Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/10/03 16:38

Álvaro Leyva, el dueño de la llave

El líder conservador fue una pieza clave en los diálogos, pero podría ser aún más útil en la solución de la crisis que generó el triunfo del No. Puede ser el único de la mesa con acceso al expresidente Uribe.

ÁLvaro Leyva. Foto: León Darío Peláez

La crisis política que generó la victoria del No en las urnas el pasado domingo puede estar generando un escenario que hace unos años parecería impensable. La única salida que se ve frente a los resultados es encontrar un puente entre quienes lideraron el rechazo a los acuerdos con la mesa de La Habana. Hasta el momento, quienes conocen bien el proceso por dentro sólo ven una persona que pueda cumplir ese papel: Álvaro Leyva.

El exconstituyente conservador llegó al proceso a asesorar a las FARC, después de muchos intentos de tener un papel relevante para el gobierno Santos. Y aunque al principio había cierta desconfianza de la Casa de Nariño hacia él, con el pasar de los meses el abogado demostró que tenía mucho para aportar. Él fue uno de los creadores del mecanismo de blindaje y fue quien propuso la fórmula de un acuerdo especial a la luz del Derecho Internacional Humanitario.

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Sus acciones se valorizaron en la negociación el pasado domingo pues, además de su labor como consejero, terminó siendo el único de ambos equipos con una característica que hoy vale oro: tener contacto con Álvaro Uribe. Desde cuando el expresidente tuvo esa victoria en las urnas, cualquier acercamiento se ha vuelto fundamental. Es más, es quizá la única forma de salvar el proceso.

Nadie invitó más a Uribe a participar en las conversaciones de La Habana que él. En mayo de este año, cuando Timochenko le propuso al senador Álvaro Uribe Vélez que se encontraran para sentarse a dialogar sobre los acuerdos en La Habana o en cualquier parte de Colombia, Leyva fue el mediador entre las dos partes. En esa ocasión, el exconstituyente manifestó, a través de un comunicado, que se había reunido con Uribe para hablar, entre otras cosas, sobre el proceso de paz y la oportunidad de encontrarse con el negociador de las FARC.

En ese momento, la respuesta del expresidente no fue muy alentadora: rechazó de tajo esa posibilidad. Sin embargo, Uribe se refirió a Leyva con grandes elogios y en los mejores términos, pues señaló que tenía muy buena amistad con él y que le tenía mucha confianza. También dijo que mantenían un "diálogo sincero y constructivo" y que se reunían con frecuencia.

Leyva y Uribe puede que no sean amigos, pero al lado de las enormes distancias que tiene el exmandatario con los miembros de la mesa por parte del Gobierno, la cercanía que hay entre ambos y la posibilidad de al menos enviarse mensajes convierten a Leyva en un factor esencial para lo que viene.

Se da por descontado que sin Uribe no puede existir ninguna posibilidad de que el proceso de paz salga del atasco en que lo dejaron los resultados electorales del pasado domingo. Aunque tanto Santos como Uribe aseguraron que existía la posibilidad de generar un diálogo nacional, en la práctica esto no será fácil. Ambos bandos tienen posiciones irreconciliables.

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Los que esperan que Uribe ceda sobre sus demandas muy probablemente se equivocan. Nunca lo hizo cuando las encuestas le daban más del 70 % al Sí, no lo hará ahora cuando sabe que los votantes lo respaldan. El exmandatario tiene la sartén por el mango. Todo lo que pueda hacer Leyva por lograr unos acuerdos, así sea mínimo, con el Centro Democrático, le daría un oxígeno a la crisis que hoy no se vislumbra.

¿Quién es él?

Durante los últimos cuatro años, Álvaro Leyva intentó llegarle al presidente Santos por todos los caminos posibles. Envió cartas, mandó razones, usó emisarios, llamó por teléfono. Quería que Santos oyera sus puntos de vista sobre el proceso de paz, pero nunca tuvo eco. El mandatario consideraba que este proceso, para diferenciarlo de los intentos fallidos del pasado, debía ser un proceso sin Leyva. Quizá cometió el error de no recibirlo para decírselo con claridad. Esto no impidió que Leyva llegara a La Habana a su manera y que el presidente terminara reconociéndolo como un puente con la contraparte en el momento que más lo necesitaba.

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En el 2012, cuando se iniciaron formalmente las conversaciones, en Oslo, Noruega, Leyva estaba en Suecia dictando una conferencia. Cuenta que alguien le llevó una nota con un número telefónico en La Habana. Era el teléfono de Iván Márquez, quien le pidió que viajara a la isla de inmediato. Márquez lo presentó ante la delegación de la guerrilla diciendo: “Este es el hilo conductor de la historia de los procesos de paz y una de las personas que más conocieron a nuestros comandantes”. Desde entonces se convirtió en una especie de asesor en la sombra de los insurgentes en Cuba.

Quienes conocen a Leyva de cerca aseguran que su papel ha sido muy positivo. Cuentan que animó a las FARC a decretar un cese del fuego unilateral y que fue idea suya la creación de una comisión histórica del conflicto y las víctimas, para anticipar ciertas verdades ocultas de la guerra. También que su intervención ha contribuido en algo a aterrizar a los jefes guerrilleros en las nuevas realidades políticas y para diseñar mejor sus propuestas en cada uno de los seis puntos de la agenda que se discutieron en la capital cubana.

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Pero para el Gobierno su presencia en La Habana también fue un dolor de cabeza. No porque lo vincularan orgánicamente con las FARC. Todo el mundo sabe que él es un conservador y no un comunista. Pero los delegados de Santos, que han sido tan cuidadosos con el proceso, sentían que Leyva era alguien que viajaba a Cuba sin autorización oficial y que podía convertirse en una rueda suelta que afectara el proceso.

Las prevenciones con los viajes de Leyva a La Habana crecían a medida que los diálogos se hacían más difíciles. Sus reuniones con Álvaro Uribe se veían como una conspiración para forzar la constituyente o para crear un ‘congresito’ para refrendar los acuerdos. Sospechaban que estaba buscando dilatar la firma del acuerdo final de tal forma que la foto de la paz no le tocara a Santos, y presentían que su mano estaba tras el rechazo radical de las FARC al Marco Jurídico para la Paz.

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Sin embargo, un encuentro entre él y el presidente Juan Manuel Santos, que se produjo el 29 de julio del 2015 en el apartamento del mandatario, cambió el panorama. Las conversaciones de La Habana estaban en riesgo inminente de fracasar y Santos había dado un ultimátum para llegar a un acuerdo en materia de justicia. Así que el senador Iván Cepeda y Enrique Santos propiciaron la cita en la que Leyva pudo por fin exponer sus ideas. Le dijo a Santos tres cosas: 1) Que este proceso de paz requería un modelo de justicia restaurativa. 2) Que él podía contribuir a cumplir la meta de acelerar en La Habana y desescalar en Colombia. 3) Que estaba a la orden para lo que hiciera falta con tal de salvar el proceso de paz.

Y desde entonces, para todos quedó claro que a pesar de las prevenciones que había con Leyva, en adelante jugaría un papel más importante en el proceso. El hombre que les habla al oído a las FARC ya no estaría más tras bambalinas. Y ahora cuando el proceso vive su fase más dura podría tener incluso un papel entre los protagonistas.

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