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| 2/11/2012 12:00:00 AM

Pisando fuerte

Más que nunca antes, la Cancillería ha postulado candidaturas colombianas en los organismos internacionales. ¿Qué busca, qué puede lograr y a qué costo?

El viernes pasado Alfonso Múnera, a nombre de Colombia, fue elegido secretario de la Asociación de Estados del Caribe. Es la última victoria de la diplomacia colombiana en una larga cadena de competencias en las que no siempre ha salido airosa y en la que tiene por delante sus principales batallas por ganar. Nunca antes el país había tenido un perfil tan alto en la diplomacia mundial. En los próximos meses se definirá si el exmagistrado Humberto Sierra Porto llega a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), y si el vicepresidente Angelino Garzón alcanza la apetecida dirección de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Colombia no ha sido un país tan activo como Brasil o Chile en la diplomacia multilateral. En la corta lista de grandes cargos ocupados figuran Rafael Nieto Navia en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (1981), César Gaviria en la Secretaría de la OEA (1994), Álvaro Tirado en la Presidencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, (1995), Guillermo Perry en la representación de América Latina y el Caribe en el Banco Mundial (1996), y más recientemente Luis Alberto Moreno en el Banco Interamericano de Desarrollo (2005) y Rodrigo Escobar Gil en la CIDH (2010).

Las elecciones en los organismos multilaterales son un proceso complejo y muy competido, y normalmente para obtener una victoria es necesario pasar antes por varias derrotas. En el gobierno de Álvaro Uribe Colombia fracasó en el intento de elegir a Fernando Arboleda Ripoll y Marco Gerardo Monroy en la Corte Penal Internacional.

La administración de Juan Manuel Santos tiene una lista de más de 14 candidaturas conseguidas en 2011. La mayoría son cargos de menor importancia, pero también figura el asiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y en el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco. Expertos como Eduardo Valencia Ospina han entrado en la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas. Y aunque no fue elegida por voto, sino designada por unanimidad, también fue relevante la llegada de María Emma Mejía en la Secretaría de Unasur.

El mayor protagonismo de Colombia es la dimensión electoral de alto perfil que el gobierno nacional le ha dado a la política exterior. Ya en 2010 la Misión de Política Exterior, integrada por expertos, había sugerido "incrementar en el ámbito multilateral su perfil y protagonismo en busca de un papel más asertivo". La percepción de que Colombia ya no es un país problema sino, más bien, un país que está dejando sus problemas -resaltada por el escritor mexicano Carlos Fuentes en su columna de El País, después de su reciente visita a Colombia- ayuda a hacer viables estas aspiraciones. También resulta útil la posición tranquila y moderada del país, que sobresale entre las políticas exteriores ideologizadas y radicalizadas de vecinos como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Lo anterior, sin embargo, no garantiza el éxito de todas las candidaturas. El año pasado fue derrotado Eduardo Cifuentes en la Corte Penal Internacional. La Cancillería tampoco logró alcanzar un asiento en el Consejo Directivo de la Unesco, un foro de 58 países que se renueva cada cuatro años.

Lo que pasó con Cifuentes se explica porque en escenarios como la Asamblea de Estados Partes, donde se eligen los jueces de la CPI, los países intercambian votos según sus intereses. Esa negociación en el sistema internacional tiene un costo político e implica un desgaste. Pero también hay reglas de juego no formales que impiden o facilitan llegar a estas instancias. Una de esas reglas no explícitas es la alternancia, que se aplica en todos los foros y es un principio democrático. Debido a ella, en criterio de muchos expertos, Garzón no la tiene fácil para llegar a la OIT pues se enfrenta a una circunstancia que se podría volver adversa: el director chileno, Juan Somavía, ha estado por 13 años en el cargo. Los otros candidatos seguramente apelarán al argumento de la rotación geográfica para fortalecer sus aspiraciones.

La credibilidad del país y la representación geográfica no son los únicos elementos claves para una estrategia electoral en el plano diplomático. También juegan las posiciones adoptadas frente a los grandes temas de la realidad mundial. El año pasado, cuando se abrió el debate sobre el ingreso de Palestina a las Naciones Unidas como miembro pleno, la alianza estratégica militar de Colombia con Estados Unidos e Israel la llevó a adoptar una posición minoritaria, tanto en el contexto suramericano como en el de la ONU, donde el apoyo a Palestina es muy taquillero. En los países, o grupos de países, más radicalizados contra Israel, se podría dificultar la búsqueda de apoyos para candidaturas colombianas.

Por esta razón, no todo el mundo considera que subir el perfil externo siempre es positivo. A veces implica riesgos y costos. Socorro Ramírez, experta en relaciones internacionales, considera que no es bueno tratar de ocupar tantos escaños porque no siempre redunda en un beneficio para el país. "Algunos de esos puestos no se corresponden con las realidades ni con las expectativas que tiene Colombia", dice.

Para el excanciller Julio Londoño Paredes, por el contrario, la apuesta es ganancia, un efecto de la apertura que ha tenido Colombia en los últimos tiempos. "Independientemente de que se puedan ganar o no las candidaturas, el solo hecho de que se propongan marca una tendencia de proyección que es positiva".

La participación en escenarios internacionales, en aras de diversificar las relaciones exteriores, es muestra de otro de los cambios positivos de la política exterior colombiana. En un mundo globalizado es poco viable, e inconveniente, mantener lazos solamente con la vecindad. El acceso a mercados, inversiones, tecnología y bienes culturales de otras regiones pasa por una mayor fortaleza de los vínculos políticos y diplomáticos. El presidente Santos es muy conciente de ello. Sin embargo, la estrategia para conseguir los puestos debe enfocarse para así evitar la dispersión de los esfuerzos, y que al final el país se quede sin el pan y sin el queso.
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