Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2002/06/17 00:00

Póker de reinas

El hombre que los colombianos eligieron por sus pantalones bien puestos sorprende al país dándoles el poder a las faldas.

Mientras muchos pensaban que Alvaro Uribe Vélez estaba en aprietos para cumplir la ley de cuotas, el nuevo presidente le terminó dando los ministerios clave a las mujeres

En su discurso de la noche en que fue elegido como presidente Alvaro Uribe dijo: "Yo no me las sé todas". Veinte días después de haber pronunciado esa memorable frase y con gabinete recién nombrado, no son pocos los observadores políticos que están llegando a la conclusión de que el nuevo Presidente o se las sabe todas o no sabe ninguna. Porque si algo quedó claro con la divulgación de los nombres de los nuevos ministros es que con Uribe las cosas son blancas o negras pero definitivamente no grises.

La capacidad de sorprender del próximo mandatario es infinita y a juzgar por sus decisiones no encaja en ningún molde tradicional y romperá muchos esquemas. De todos los nombres que se barajaban en el sonajero casi nadie acertó, y menos que varias mujeres llegaran a las carteras 'duras'. Se habló de que Enrique Peñalosa o Luis Carlos Villegas iban para la Cancillería y que Rudolf Hommes o Eduardo Pizano estaban candidatizados para Defensa.

Nada de esto se dio. El jueves pasado, por primera vez en la historia del país, fue nombrada una mujer al frente del generalato, Marta Lucía Ramírez. Y otra mujer, Carolina Barco, resultó la nueva ministra de Relaciones Exteriores. En menos de 48 horas otras cuatro mujeres, Cecilia María Vélez, Cecilia Rodríguez, Martha Pinto de Hart y María Consuelo Araújo, fueron escogidas como ministras de las carteras de Educación, Medio Ambiente, Telecomunicaciones y Cultura, respectivamente. Si el gobierno de César Gaviria fue identificado desde sus inicios con el revolcón por la llegada del kínder al poder, el de Alvaro Uribe se perfila ya como el de la revolución femenina. Cuando todo el mundo pensaba que Uribe se estaba viendo en aprietos para llenar la cuota femenina en el gabinete, que según la nueva ley (ver recuadro) debe ser del 30 por ciento, el Presidente acabó ofreciéndole al llamado 'sexo débil' la mitad del poder. Eso en términos cuantitativos —seis de 13 carteras— porque en términos cualitativos las mujeres del Presidente recibieron bastante más de la mitad.

Para empezar, la gerencia de la guerra en el frente interno —Defensa— y en el externo —Cancillería— quedó en manos de mujeres. Pero no hay que olvidar que Uribe anunció a los cuatro vientos que en su gobierno la educación no sería la misma cenicienta de siempre. Prometió crear 1.500.000 cupos escolares en educación básica y 400.000 en educación superior. Y esa tarea central también se la confió a una mujer, a Vélez. El desafío en los otros dos ministerios también es grande: la cartera ecológica será reforzada con las nuevas tareas de agua potable y vivienda. Y en telecomunicaciones los problemas por resolver no son pocos, empezando por el drama de Telecom y el enorme conflicto de intereses que involucra la pelea entre celulares y PCS. Así que el próximo gobierno se perfila como el de la mano dura, el corazón grande y las faldas bien puestas.

Toda esta revolución femenina es emocionante para el público pues lleva un fuerte mensaje de renovación, de equidad entre los hombres y las mujeres y de que el prometido cambio es en serio. En todos los corrillos no se habla de otra cosa, y a las colombianas, hasta las más antiuribistas, se les ve por estos días caminar con una sonrisa de satisfacción. Sin embargo no hay consenso alrededor de cuál será el resultado del póker de reinas que se jugó Uribe.

Ministra de ataque

Definitivamente el nombramiento de Marta Lucía Ramírez en la cartera de Defensa fue el que causó mayor estupefacción. Pocos habían imaginado que el Presidente electo, con un programa de mano dura y en la peor crisis de seguridad en la historia, se decidiera por una mujer en este cargo. Sin embargo Uribe ya había mandado una señal cuando afirmó en Madrid hace unos meses que Ramírez estaba reservada para destinos mucho más altos que una embajada y que creía que podía ser la primera mujer colombiana que podía llegar a la Presidencia.

El origen de la química entre estos dos personajes se remonta a uno de los foros de competitividad que organizó Ramírez cuando era ministra de Comercio Exterior. Uribe quedó descrestado con su capacidad de convocatoria y de ejecución. Y ella quedó impresionada porque de todos los candidatos invitados Uribe fue el único que había estudiado la totalidad de los documentos ladrilludos que les había mandado.

El anuncio de Ramírez como nueva Mindefensa causó un shock entre los militares. Incluso algún coronel aventuró un chiste al comentar que la Ministra les iba a dañar el campo de parada cuando empezara a marchar con tacones. Había sonado para la Cancillería por su conocimiento del comercio y su roce internacional, pero era una desconocida en el mundo militar. Claro está que algunos oficiales interpretaron la decisión de Uribe como la ratificación de lo que ya habían previsto: que ella será la encargada de la eficiencia y Uribe será el mariscal de campo. Es decir, que como sucedió en Antioquia en los tiempos de la gobernación, el mandatario gastará gran parte de su tiempo y de su energía en adelantar la política de defensa y seguridad y la Ministra será una mano derecha eficaz.

Se ha filtrado que Uribe inclusive pensó en nombrarse él mismo como Ministro de Defensa pero los inconvenientes de orden práctico y jurídico eran grandes. De ahí salió el concepto de que lo que necesitaba como apoyo era gerencia. No es cualquier gerente la que consiguió. Ramírez, además de eficiente, ha cultivado unas excelentes relaciones con los empresarios y nadie mejor que ella para convencerlos de que financien el nuevo impuesto de guerra.

"No me importa si el ministro es hombre o es mujer, sino que sea una ejecutiva capaz de conseguirnos los medios para ganar la guerra", dijo un coronel que se mostró satisfecho con el nombramiento.

La nueva Ministra tiene la ventaja de que puede ser lo más parecido a Uribe en estilo: ambos perfeccionistas, madrugadores, adictos al trabajo, eficientes y con poco sentido del humor. Con toda seguridad los militares se encontrarán con unos jefes que no tendrán problema en seguirles el disciplinado ritmo militar.

Y es que no le va a sobrar tiempo para todo lo que hay por hacer en el campo de batalla. Para empezar, continuar la reestructuración que con éxito empezó el ex ministro Luis Fernando Ramírez: recortar la burocracia donde sobra y reorientar recursos donde hacen falta; atacar la corrupción que afecta a varias áreas de la Fuerza Pública y conseguir a los pocos expertos que tiene hoy el país en materia de seguridad nacional para que llenen los vacíos que tiene en este terreno, y en donde improvisar es demasiado costoso.

La diplomatica

Del nombramiento de Carolina Barco como canciller lo primero que hay que decir es que debió sorprenderla a ella más que al país. La hija del ex presidente liberal tiene alcurnia, inteligencia, estilo de vida y empaque para ser una gran Canciller. Lo único que no tiene es experiencia en ese cargo. Pero experiencia tampoco tenían Noemí Sanín ni María Emma Mejía cuando llegaron y las dos fueron ministras estrellas de sus respectivos gobiernos. Y si bien Barco no es experta en asuntos internacionales, es reconocida como una funcionaria trabajadora, responsable y consagrada. "Es la más diplomática de las funcionarias con las que he trabajado, dijo el alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, actual jefe de Barco, que es directora de Planeación Distrital. Enfrenta los problemas con suavidad y a la vez con autoridad". Además tiene una formación técnica inmejorable: socióloga de la Universidad de Wellesley (Estados Unidos), maestra en administración de empresas de España y especializada en estudios urbanos del prestigioso instituto MIT.

Su formación gerencial le servirá para cumplir con el compromiso del presidente Uribe de 'adelgazar' la Cancillería. En un país de desempleo y palancas no va a ser fácil cerrar 17 embajadas y múltiples consulados. Muchas serán las intrigas que le llegarán a la nueva Canciller para distribuir lo poco que le quede de la diplomacia. En esa materia los aspirantes burocráticos van a encontrar un muro infranqueable, porque si bien Carolina es accesible heredó de su padre Virgilio Barco y de su madre Carolina Isaakson una cordial pero diplomática distancia que se ha convertido en un sello familiar.

En el frente más importante que tendrá que manejar, las relaciones con Estados Unidos, el camino se ve despejado. No sólo por tener sangre materna estadounidense sino porque con el experimentado embajador en Washington, Luis Alberto Moreno, podrá hacer una dupla aún más exitosa que la de Moreno-Fernández de Soto.

En donde las cosas pueden ser más difíciles es en la tarea que tendrá de reconstruir la confianza y las alianzas entre los países europeos, que quedaron algo desilusionados con la incoherencia del proceso de paz del actual gobierno, que les pidió que en un santiamén pasaran de ser países amigos de la negociación y se reunieran con las Farc a ser países amigos de la guerra, condenables por no declarar de inmediato terroristas a las Farc.

También tendrá bajo su responsabilidad mejorar las relaciones con Venezuela, bajo el controvertido mando de Hugo Chávez. "Es un contraste total: Carolina sofisticada y refinada, y Chávez populachero y básico. Serán como la bella y la bestia", dijo con ironía alguien que los conoce a los dos. Finalmente, Barco tendrá bajo su responsabilidad el chicharrón del pleito con Nicaragua por las islas de San Andrés que por primera vez se encuentran en los estrados de la Corte Internacional de La Haya. Nada fáciles, pues, los retos de la nueva Canciller.

Las otras cartas

Cecilia María Vélez, la nueva ministra de Educación, es sin duda la persona más idónea para el cargo que comenzará a desempeñar a partir del 7 de agosto. Su experiencia como secretaria de Educación de Bogotá habla por sí sola cuando de gestionar los recursos públicos y crear cupos escolares se está hablando. Además ha estado muy sintonizada con el trabajo del actual ministro, Francisco José Lloreda, en materia de evaluación académica. Su trabajo en el Distrito la ha enfrentado a los poderosos sindicatos del magisterio, por lo que manejar a Fecode no le será difícil. Por otro lado, su concepción de una educación que lleve recursos a donde están los estudiantes mediante inversión, programas de concesión y evaluación de competencias ha demostrado con creces sus beneficios en Bogotá.

María Consuelo Araújo en la cartera de Cultura es considerado un nombramiento lógico. Con ella, el Presidente mata varios pájaros de un tiro. Por un lado le da cuota a la Costa, que se comenzaba a preocupar por su ausencia en el gabinete. Por otro, era una promoción razonable para una persona que había desempeñado un papel importante en el Jardín Botánico y trabajado muy bien en el Instituto Distrital de Recreación y Deporte de Bogotá. En la administración Mockus es percibida como una mujer ejecutiva que consigue resultados con escaso presupuesto. Y por último, es un homenaje a su tía Consuelo Araújo Noguera, la Cacica, quien también había sido ministra de Cultura y cuya muerte a manos de las Farc se convirtió en un símbolo más de la maldición del secuestro en Colombia.

La designación de la senadora Cecilia Rodríguez en el Ministerio del Medio Ambiente es una bofetada a la clase política costeña ya que Rodríguez entró al Congreso de la mano de la lista de Ingrid Betancourt, la enemiga número uno de la politiquería. No saber del tema de su cartera —que siempre es un handicap— se puede subsanar con una gerencia pública eficiente y con la selección de un buen equipo de trabajo. El nombramiento maneja un perfil distinto al del actual ministro, Juan Mayr, que goza de una importante proyección internacional en los temas de bioseguridad y que ha hecho una buena gestión.

Martha Pinto de Hart recibe una cartera de Comunicaciones con duros retos, como la entrada de los PCS, el manejo de Telecom y el futuro de la regulación de la televisión. Esta bumanguesa hizo parte de la junta directiva de la campaña y está casada con César de Hart, ex presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia y persona cercana a Uribe. Pinto de Hart ha gerenciado empresas familiares y desde hace 14 años dirige los parques recreativos de Bucaramanga, por lo cual hay más de un experto en el sector de las comunicaciones que levantó la ceja cuando oyó su nombramiento y ha manifestado sus inquietudes sobre el futuro de su sector.

Tacones cercanos

La decisión de Uribe no sólo marca un giro radical por el número y el peso de las mujeres que nombró. También hay un cambio en el tipo de mujeres. Colombia es desde hace unos años líder en América Latina en la apertura de espacios a las mujeres en terrenos por general reservados para los hombres. En el sector financiero, en la industria, en los medios de comunicación, las mujeres colombianas han sido gerentes, presidentas, directoras y columnistas de opinión tomadas tan en serio como cualquier hombre. Y los gobiernos, desde Alfonso López Michelsen, también pusieron su cuota en este liderazgo nombrando ministras en carteras poderosas como Trabajo y Relaciones Exteriores cuando en otros países eso era impensable. En ese sentido, mujeres como Noemí Sanín primero y María Emma Mejía o Ingrid Betancourt después fueron pioneras en abrirles las puertas del poder a las colombianas. Estas mujeres llegaron más por su carisma, su inteligencia, su manejo de las relaciones públicas y su capacidad de trabajo que por sus conocimientos técnicos. Y es en este campo, el técnico, en el que el equipo de Uribe es novedoso: casi todas llegan a sus carteras por su formación.

Nombrar mujeres de este perfil y en cargos como el de Defensa tiene además un ingrediente pedagógico para un país donde todavía hay demasiado machismo. Se envía el mensaje de que si una mujer puede conducir la guerra entonces puede hacer cualquier cosa. Ya no hay terrenos vedados. Ahora bien, eso es una arma de doble filo: como toda apuesta audaz puede fracasar. Y si eso sucede no será sólo la persona a la que se culpe sino a su condición de mujer. Si triunfa, será un gran salto para todas las colombianas.

El laboratorio de nueva politica

Si hay alguien que debe estar más contento hoy que las mujeres es Enrique Peñalosa. Tres de sus colaboradoras quedaron en el gabinete y una en la Casa de Nariño: Cecilia María Vélez, que fue su secretaria de Educación estrella; Consuelo Araújo, que fue directora del Jardín Botánico; Carolina Barco en Planeación Distrital y Alicia Arango —que será la secretaria privada del Presidente— estuvo con él en el Instituto de Recreación y Deportes. Pero contrario a lo que muchos piensan no son cuotas peñalosistas. Ni el ex alcalde pidió esos cupos, ni Uribe le ha dado, en ninguno de los nombramientos del gabinete, cuotas políticas a nadie. "Yo no tuve nada que ver con los nombramientos. Fue una feliz sorpresa. Dentro del concepto tradicional de cuotas, que es tener a alguien que le haga favores a uno, yo no tengo nada que ver en este gobierno", dijo Peñalosa a SEMANA.

Los nombramientos obedecen más a que Uribe buscaba construir un equipo más técnico que político y del que se conocieran más sus resultados que su retórica. Y en estas funcionarias encontró lo que buscaba: las cuatro han demostrado ser buenas ejecutivas, dedicadas y comprometidas.

Lo que demuestra esto es que el gobierno de Bogotá bajo Mockus y Peñalosa sirvió como una especie de laboratorio de formación en la gestión pública. Un semillero de la nueva forma de hacer política en Colombia. Los ciudadanos han visto resultados tangibles y éstos, más que el populismo retórico de antaño, es lo que cuenta.

Habrá que ver, sin embargo, si las exitosas experiencias locales, en las que sin duda Bogotá es la de mayor continuidad, se pueden trasladar a nivel nacional. Una cosa es gerenciar Bogotá con recursos suficientes y con una autonomía presupuestal frente al Concejo y otra muy distinta es gobernar a Colombia, casi en la quiebra y con un Congreso que tiene gran poder de veto.

Más cuando Uribe ha optado por escoger un gabinete antipolítico por excelencia. Y cuando tiene al sector liberal oficialista ofendido y maltratado, pues no tuvo ninguna representación en el gabinete. Horacio Serpa y Ernesto Samper quedaron blanqueados. Lo que es taquillero para el público y marca un nuevo estilo en la forma de gobernar puede, no obstante, afectar la gobernabilidad. Nombrar todo un equipo de gobierno sin ninguna representación política va a producir, inexorablemente, serios conflictos con la clase política tradicional, con la cual es necesario gobernar. Ese choque de trenes —que vendrá tarde que temprano— es de alto riesgo en un país cuya economía está al filo del abismo y cuyo Estado se está desintegrando. Dada la difícil coyuntura, el gobierno sin el Congreso queda cojo y manco para hacer las reformas que necesita.

Las cartas están echadas y las apuestas son altas. Y en la política, como en el póker, cuando se arriesga mucho se puede ganar en grande, pero también se puede perder todo. Uribe ha destapado sus cartas. Falta ver cómo le reviran sus oponentes.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.