Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/09/24 00:00

La puja por la refrendación en Bogotá

Con una campaña más política que ciudadana, defensores del Sí y del No pelean uno a uno los votos de los capitalinos, definitivos para el resultado del plebiscito.

En el lado del Sí, uno de los comités más activos es Bogotá por la Paz. Óscar Iván Zuluaga, lidera la campaña por el No en Bogotá. Foto: Guillermo Torres

Apocos días de la elección, las campañas políticas por el Sí y el No tienen concentrados sus esfuerzos en Bogotá. Y no es para menos: se calcula que la capital pondrá al menos el 20 por ciento de la votación total del país. Por ahora, las encuestas señalan que la lógica electoral de los bogotanos es similar a la del resto del país, según la cual el Sí le ganaría al No con una amplia ventaja. En el caso de la ciudad, según la última realizada por Ipsos para SEMANA y RCN Radio y Televisión en septiembre, el 61 por ciento de los bogotanos inscritos votarán el plebiscito, y de ellos el 72 por ciento lo hará por el Sí.

No obstante, todas las localidades de la ciudad no se comportan de igual manera. Mediciones realizadas por ambas campañas evidencian que localidades como Usaquén y Chapinero, en las que están presentes todos los niveles socioeconómicos, el Sí va ganando. En contraste, Suba y Kennedy, dos de las más grandes, están empatadas.

Todas las campañas tienen claro que durante la última semana darán la pelea en esas dos localidades y en otros sectores del occidente que históricamente han definido la votación bogotana. Y se concentrarán en los abstencionistas que –según las encuestas– representan un 60 por ciento del total de los votantes capitalinos. Ambos equipos, que en la ciudad están representados en 16 comités promotores a favor del Sí y 1 por el No, intensificarán durante esta semana sus salidas a la calle para repartir volantes, botones y camisetas a favor de cada opción. 

En el lado del Sí, uno de los comités más activos es Bogotá por la Paz, inscrito por los concejales Roberto Hinestrosa, de Cambio Radical, Rubén Torrado, de la U, y el representante liberal a la Cámara Andrés Villamizar. Este equipo está articulado con Alfonso Prada, director del Sena y delegado por la campaña del Sí que coordina César Gaviria, quien también tiene interlocución con el Polo Social de la ministra Clara López, el Mira, el Partido Verde y Cambio Radical. En las últimas semanas este grupo ha dedicado largas jornadas para definir la dinámica del 2 de octubre, crucial en cualquier elección, y para definir su estrategia. “Nunca antes, ni siquiera en la segunda vuelta que eligió a Juan Manuel Santos, tantos partidos habíamos actuado de manera tan coordinada. La del Sí es la campaña más grande que hemos hecho en la historia de la ciudad”, dice Prada, quien en la segunda vuelta presidencial coordinó el operativo de la campaña del presidente en Bogotá. 

En términos de estrategia política, la campaña del Sí busca que los partidos se concentren en las localidades que tienen más fuerza para movilizar sus votantes a favor del plebiscito. Dado que esta es una campaña atípica sin candidaturas personales, es más difícil movilizar ediles, juntas de acción comunal y concejales. Por eso la campaña ha buscado sacar a grandes personalidades a la plaza pública. Por ello han repartido volantes los líderes del equipo negociador Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, y –en sectores donde las preferencias electorales se orientan a la izquierda– han estado presentes en manifestaciones Clara López y Gustavo Petro. La idea es evidenciar que en el Sí no solo están quienes apoyan al presidente Santos, sino todas las fuerzas políticas.

De manera independiente pero articulada, otros políticos fuertes en la capital también se están movilizando. Entre ellos, han organizado reuniones barriales tanto Cambio Radical, encabezado por los senadores Germán Varón y Carlos Fernando Galán, como La U, con los senadores Armando Benedetti y Ángel Cabrera, y el Partido Liberal, con la representante Olga Lucía Velásquez. Otra estrategia han aplicado los verdes, liderados por las parlamentarias Claudia López y Angélica Lozano, quienes se han dedicado a impulsar el Sí en las estaciones de TransMilenio. Y todos, sumados a organizaciones ciudadanas como Jóvenes por el Sí, le han dedicado horas a preparar una concurrida movilización el próximo lunes en la plaza de Bolívar a las cinco de la tarde, hora en que el gobierno y las Farc firmarán la paz en Cartagena.

En la orilla del No, el trabajo político del Centro Democrático –único partido en la ciudad que apoya esa opción– ha sido liderado por el exvicepresidente Francisco Santos y la representante Tatiana Cabello, quienes al igual que sus opositores andan con un mapa de los puestos de votación debajo del brazo tras diseñar la campaña Soy ColombiaNo. En la semana que comienza, ellos mismos saldrán a repartir volantes para rechazar la participación política de los miembros de las Farc, e insisten en que el acuerdo es “una burla a la justicia y a las víctimas”. Adicionalmente, harán recorridos en medios comunitarios y populares para explicar por qué respaldan el No.

La reciente rechifla a Óscar Iván Zuluaga, director del Centro Democrático, mientras hacía proselitismo por el No en el centro comercial Unicentro de Bogotá, evidenció que para los del No es más difícil hacer campaña en la ciudad. Así también quedó en evidencia en días pasados cuando fue convocado un debate entre el Sí y el No en un auditorio de la localidad de Fontibón. Mientras el Sí tuvo aplausos, el No tuvo poco eco. “El No se siente menos en las calles. No hemos visto grandes volanteadas, ni caravanas de ese lado”, afirma un edil de Bosa, una de las localidades preferidas por los políticos bogotanos para hacer campaña.

Varias razones explican por qué el No parece sentirse con menos fuerza en la ciudad. Por un lado, porque mientras el discurso del Sí puede vincularse a emociones positivas como la esperanza, el del No se queda en el terreno de aspectos que –como la justicia– son más racionales que emotivos: “En la calle es más fácil organizar la ‘fiesta del Sí’ que la del No”, dice la publicista Juliana Ramírez, del comité ciudadano del Sí Colombia Próximo País.

Por otra parte, en el mundo político bogotano, las figuras del Centro Democrático tienen menos trayectoria y reconocimiento que el que tienen las que están con el Sí. A pesar de que el partido de Uribe logró seis de 45 escaños del Concejo Distrital, el haberse organizado en una lista cerrada determinó que su campaña estuviera más ligada a la figura del expresidente que a la de los propios candidatos. “Somos nuevos en la política distrital y en la campaña pasada visibilizamos más el logo del Centro Democrático que nuestros perfiles. Tenemos menos capacidad de movilización que otros concejales”, afirma un cabildante del partido.

Por último, para la campaña del No ha sido difícil encontrar líderes cívicos y ciudadanos significativos capaces de movilizar electores apolíticos. En el Sí, en cambio, hay actores, escritores e intelectuales. Y en términos de exalcaldes ocurre algo similar: Antanas Mockus se puso la camiseta por el Sí, mientras que Jaime Castro decidió apoyar el No. Y no despierta el mismo entusiasmo ver a Mockus promoviendo ‘abrazatones’ por el Sí, que oír la juiciosa explicación jurídica de Castro sobre el No.

En lo que respecta al alcalde Enrique Peñalosa, en foros públicos y en las redes sociales se ha manifestado a favor de los acuerdos de paz. No obstante, en las últimas semanas ha sido cauteloso en apoyar el Sí porque le produce temor la posibilidad de que la bancada del Centro Democrático en el Concejo, con cuyo apoyo fue elegido, deje de serle incondicional. “Ya han llegado mensajes de la bancada uribista que piden la neutralidad del alcalde”, dijo a SEMANA un alto funcionario de la Administración.

Hasta ahora, las campañas ciudadanas por el Sí y por el No se han sentido poco en la ciudad, y estas se han concentrado en el terreno de los políticos. Qué tanto se movilicen los bogotanos a favor y en contra de la paz es algo que solo se sabrá el 2 de octubre. Por ahora, concejales y congresistas le apuestan a pescar entre los abstencionistas, y calculan que, como mínimo, Bogotá pondrá 2,5 millones de votos. Una cifra similar a la que tuvo en las elecciones de alcalde y aportó en la segunda vuelta presidencial. Eso quiere decir, en plata blanca, que si el Sí obtiene un poco más del 50 por ciento, eso equivaldría a la cuarta parte del umbral que necesita para ganar el plebiscito.

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