Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/09/15 00:00

Pilas recargadas

En momentos en que la aprobación del TLC está cuesta arriba, un giro positivo en la estrategia del gobierno y el sector privado en Washington genera esperanzas.

La nueva estrategia ha facilitado el trabajo de la embajadora Carolina Barco en Washington

A principios de julio, cuando se supo que el presidente Álvaro Uribe iba a nombrar a Sandra Suárez como asesora para la aprobación en Washington del Tratado de Libre Comercio (TLC), hubo todo tipo de rumores. Algunos dijeron que a la ex ministra de Ambiente le faltaba 'pelo pa' moño' porque, si bien venía de hacer un máster en administración pública en Harvard, carecía de la experiencia internacional para eso. Otros, más malévolos, aseguraron que el nombramiento era una maniobra de Uribe con la velada intención de pedirle la renuncia a la embajadora Carolina Barco.

Pero ninguno estaba en lo cierto, y ahora, dos meses después de la designación de Sandra Suárez en un cargo de nombre interminable (Consejera presidencial para la gestión de acuerdos internacionales y de cooperación económica y social), la ex ministra ha conseguido lo que parecía imposible: poner a trabajar coordinadamente a todos los organismos relacionados con el TLC. Un ejemplo son las citas que se solicitaban con congresistas que habían dicho abiertamente que jamás votarían el TLC. Como le dijo a SEMANA una fuente diplomática colombiana en la capital gringa, "estábamos perdidos en medio de los árboles, llegó Sandra en helicóptero y nos ayudó a salir del bosque".

La ex ministra comenzó por hacer un diagnóstico del problema. Identificó, primero, que las críticas que los demócratas y los sindicatos gringos -enemigos acérrimos del TLC- formulan por la impunidad en los crímenes contra los sindicalistas colombianos no eran bien respondidas desde Bogotá, lo cual dificultaba la gestión de Carolina Barco. Encontró además que en Washington la mayor parte de los esfuerzos se encaminaba a contestar ataques, en vez de tomar la iniciativa. Y determinó que, como el objetivo clave es hacer aprobar el TLC en el Congreso gringo y para eso se necesitan votos, lo que había que hacer era concentrarse en persuadir a los legisladores indecisos y no quemar pólvora en gallinazos.

Para resolver los primeros dos líos, Uribe y Sandra Suárez crearon un comité en el que participan el canciller Fernando Araújo; el ministro de Comercio Luis Guillermo Plata; el ministro de Protección Social Diego Palacio; la embajadora Barco y la nueva consejera presidencial. De esa forma mandan rápidamente la información que piden los demócratas. En este aspecto ha sido imprescindible la creación en ese organismo de una unidad investigadora para esclarecer los crímenes contra numerosos trabajadores.

El tercer problema para el visto bueno al TLC en Washington, el crítico de los votos, es más difícil de arreglar porque para eso se requieren, como en todos los Parlamentos del mundo, chequera gruesa y mucha manzanilla. Sobre todo desde el 7 de noviembre del año pasado, cuando la victoria de la oposición demócrata en las elecciones legislativas embolató un proceso que habría ido sobre ruedas si los republicanos de George W. Bush hubieran conservado las mayorías parlamentarias.

En plata blanca, la situación de los votos legislativos es la siguiente: Para que el Congreso gringo le dé luz verde al TLC se requieren 51 de los 100 votos en el Senado y 218 de los 435 que tiene la Cámara. Lo del Senado no le quita el sueño a Uribe, pues sabe que ese organismo suele inclinarse a favor de los tratados de comercio internacional. El gran escollo está en la Cámara, donde miran de reojo este tipo de acuerdos y cuya presidenta, la líder demócrata Nancy Pelosi, no es partidaria del TLC con Colombia, pues argumenta que en el país no se protege eficazmente a los sindicalistas. Esto no es sólo una cuestión de loables principios de la señora Pelosi. También hay que entender que en Estados Unidos los sindicatos financian buena parte de las campañas de los congresistas demócratas.

¿Cuántos votos tiene en este momento el gobierno colombiano en la Cámara de Representantes gringa? "Sin ser optimistas, unos 175 republicanos y cinco demócratas. Eso da un total de 180, o sea que nos faltan 40 ó 45 para estar tranquilos", le dijo a SEMANA un alto funcionario en Washington. Con ese panorama, el equipo dirigido por Carolina Barco y Sandra Suárez ha decidido enfilar baterías hacia este último grupo. ¿De qué manera? Hablándoles sobre Colombia, conociendo sus prioridades, contactando con las empresas que los financian y descubriendo si hay colombianos entre sus electores.

Es un trabajo engorroso que ha permitido establecer que la mayoría de esos congresistas proviene de estados grandes que comercian con Colombia, como Florida, Texas y California. Eso también explica el hecho de que la Oficina Comercial en la capital de Estados Unidos haya diseñado la estrategia conocida como Outside the Beltway (Fuera de la Circunvalar, en alusión a la avenida que rodea Washington), en desarrollo de la cual el vicepresidente, Francisco Santos, y algunos ministros como Fernando Araújo y Luis Guillermo Plata han visitado distintas ciudades norteamericanas. Paralelamente, Carolina Barco ha organizado en los últimos dos meses diversos viajes a Colombia de legisladores estadounidenses.

Un tema adicional en el que Sandra Suárez también ha constituido una bocanada de aire fresco para sacar adelante el TLC es el de los lobbystas. Hasta ahora, el gobierno ha contado con el apoyo de dos firmas en Washington. Una es Johnson, Madigan & Peck, muy conocida entre los republicanos, y la otra es Glover Park Group, con gente más cercana a la orilla demócrata, que ahora manda la parada en el Congreso gringo. Las dos firmas le cuestan al gobierno unos 50.000 dólares mensuales.

Sin embargo, cuando Sandra Suárez llegó a Palacio, descubrió que aunque hacía varios meses un grupo de pesos pesados de la industria colombiana habían ofrecido que se meterían la mano al dril para pagar más lobbystas, ni esa misión diplomática ni la Casa de Nariño les habían contestado. La nueva consejera se puso manos a la obra, habló con los industriales y concretó el tema. El resultado es que la semana pasada ese grupo de 'cacaos' contrató por una suma enorme a Patton Boggs, la compañía de lobby más poderosa de Washington. Con este apoyo, la contribución del sector privado -Andi, floricultores, etcétera- superará los 2,2 millones de dólares en 2008.

Con estas nuevas baterías, el gobierno colombiano seguirá argumentando en Washington que Colombia es el aliado por excelencia de Estados Unidos, que a los gringos no les caería nada mal abrir un mercado de 44 millones de habitantes, y que el voto en contra del TLC,más que ayudar la vida de los trabajadores colombianos, puede perjudicarlos. Lo que no se sabe es si el Congreso de Nancy Pelosi se montará en ese bus.

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