito ha logrado mantener sus tropas alineadas.

Todas estas especulaciones tendrían un valor de cero si el referendo pasa, el Presidente lo gana y es candidato. Pero también en ese frente ha tenido lugar una evolución favorable para Noemí. El tercer período de Álvaro Uribe no está hundido, pero ha pasado de ser casi seguro a improbable.
 
Si de casualidad la candidatura de Uribe cuaja y Noemí gana la consulta, el Partido Conservador se dividiría, yéndose la mayoría con el Presidente y dejando a los seguidores de la candidata como una disidencia digna. Pero si la Corte hunde el referendo, y Noemí derrota a Arias, la candidatura de ésta se convertiría en una fuerza importante. No es imposible que el impulso que le generaría un eventual triunfo en la consulta le llegue a permitir derrotar a Sergio Fajardo en la primera vuelta y pasar a la segunda. Aún en ese escenario le quedará difícil aglutinar a todo el conservatismo alrededor suyo, pues el partido de La U y una candidatura de Juan Manuel Santos son aceptables para un sector del partido azul. Pero el solo hecho de que ya se estén haciendo cábalas sobre la posibilidad de que Noemí esté en la segunda vuelta es mucho decir para una candidatura a la cual muy pocos le apostaban.

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