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| 10/15/2016 12:00:00 AM

Congreso en modo pausa

Excepto por el debate de la reforma tributaria, la caída del “fast track” por cuenta del triunfo del No dejó al lado Legislativo en suspenso.

“Tedio”. “Silencio”. “Incertidumbre”. Con esas palabras los congresistas definen las sensaciones que perciben en los pasillos del Capitolio desde hace dos semanas, cuando ganó el No en el plebiscito. Exceptuando el debate del pasado martes en el que defensores del Sí cuestionaron duramente al Centro Democrático por la estrategia que usó para promover el No, la mayoría de las sesiones se han aplazado y los órdenes del día han quedado en suspenso.

La principal razón es que el triunfo del No frenó en seco el trabajo legislativo. Las mayorías esperaban que después del plebiscito comenzara el trámite vertiginoso, por fast track, de más de 50 proyectos que le darían vida a los acuerdos con las Farc. Los tres primeros eran la Ley de Aprobación del Acuerdo Final, la Ley de Amnistía y la Ley de Incorporación de la Jurisdicción Especial para la Paz en la Constitución Política.

En la medida en que el Acto Legislativo para la Paz determinó que el fast track solo se aplicaría si, y solo si, los acuerdos eran refrendados en el plebiscito, el gobierno no podrá presentar los proyectos con los que buscaba aterrizar lo acordado en La Habana. En términos de actividad legislativa eso implica que, más allá de unos pocos debates de control político y del trámite de la reforma tributaria y de la regionalización del presupuesto de 2017, los congresistas se quedaron sin agenda. Ni el gobierno ni ellos pensaron en dedicarse durante este semestre a algo diferente que a las iniciativas de paz. Incluso el Centro Democrático, promotor del No, había decidido concentrarse en dejar constancias en todo lo que se tramitara en el procedimiento legislativo especial. “El Congreso será el escenario en el que seguirá sonando nuestra voz, con argumentos frente a cada una de las iniciativas relacionadas en el acuerdo”, dijo el senador uribista Iván Duque a SEMANA, días después de que la Corte Constitucional aprobó la convocatoria a un plebiscito.

Pero la sensación de incertidumbre en el Congreso no solo se refiere al presente, sino que se proyecta en el mediano plazo. Todos los días senadores y representantes se reúnen en corrillos para teorizar, en voz baja, sobre el papel que asumirá el Legislativo en la solución del dilema de la paz. Y en particular, especulan sobre dos hipótesis diferentes en las que su papel sería imprescindible.

La primera de ellas es que la Corte Constitucional falle a favor una demanda interpuesta por Óscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo e Iván Duque, en la que los tres precandidatos del uribismo señalan que la reforma tuvo problemas de forma y que la convocatoria a un plebiscito fue introducida a última hora, lo que violó el principio de consecutividad. Aunque se especula sobre lo que pasaría en ese evento, lo único cierto es que el fast track tendría posibilidades de revivir. En ese contexto, el Congreso debería discutir durante los primeros meses de 2017 las iniciativas resultantes de un eventual nuevo acuerdo con las Farc. La Unidad por la Paz, de la que hacen parte todos los partidos menos el Centro Democrático, quedaría empoderada, mientras el partido de Uribe insistiría en que esa salida no tendría legitimidad. A pesar de que la demanda provino del uribismo, sus voceros ya han advertido que no sería bien visto que la corte la aprobara. “Si fallan para desconocer el plebiscito, nos tocaría salir a la calle a defender nuestro voto”, afirma el representante Samuel Hoyos.

La otra hipótesis es que sea posible ajustar los acuerdos de Cuba incluyendo algunas de las observaciones de sectores del No, y que el Congreso los desarrolle por medio de leyes ordinarias, haciendo uso de la facultad que le dio la Corte Constitucional de implementar un acuerdo de paz con proyectos de iniciativa legislativa. Este sería un trámite dispendioso, puesto que aprobar una de estas leyes suele tomar un año, sin considerar que habría que sacar adelante actos legislativos que podrían tardarse aún más.
En cualquier caso, el Congreso mantendrá un papel protagónico en la paz. El gobierno tiene el reto de conservar las mayorías con dos condiciones adversas: tramitar una reforma tributaria impopular con una bancada de oposición que –aunque minoritaria— salió fortalecida con el triunfo del No.

Por ahora, es posible prever que, en lo que queda del mandato de Santos, el gobierno seguirá contando con las dos fuerzas que le han sido más leales: el Partido Liberal y La U. En el Congreso prácticamente funcionan como una sola bancada y se dice que estarían buscando una candidatura unitaria para 2018. En el tema de la paz el gobierno también seguiría contando con la Alianza Verde, el Mira y el Polo Democrático que, a pesar de hacer duras críticas a la reforma tributaria, se la jugaron por el Sí. Cambio Radical, a pesar de las críticas del vicepresidente Germán Vargas al capítulo de justicia de los acuerdos, consolidó su lugar en la coalición del gobierno al tomar partido por el Sí.

En cambio, en el Partido Conservador no está claro lo que va a pasar. Después de que Andrés Pastrana y Marta Lucía Ramírez, dos de sus figuras más relevantes, salieron a reivindicar parte del triunfo del No, la colectividad quedó aún más divida. Y si bien hasta el momento los senadores han insistido en que seguirán haciendo parte de la Unidad Nacional, algunos representantes ya le están haciendo guiños al uribismo.

En el fondo, la permanencia de los conservadores en la coalición dependerá de la participación que mantengan en el mismo y de qué tan incluidos se sientan en proyectos de inversión. “Al contrario de lo que se cree, que un conservador quede en la Procuraduría no es tan relevante para nosotros como que el gobierno escuche nuestras peticiones para las regiones. Hasta ahora nos sentimos bien atendidos”, dijo un reconocido congresista azul a SEMANA.

Al igual que la mayoría de parlamentarios, los azules están pensando en sus campañas de 2018 y prefieren tener presencia regional –liderando inversiones– que puestos. “La plata es para conseguir votos, los puestos para sostenerlos”, dice otro congresista. Quienes esperan apoyo del gobierno están atentos a definir partidas para sus territorios en la regionalización del presupuesto de 2018, que tendrá lugar esta semana.

La gasolina de la coalición de gobierno también dependerá del tiempo que dure el entusiasmo con el Nobel de Paz del presidente Santos. Y la Unidad por la Paz –que incluye al Polo, el Mira y los verdes– dependerá de lo que suceda al final con los acuerdos con las Farc. Por ahora, lo único que se atreven a asegurar los congresistas es que, en el corto plazo, el ambiente del Capitolio seguirá en pausa. 

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