Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/10/05 01:23

“Colombia es un país hiperactivo y sobreexcitado”: Héctor Abad

Las columnas del escritor antioqueño sobre los acuerdos de La Habana y el plebiscito han agitado las redes con críticas acérrimas y miles de aplausos. Se ha convertido en un pepe grillo de la sociedad.

Las dos columnas más recientes del escritor publicadas en El País se titularon "Ya no me siento víctima" y "Explicar el fracaso". Foto: Fotomontaje SEMANA

Menos mal que Héctor Abad Faciolince le hizo caso a su amigo Alberto Aguirre cuando le dijo que su único camino posible en la vida era el de ser escritor.

Héctor no había cumplido 30 años y no estaba seguro de tener el talento suficiente como para lanzarse, sin paracaídas, a ese vertedero incierto que a veces es la literatura.

Estaba en Europa, huyendo de los paramilitares que habían asesinado a su padre en un andén de Medellín, en medio de una época virulenta y de desasosiego.

El consejo de Aguirre venía como una salvación. Las letras como la oportunidad de abstraerse de la guerra que tocó a su familia, que la hirió para siempre. “Las historias familiares, que son como una novela real, me han obligado a sentir y me han enseñado a pensar mucho sobre el sufrimiento, sobre la justicia y la impotencia, sobre la humillación y la rabia, sobre la venganza y el perdón. Escribir la injusticia que se cometió con mi padre, el asesinato de un hombre bueno, me curó de la necesidad de aspirar a ver en la realidad la representación de la justicia (una cárcel para los asesinos)”, escribió el pasado 6 de septiembre, en El País de España. La columna se titulaba, “Ya no me siento víctima”.

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Las opiniones que ha expresado Héctor sobre el proceso de paz están hechas de remiendos muy personales desde los cuales es posible entender lo que está ocurriendo hoy en el país. Posturas que sin embargo, no han estado lejos de levantar odios y amores extremos.

A Héctor lo tachan de antiuribista feroz. Y hay motivos para que lo piensen. En un texto que publicó en el New York Times en el 2012, decía: “Somos muchos en Colombia los que quisiéramos ver a nuestro vigoroso expresidente dando conferencias de autosuperación en el exterior. Infortunadamente, él prefiere ser una molestia en Colombia, tuiteando y sembrando problemas y alegrándose cada vez que las FARC tratan de asesinar a una figura política o ponen una bomba”.

En 2013 fue más allá y le dijo al expresidente: “Basta que un burro reviente en Pavarandocito para que usted ponga el grito en el cielo. Es como si, en vez de preocuparlo, a usted lo entusiasmaran y alegraran los actos de violencia que suceden aquí”.

Uribe, muy dado a responderles a periodistas que lo cuestionan, se defendió esa vez con un tono de cierta indiferencia: “Cuando los escritores de éxito, como el Sr. Abad, toman la decisión de intervenir en política, deben ser lo menos subjetivos posible".

En la época en la que Uribe comenzó a cuestionar con más fuerza los acuerdos del Gobierno con las FARC, Héctor, desde su tribuna en El Espectador, hizo reflexiones que terminaron volviéndose virales en internet:. “Ojalá Uribe nos hubiera dejado leer los acuerdos de Ralito; ojalá nos hubiera invitado a las víctimas a hacer las paces con los paramilitares; ojalá hubiera convocado a un plebiscito en el que yo también hubiera votado sí, como votaré en este”.

Pero más allá de las críticas del escritor a su coterráneo, no dejó de ser curioso que fuera él quien advirtiera, en junio de este año, que el acuerdo con las FARC debería haber incluido a Uribe y a los militares: “Y aquí voy a decir lo que mucha gente lamentará que yo diga: si el presidente Santos de verdad quiere hacer la paz con todo el país, debe ofrecerles a los militares, y a Uribe, y a los intereses y miedos que él representa, un trato que los cobije”.

Aunque una cosa era Uribe y otra quienes habían tomado la decisión de votar por el No. A ellos Héctor Abad les dijo a través de Semana.com: “Hay mucha rabia y resentimiento de gente que hubiera querido ser protagonista en un sueño tan antiguo como lo era alcanzar la paz con las FARC. A los que quieren votar No les diría que respeto su posición. Y a los del Sí, que no humillemos a los del No”.

Dijera lo que dijera, las opiniones de Héctor Abad cada vez se hacían más influyentes. Basado en una de sus columnas, el nobel Mario Vargas Llosa decidió pronunciarse a favor de los acuerdos de La Habana. Así y con su postura ideológica de derecha.

Pero si hubo uno de esos textos de opinión de Héctor Abad que sacudió las redes sociales fue aquel que escribió dos días después de que se conocieron los resultados del plebiscito. “Explicar el fracaso”, se titula. La columna, publicada en El País, de Madrid, hizo que el nombre del escritor fuera una de las principales tendencias esta semana.

La columna tiene la particularidad de ser tan emocional como cavilada. Es una especie de desahogo tratando de entender el resultado de un plebiscito que internacionalmente poco se entiende. Héctor les endilga a la demagogia y al populismo el haber convencido a los colombianos por el No. “Berlusconi fue el prólogo, porque en Italia son los magos del trending topic y se inventa todo antes. Vinieron Chávez, Putin, Uribe, Ortega. ¿Vendrán Trump y Le Pen? Quizá. Todos son demagogos perfectos, cleptócratas que denuncian a la vieja cleptocracia”.

Los argumentos de la columna son tozudos con los resultados del plebiscito. “El pueblo prefiere votar por ellos (por los populistas) con tal de cambiar. ¿Un salto al vacío? Sí. Es preferible el salto al vacío que el aburrimiento de la sensatez. La sensatez no da votos: produce bostezos. Y a lo que más le temen los votantes es a aburrirse. Un pueblo incapaz de aburrirse con buena música, con libros, con cultura, es un pueblo dispuesto a votar por cualquier disparate con tal de divertirse un rato”.

Los colombianos, los latinoamericanos, continúa Héctor, votan lo que votan “con tal de ver derrotados, pálidos y ojerosos a los políticos que, por llevar años en la televisión y en el poder, más detestan. Mejor cambiarlos por otros, aunque sean locos. Es una especie de borrachera, de viaje de drogas, de danza dionisíaca”.

La despachada final vino con un “Colombia es el país en el que todo es provisional, todo es por el momento, mientras tanto. Un país hiperactivo y sobreexcitado, experto en drogas estimulantes: cafeína, cocaína, nicotina, alcohol”.

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