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| 12/10/2011 12:00:00 AM

Polo a tierra

Antonio Navarro, viejo aliado de Gustavo Petro en el M-19, curiosamente le aportará al nuevo gabinete distrital experiencia, moderación y pragmatismo.

Antonio Navarro está empacando maletas para viajar a Bogotá. La participación del gobernador saliente de Nariño en el gabinete del gobierno distrital de Gustavo Petro está confirmada. Lo más seguro es que sea el próximo secretario de Gobierno. Lo cual es todo un hecho político: no solo por la trayectoria de Navarro -que en los noventa fue presidenciable-, sino por lo que significa que un exguerrillero se convierta en la mano derecha de otro excombatiente como Petro.

La paradoja es que Navarro no es visto como alguien que, al sumarse a Petro, ayudará a consolidar un proyecto radical. Su perfil lo proyecta más como un factor moderador en el próximo gobierno de Bogotá. Su incorporación al equipo petrista le da una dimensión nacional al equipo distrital y contrarresta las críticas que le llueven al alcalde electo por su falta de experiencia administrativa. Porque Petro, como le repetía su rival Enrique Peñalosa en los debates durante la campaña, no ha administrado "ni siquiera un parqueadero".

Navarro, en cambio, tiene una hoja de vida que combina una larga carrera política con cargos que han puesto a prueba su capacidad gerencial. Además de su trayectoria parlamentaria -fue presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, representante a la Cámara y senador-, fue ministro de Salud en el gobierno de César Gaviria (1990), alcalde de Pasto (1995-1997) y gobernador de Nariño (2008-2011). En los dos últimos, de naturaleza ejecutiva, salió bien librado en materia de ejecución presupuestal. En su paso por la Alcaldía fue galardonado por varias instituciones como Mejor Alcalde de Colombia y en la Gobernación tuvo que capotear una situación difícil producto de los ataques de la guerrilla a distintas poblaciones, la actuación de las bandas criminales, el invierno y el derrumbe de las pirámides, entre otras. Estos antecedentes serán un gran aporte para Petro.

La otra característica de Navarro que encaja con las necesidades de Petro como alcalde es su pragmatismo. El actual gobernador es conocido por tener una personalidad fría y enfocada a la búsqueda de resultados. En la izquierda lo han criticado por neoliberal y si algo ha compartido con Petro en los últimos años, es su crítica hacia los sectores radicales de la izquierda. Navarro-Petro fue la llave que apoyó a María Emma Mejía en la consulta interna del Polo para escoger su candidato a la Alcaldía de Bogotá en 2007, en la que, al final, Samuel Moreno resultó vencedor. En los últimos cuatro años, desde que es gobernador, Navarro ha estado distanciado de las directivas del Polo.

Y el movimiento Progresistas, como lo dejó claro Gustavo Petro en su discurso de victoria, busca convertirse en una alternativa de izquierda moderada con proyección nacional que de alguna manera retoma el hilo perdido de los proyectos políticos anteriores a la creación del actual Polo Democrático en los que se encontraron Petro y Navarro: la AD-M19 y el Frente Social y Político. Una izquierda capaz de aliarse con sectores que no han militado en los partidos tradicionales -como el Moir y el Partido Comunista- pero que pueden compartir objetivos comunes.

Petro llamó a Navarro no solo por un cálculo político, sino por la empatía que tienen desde los tiempos en que ayudaron a la creación de la Constitución del 91 con la receta del "sancocho nacional", ideada por Jaime Bateman. Saben que tienen en sus manos una oportunidad histórica de recomponer un proyecto alternativo e incluyente, que aunque ha tenido conquistas, aún no ha logrado llegar a la Casa de Nariño. A Navarro, el triunfo de Petro y el espacio que encontró en el gabinete distrital le cayeron como un salvavidas. Después de haber sido alcalde y gobernador en su tierra, ya no tenía mucho más que hacer en la política regional, y en el panorama nacional su pertenencia al Polo Democrático, donde no se sentía cómodo, era una camisa de fuerza que lo dejaba sin muchas opciones.

Ahora se le ha abierto un nuevo horizonte. Navarro acompañaría a Petro en la Alcaldía durante el primer año y medio, hasta que cumpla 65 años (según la ley, esa edad es el tope para ser funcionario), y después se dedicaría a la tarea de consolidar el movimiento Progresistas como un proyecto político duradero. Incluso podría ser su candidato presidencial en 2014. Hasta el momento, Progresistas ha sido un show de un solo protagonista -Petro-, pero si quiere ir más allá de la Alcaldía de Bogotá, necesita figuras con reconocimiento y peso político. Navarro y los Progresistas se necesitan mutuamente.

Además de buscar la convergencia con otros sectores, el trabajo del actual gobernador de Nariño consistirá en volver realidad lo que Petro prometió durante la campaña electoral en materia de seguridad y de participación. El exconstituyente tuvo una buena relación con la Policía de su departamento, de acompañamiento y supervisión. Y tuvo éxito en la implementación del modelo de presupuestos participativos, que busca que la ciudadanía sea la que decida y vigile la ejecución de los dineros públicos. A pesar de su pasado en la guerrilla y de su fe en el diálogo para terminar el conflicto, muchos asocian a Navarro con la mano dura en materia de seguridad.

Pero una cosa es administrar un departamento con los problemas de Nariño, azotado por el conflicto armado y con escasez de recursos, y otra muy distinta lidiar con los problemas de Bogotá. La delincuencia urbana tiene expresiones como el sicariato, el robo simple, la microextorsión, el microtráfico y el fleteo, entre otras formas organizadas de crimen, que la hacen diferente. Además, la administración del presupuesto de la capital, diez veces más grande que la del departamento, supone un reto mayor en el que la participación es importante, pero también la ejecución técnica con resultados inmediatos.

Navarro vuelve a Bogotá, donde comenzó su carrera después de los acuerdos de paz del M-19, en 1990. Y regresa al gobierno, pero al de la ciudad. La misión no es fácil: deberá ser el polo a tierra de una administración que, antes de iniciarse, se encuentra en medio de la polémica.
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