Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1993/12/06 00:00

Piropo o asedio

En un país de hombres coquetos y mal hablados, va a ser difícil establecer cuál es cuál.

Piropo o asedio

DURANTE LA ULTIMA SEmana en el país se habló de un tema que raras veces se había discutido en Colombia. A la par con las informaciones de los pormenores del caso de Miguel Angel Bermúdez, director de Coldeportes, acusado de acoso sexual por la ex funcionaria de esta entidad en Santander, María del Pilar Flórez, aumentaban en los medios de comunicación las declaraciones de mujeres furiosas que relataban episodios en los cuales el machismo de los hombres colombianos las ha ofendido.
Lo que esta encuesta espontánea demostró a primera vista es que el acoso sexual es más frecuente de lo que se piensa. Desde la más humilde empleada hasta la más alta funcionaria señalaron que este comportamiento no es extraño en las oficinas, fábricas o dependencias oficiales del país.Un sondeo callejero realizado por SEMANA al azar durante dos días mostró que el 20 por ciento de las mujeres dice haber sufrido acoso sexual en su vida laboral. Afirman que la situación tiende a ser peor en los lugares de trabajo donde hay predominancia masculina. Pero si bien las mujeres que han sido víctimas dicen que es una experiencia denigrante, muy pocas admiten que han tenido que abandonar su puesto o han sido despedidas de su trabajo por esta causa.
Al parecer, con el acoso sexual sucede como con la pornografía: nadie puede definirlo, pero todo el mundo lo reconoce cuando lo ve. Y aunque los códigos no lo definan exactamente, la semana pasada todas las mujeres parecían saber de que se trata. Pero lo cierto es que el acoso sexual es un tema complejo, y su incidencia difícil de medir. Aun en aquellos países que han legislado sobre el tema existe un amplio debate sobre qué constituye un comportamiento procesable.
Mirando las cosas desde el punto de vista jurídico, podría tomarse como un concepto universal de acoso sexual la definición adoptada por la Corte Suprema de Estados Unidos, uno de los pocos países que han legislado sobre el tema: el acoso sexual incluye no sólo abuso físico sino también verbal y ambiental. Bajo la ley estadounidense hay dos formas claramente reconocidas. La primera envuelve un "quid pro quo" -algo por algo- en el cual un trabajador es compelido a comerciar sexo a cambio de sobrevivencia profesional. En otra parte, la ley se refiere a un "ambiente de trabajo hostil" y es ahí donde el debate se abre a la discusión, ya que esta frase contempla cualquier comportamiento sexual indeseado que haga difícil para un trabajador hacer su labor, o cree un ambiente hostil u ofensivo.
Pero definir qué es un ambiente hostil o una propuesta ofensiva es un juicio subjetivo. Así las cosas, el acoso sexual puede abarcar un amplio rango de situaciones, desde los chistes obscenos y vulgares hasta las proposiciones indecorosas o los intentos de manoseo. Pero algo va de ser un galán brocha un acosador sexual. La mayoria de la gente entiende que cuando un jefe demanda a una empleada que tenga una relación sexual con él si quiere conservar su puesto, ha traspasado la linea legal. No obstante, existen infinidad de situaciones que se dan en el ámbito laboral donde comparten hombres y mujeres. Y mientras un piropo atrevido es para algunas mujeres una ofensa y una agresión, para otras simplemente un comentario jocoso o, en el peor de los casos, de mal gusto.
Las propias acusaciones que hace María del Pilar Flórez contra Miguel Angel Bermúdez, en algunas partes parecen más de un hombre ramplón desabrochado que un violador."Bueno, entonces como usted no sale con nada, olvídese que le voy a mandar plata allá para su regional...". La interpretación que se le de a esta frase puede dcpender del sentido del humor que se tenga, de la clase de relación que exista y de muchas otras variables.
DEL HALAGO AL INSULTO
A pesar de todas las definiciones que puedan darse, la opinión de los expertos es que hombres y mujeres pueden ver un comentario, un gesto o un comportamiento en una forma muy diferente. Esta discrepancia quedó demostrada en una encuesta hecha hace un tiempo en la Universidad de Arizona (Estados Unidos) para un estudio sobre acoso sexual. Se les preguntó a 1.200 hombres y mujeres si ellos considerarían "halagadora" una proposición sexual. Mientras el 67 por ciento señaló que cuando hacía este tipo de propuestas lo consideraba un "halago", sólo el 17 por ciento de las mujeres estuvo de acuerdo con eso. En contraste, el 63 por ciento de las mujeres dijo que consideraba un insulto una proposicion de este tipo. Pero esto es en Estados Unidos donde hay más puritanismo que en Colombia en estas materias. Aunque aquí no se ha medido, la tradición del piropo o incluso la del chiste verde siempre ha imperado. De otra parte, por razones culturales y machistas muchos hombres tienen inconscientemente conductas sexualme nte agresivas hacia las mujeres, que ellos mismos consideran inofensivas. Por eso la gran mayoria de los denunciados por acoso sexual se sorprenden al conocer tales acusaciones.
Lo que esto quiere decir es que en este asunto hay mucho de percepción. Hay quienes sostienen, sin embargo, que como los hombres son raramente víctimas de la violencia sexual, pueden considerar inofensiva una conducta que una mujer percibiría como una agresión. De alli que en diversos pronunciamientos de jueces estadounidenses se señala que un factor que determinaría si se trata o no de acoso s sexual es que se haga sentir amenazada a "una mujer razonable".,
Pero, ¿qué puede amenazar a una mujer razonable? No se trata simplemente de una situación bochornosa aisla da o de un hombre haciendo un indeseado avance amoroso, diciendo chistes sucios o comentarios vulgares. Este es, ante todo, un abuso de poder en el cual un trabajador, es decir una persona quien depende de su trabajo para su sustento, es llevada por un superior a sentirse vulnerable. Y como señala una feminista, "no es sólo un tema de hombres y mujeres; es un tema de intimidación económica".
Para la abogada Melba Arias Londoño, autora de Cinco formas de violencia contra la mujer, es hostigamiento sexual "cualquier propuesta,acercamiento,presión o acto de naturaleza sexual, física o verbal". Esto incluye desde un piropo ofensivo o una mirada sugestiva hasta los roces y cari cias"indeseadas y surgidas de la relación laboral", que generen unambiente hostil y "que le impida a la mujer desempeñar sus funciones con efectividad". En pocas palabras, el acoso sexual "es una manera de intimidar a las personas con la amenaza de que si se niega a los requerimientos puede ser despedida, trasladada o coaccionada a renunciar".
POCAS DENUNCIAS
El ambiente donde se siente mayor acoso sexual es en los lugares de trabajo y en las uiversidades. Y este se da de superiores a subalternos. Funcionarios del Ministerio de trabajo consultados por SEMANA coincidieron en afirmar que los casos registrados no muestran ]a verdadera dimensión del problema. De abril a la fecha han sido denunciados ante el Ministeriol2 casos de acoso sexual propiamente dicho. "Muchas veces lo que sucede es que la persona (mujer) se ve obligada a abandonar el cargo ante el persistente hostigamiento de su jefe o compañeros de trabajo y denuncia el caso. Pero a la hora de confrontar su versión con la del acusado, esta es muy distinta de la inicial y termina casi siempre acusada a su vez de abandono del cargo", dice un funcionario.
El caso de los planteles educativos es sorprendente. Segun Gustavo Flórez, jefe de la División de Escalafón del Ministerio de Educación, "el acoso sexual es una de las denuncias más frecuentes contra los profesores". La situación llevó, incluso, a que uno de los ponentes de la reforma a la Educación el senador Samuel Moreno Rojas, seviera precisado a redactar un proyecto de artículo, el 120, referido específicamente al acoso sexual. El artículo, sin embargo, no establece sanciones penales. Sólo un posible castigo laboral.
Esta impunidad es, en gran medida, la causa de que las mujeres desistan de denunciar los hechos de violencia sexual en su contra. En el Instituto de Medicina Legal, por ejemplo, se reciben diariamente un promedio de tres denuncias de mujeres sobre acoso sexual. La cifra, según una funcionaria, es apenas la punta del iceberg: "Sólo el 35 por ciento de las mujeres denuncian las agresiones sexuales porque la mayoria de los casos se queda impune al no estar expresamente contemplados en la legislación". Es más: algunas de las mujeres acosadas que han denunciado, no insisten en el proceso ante los pobres resultados obtenidos.
Pero si en la legislación colombiana la figura del acoso sexual no existe como delito, entonees ¿cómo cabria la posibilidad de sustentar una denuneia de carácter penal por acoso sexual? El abogado Heli Abel Torrado responde: "La legislacion penal colombiana no contempla de manera expresa el acoso sexual como una conducta punible, pero es evidente que si un empleador constriñe a un subalterno a hacer, tolerar u omitir alguna co sa mediante amenazas por no corresponder a sus requerimientos sexuales, o perturba o impide por estos mismos medios el libre ejercicio de la actividad laboral, podría incurrir, en el primer caso, en lo que el Código Penal califica como 'constreñimiento ilegal' (art. 276) y, en el segundo, en 'violación a la libertad de trabajo ' (art. 290) ".
¿COMO PROBARLO?
Pero aparte de la ausencia de un recurso legal explícito, cuando una persona confronta una agresión sexual por parte de sus jefes o compañeros de trabajo, la falta de denuncias obedece también a que el asedio sexual es muy difícil de probar. "Es la palabra de uno contra la de otro, y, generalmente, la de la mujer, por ser subordinada, tiene poca credibilidad", dice la sicóloga Maria Eugenia Sanchez, de la Casa de la Mujer. Y la experiencia de aquellas mujeres que han demandado muestra que,además de enfrentarse a numerosos obstáculos y del cuestionamiento público a su conducta, deben someterse a un proceso legal largo y complicado, en el que pueden pasar años entre la demanda y el veredicto final. Por eso la mayoría se guarda su rabia y prefiere no hablar del tema nunca más.
Incluso cuando las agresiones son claras y demostrables, las mismas mujeres se sienten avergonzadas, pensando que ellas fueron culpables de que esto haya sucedido. Como señala la abogada Melba Arias, "muchas de las actuaciones de la mujer, como mostrarse agradable, coqueta, atenta o tímida, son interpretadas como propiciadoras de dicho acoso". Y si bien son muchos los casos que conocen las organizaciones de apoyo a la mujer, lo cierto es que muy pocas son las que deciden presentar una denuncia formal.
Pero ser víctima de acoso sexual tiene aún más implicaciones emocionales para una mujer "Su autoestima queda muy lesionada dice la sicóloga María Eugenia Sánchez, de la Casa de la Mujer-. El único recurso, entre aquellas que tienen medios económicos, es buscar asesoria sicológica para superar el trauma.Pero desde el punto de vista legal muy pocas son lan valientes de denunciarlo, para no someterse al escarnio público".


Lo cierto es que el caso de Miguel Angel Bermúdez ha abierto, en Colombia, el debate. Y es posible que, como sucedió en el caso del juez Claren Thomas y Anita Hill en Estados Unidos, la transgresión de esa confusa línea que va del piropo ofensivo al asedio sexual lleve a las mujeres a denun- ciarlo y a los hombres a cuidarse más de lo que dicen o hacen.

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