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| 10/10/2009 12:00:00 AM

A poner la cara

El Niño sigue azotando el país. El presidente Uribe pide economizar energía y agua para evitar un apagón. ¿Quiénes son los responsables?

Pocas personas pueden entender lo que está pasando con el gas en Colombia, aunque la única verdad es que el país está al borde de un racionamiento drástico de este servicio.

Hasta el momento, las explicaciones han estado relacionadas con lo especialmente duro del fenómeno de El Niño. Y los datos sin duda son para preocuparse: el nivel de los embalses es del 67 por ciento -el más bajo en los últimos seis años-, septiembre fue el mes más seco en 12 años, el termómetro de Colombia marca 4 grados más de la temperatura normal y se espera que la temporada seca vaya hasta marzo.

En la medida en que los embalses no producen energía, se deben encender las termoeléctricas que funcionan con gas y se reduce significativamente el suministro de éste. Al propio presidente Álvaro Uribe le tocó salir la semana pasada a pedirles a los colombianos que ahorren en el consumo para evitar racionamientos de agua, energía y gas.

Pero aún no se ha entrado en el debate de quién es el responsable de que esto esté ocurriendo. Aun más ahora cuando se volvió un asunto nacional, no un problema de unos cuantos taxistas a los que no se les puede vender gas para tanquear. ¿Por qué llegó el país a esta situación?

El senador José David Name, quien en el Congreso se ha dedicado a estos temas, señala al Ministerio de Minas como uno de los responsables. "Esto que estamos viviendo es el resultado de una mala decisión y de un error de planeación cometido hace aproximadamente cuatro años, cuando el Ministerio de Minas no amplió el gasoducto hacia el interior del país, pese a recomendaciones que advertían sobre la necesidad de aumentar la capacidad de distribución de la red".

Sin duda el sistema energético le está quedando apretado a un país en crecimiento como Colombia. Y así lo ratifican los productores de gas, que dicen tener reservas almacenadas, pero que no hay un tubo por donde mandarlas al centro del país.

Aquí quienes tendrían que responder son el ministro de Minas, Hernán Martínez, y su antecesor, Luis Ernesto Mejía, que han manejado la política energética durante los últimos siete años.

Pero también le puede caber culpa a la Creg. La Comisión de Regulación debió expedir en 2005 unas nuevas reglas de juego para el sector y no lo ha hecho. En la medida en que no está esa regulación, que entre otras define topes a las tarifas del transporte de gas por el tubo, los empresarios del sector no se animan a invertir. Transportadores como TGI (antes Ecogás) no le metieron dinero a ampliar sus gasoductos porque no sabían cómo iban a recuperar esa inversión.

Al problema de la falta de infraestructura para transportar el gas se suma el hecho de que las empresas productoras tienen la sartén por el mango. Hay dos modalidades de contrato para la venta de gas y se ha impuesto el llamado 'contrato interrumpible', es decir, contratos que tienen libertad de precio, generan menos obligaciones a los productores como Chevron y Ecopetrol y se puede cortar el suministro en cualquier momento. Hoy buena parte del negocio del gas se hace día a día y cualquier eventualidad -como el clima- puede dar al traste con su suministro.

Y como si fueran pocos los líos del negocio del gas, también se ha detectado una demora en la expansión en el sector eléctrico que termina afectando el suministro general de energía. Aunque ahora hay un boom de nuevos proyectos, desde el último fenómeno de El Niño, hace 12 años, no se han concluido inversiones significativas. En ese mismo lapso, la demanda de energía y gas creció desaforadamente. Un elemento más que deja al país demasiado vulnerable frente a los fenómenos climáticos.

En este momento la incertidumbre es muy grande. Los primeros signos son preocupantes; ante el primer ataque de El Niño el país tuvo que tomar ya una decisión estratégica: escoger entre generar energía eléctrica o suministrarles gas a cerca de 300.000 usuarios tan importantes como los taxistas. ¿Qué otras duras decisiones vendrán más adelante? ¿Quién tiene la culpa?.
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