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| 9/17/2016 12:00:00 AM

Así van las campañas del No al plebiscito

A diferencia de la campaña por el Sí, ellos se caraterizan por tener un solo mensaje claro y contundente, y una estrategia única. No solo están los uribistas.

La semana pasada circularon versiones en el mundo político según las cuales la campaña del No al plebiscito, en cabeza del uribismo, podría abandonar la competencia. La especulación se dio a raíz de declaraciones del representante a la Cámara Samuel Hoyos, quien cuestionó la legitimidad del mecanismo de refrendacion de los acuerdos de La Habana e insistió en que el Centro Democrático debía dejar de participar en la contienda. “No podemos descartar la posibilidad de no participar”, dijo.

Pero a los pocos días el excandidato presidencial Óscar Iván Zuluaga despejó las dudas. De manera contundente declaró que él y sus colegas harían campaña hasta el 2 de octubre, día de la votación. Zuluaga, al igual que la mayoría de los discípulos de Álvaro Uribe, considera que llegar hasta el final hace parte de una decisión estratégica. Aunque por los resultados favorables al Sí que arrojan las últimas encuestas saben que es casi imposible que el No gane en las urnas, le apuestan a alcanzar un número de votos que los deje bien parados de cara a 2018. “Esperamos sacar como mínimo el 30 por ciento de la votación, lo cual –como mínimo– serán 3 millones y medio de votos. Esos votos representarán el apoyo con que nuestro candidato presidencial llegará a 2018. Nosotros entendemos la campaña del plebiscito como una primera vuelta”, dijo a SEMANA un alto directivo del partido de Uribe.

Esa reflexión parte de una realidad evidente. A la campaña del No se han sumado voces que no necesariamente son uribistas y que se concentran en una argumentación jurídica contra el plebiscito, como la de Jaime Castro, Hernando Yepes y Pedro Medellín –quienes inscribieron el comité promotor ‘Mejor No’—. Pero en el terreno de la política electoral el Centro Democrático es el único partido que se opone a la refrendación de los acuerdos de La Habana. Mientras siete partidos con representación electoral están del lado del Sí, solo la colectividad uribista está por el No. Y eso, en plata blanca, significa que mientras los votos del Sí serán de muchos, los del No serán mayoritariamente del uribismo.

Además del comité ‘Mejor No’, que insiste en que los acuerdos de La Habana modifican la esencia de la Constitución de 1991 y la hacen favorable al proyecto político de las Farc, hay otro actor relevante en el terreno del No: Alejandro Ordóñez. Pero aunque el exprocurador tiene vuelo propio, utiliza los mismos argumentos de Uribe para oponerse a la refrendación, que se concentran en señalar que la justicia especial para la paz no castigará eficazmente a las Farc y que no es admisible que sus líderes puedan ser elegidos. Ante la opinión, el lider del No es Álvaro Uribe.

A pesar de la popularidad del expresidente, defender argumentos a favor del No es una tarea difícil. Más aún cuando todas las encuestas coinciden en que a dos semanas de la votación el Sí ha ganado una amplia ventaja. En este contexto, la estrategia de los opositores al plebiscito se basa en dos tipos de tácticas: unas argumentales, que insisten en que si gana el No el gobierno y las Farc estarían obligados a construir un mejor acuerdo, y unas emocionales y publicitarias, que le apuestan a obtener una amplia votación el 2 de octubre.

Después de tantos intentos fracasados en los que, desde los años ochenta, los gobiernos han insistido en buscar una salida negociada al conflicto, es prácticamente imposible convencer a los colombianos de que, si gana el No, lo convenido en La Habana podrá ser renegociado. Por eso, en los días que quedan de campaña quienes están en el No –y el uribismo, sobre todo– concentrarán sus esfuerzos en tres aristas: recorrer las regiones del país exponiendo sus argumentos; aprovechar la movilización de algunos sectores evangélicos para criticar el enfoque de género de los acuerdos; y visibilizar el dolor de las víctimas por los crímenes de la guerrilla.

En cuanto a los recorridos por el país, varios líderes del Centro Democrático le dijeron a SEMANA que los congresistas de su partido orientarán el activismo en las regiones y que el expresidente Uribe concentrará su actividad en recintos gremiales y académicos. Tomaron la decisión de exponerlo poco en la plaza pública después de los cuestionamientos que le hizo un joven de Buenaventura y que se volvieron virales, y luego de la manifestación que estalló contra Óscar Iván Zuluaga cuando repartía volantes del No en Unicentro de Bogotá. “Tenemos pocas garantías. Con todo el gobierno haciendo publicidad por el Sí, para nosotros es difícil salir a la calle. No obstante, los congresistas lo haremos, activando nuestros líderes locales y regionales”, asegura la representante María Fernanda Cabal.

Desde la perspectiva de las emociones políticas, el uribismo seguirá apoyándose en el rechazo de la comunidad evangélica y sectores conservadores a la llamada ‘ideología de género’. En ningún punto de los acuerdos hay referencia alguna a esta ideología, y el enfoque de género se concentra en señalar la necesidad de generar políticas que permitan la participación equitativa de hombres y mujeres en los temas de la agenda pública. Pero algunos sectores evangélicos han expresado que los acuerdos tienen contenidos que van contra la institución de la familia. Capitalizando estas críticas, los uribistas ya han conversado con al menos cuatro de las Iglesias de proyección nacional para promover la oposicion a los acuerdos entre los feligreses y otros sectores conservadores.

Finalmente, el uribismo tiene pensado proyectar una estrategia publicitaria en redes sociales en la que difundirán testimonios de víctimas que afirman que es difícil perdonar a las Farc. En radio y televisión habrá una cuña en la que una niña le pregunta a una compañera quiénes son sus gobernantes, a lo cual ella responde que son los miembros de las Farc.

Para esta campaña se inscribieron diez comités promotores a nivel nacional. Miembros del Centro Democrático lideran la mayoría, y Jaime Castro encabeza otro de ellos. Aunque cuentan con la desventaja de ser menos que los del Sí, a su favor tienen ser una voz unificada. Uribistas, juristas o ciudadanos, el suyo es un No sin matices y rotundo.

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