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| 11/7/1994 12:00:00 AM

PISTA FALSA

Por cuenta de un homónimo, las autoridades confundieron el rumbo de la investigación por el asesinato del parlamentario Arlem Uribe.

"MI HIJO JAMAS TUVO QUE ver con narcotraficantes. El era una persona dedicada por completo a ayudar a los más necesitados. El fue siempre un hombre de bien", dijo a SEMANA Arlem Uribe Suárez, padre de Arlem Uribe Márquez, representante a la Cámara por Antioquia, asesinado en la Universidad de Medellín el pasado 19 de septiembre.

Algunas informaciones de inteligencia de los organismos de seguridad del Estado encargados de la investigación preliminar por la muerte del joven parlamentario, daban cuenta que el asesinato del representante a la Cámara bien podía estar relacionado con presuntos nexos con miembros del llamado cartel de Medellín y que el crimen, según dichas investigaciones, sería un "ajuste de cuentas entre grupos de narcotraficantes".

El padre del parlamentario desaparecido, quien trabaja en el Tribunal Superior de Medellín y goza de respeto y aprecio por parte de toda la sociedad antioqueña, sostuvo que "esas informaciones, basadas en las investigaciones de los organismos de seguridad, han causado un profundo pesar en el seno de mi familia, y al dolor de la muerte de Arlem se viene a sumar el dolor de las malas informaciones. Mi hijo siempre se caracterizó por ser honesto y honrado".

La confusión de las autoridades -y de las consecuentes publicaciones de los medios de comunicación con base en esas fuentes- parece haber tenido su origen en el hecho de que Fernando Ospina Montoya, uno de los socios fundadores de la empresa Telecentro y Cía. Ltda.-que el representante Uribe había llegado a gerenciar hace algunos años-, tiene el mismo nombre de uno de los lugartenientes del desaparecido jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, que se sometió con él en 1991 y fue recluido en la cárcel de La Catedral. Se trata de Fernando Ospina Montoya, alias el 'Gordo', quien permanece recluido en la cárcel de máxima seguridad de Itaguí, entre otras cosas porque no intervino en la fuga de La Catedral durante la noche del 21 de julio de 1992. Aparte de esa triste coincidencia, entre los dos Ospina Montoya no existe relación alguna, ni familiar, ni afectiva, ni comercial. Se trata exclusivamente de un caso de homonimia, que mantuvo por varios días a las autoridades en procura de esclarecer el asesinato de Uribe Márquez con base en una pista falsa.

El Ospina Montoya que no se encuentra en la cárcel de Itaguí explicó a SEMANA que "jamás, ni mis empresas comerciales, ni mi familia, ni yo, hemos sido vinculados a narcotráfico ni a ninguna otra actividad ilícita". Con respecto a su relación con el político asesinado dijo que, en efecto, Arlem Uribe Márquez "estuvo vinculado a Telecentro, hoy en receso, en calidad de gerente administrativo, desde donde desarrolló en beneficio de la empresa una extraordinaria labor".

Ospina Montoya sostiene que "por escritura pública #2.055 otorgada en la Notaría Séptima de Medellín el 30 de agosto de 1989 y registrada en la Cámara de Comercio de Medellín el día 31 de agosto del mismo año, en el libro 9, folio 868, bajo el número 8936, constituimos una sociedad comercial de responsabilidad limitada con la razón social de Telecentro y Cía. Ltda. En 1990 se nombró como gerente administrativo al doctor Arlem Uribe Márquez, quien ejerció sus funciones hasta que la empresa, producto de las medidas oficiales sobre apertura económica, entró en receso a finales de 1992. Sin embargo es bueno anotar que en el mes de marzo de 1991 cedí mis derechos (acciones) a los señores Julián Valencia y Adriana Valencia y desapareció todo nexo de mi parte con Telecentro, conservando sólo los de amistad con los nuevos socios".

Lo sucedido con toda la confusión surgida en torno del caso de homonimia, deja a las autoridades con las manos bastante vacías en cuanto al asesinato de Uribe Márquez y las devuelve a la posición inicial, la de un abanico de posibles autores del crimen del parlamentario, que incluye necesariamente a las distintas fuerzas violentas -guerrilla, narcotraficantes, paramilitares, etc.- que actúan en el país. Habrá que esperar una nueva pista, y además que resulte sólida. De lo contrario, el caso de Arlem Uribe pasará a engrosar la lista de expedientes no resueltos de la violencia en Colombia.
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