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| 7/24/1995 12:00:00 AM

POPULISMO A LA VISTA

Este cura mesiánico, incendiario y marxista va a dar mucho de que hablar de aquí en adelante.

INDEPENDIENTEMENTE DE qué opinión se tenga sobre él, el cura Bernardo Hoyos es sin duda alguna un fenómeno de masas. Sus simpatizantes lo asocian con la palabra carisma y sus detractores con la palabra demagogia. Pero en lo que las dos partes están de acuerdo es en que se va a oír mucho de él de ahora en adelante. Su aparición en la política nacional representa el regreso del populismo, entendiendo por esto la posibilidad de conseguir adeptos con base en el resentimiento social. Sus antecesores en estas lides han sido Jorge Eliécer Gaitán y el general Gustavo Rojas Pinilla. Y aunque Hoyos apenas está despegando políticamente a nivel nacional, ha dado claros indicios de que no piensa quedarse por debajo de ninguno de ellos.
Su meta es llegar al poder. No deja de ser anacrónico que intente hacerlo con banderas izquierdistas que se pensaban enterradas luego de la caída del comunismo. El cura es auténticamente de extrema izquierda. Quienes lo conocen ideológicamente llegan a asociarlo con el ELN. Sin embargo, es pragmático y ha coqueteado políticamente con el M-19. En todo caso lo que ni siquiera el niega es que es marxista.
Paradójicamente, combina este radicalismo ideológico con ciertas actitudes fachistoides. Cree en los símbolos del poder, en la disciplina y en el manejo de imagen. Siempre se desplaza con un anillo de subalternos que lo hacen ver automáticamente como el jefe. Llega tarde a todas partes para crear expectativa y maximizar su impacto. Su oratoria combina una voz suave y melódica con un contenido incendiario. En esto se parece un poco a Fidel Castro, quien maneja a la perfección este mismo contraste.
En lo que no se parece a casi nadie es en una utilización calculada que hace de las groserías. Cuando su auditorio ya está cautivado le da la estocada final con un desahogo verbal. Recientemente afirmó en televisión que "este país es una mierda". También manifestó públicamente que "todos los políticos son unos hijos de puta". Ahora recientemente se ha vuelto figura nacional repitiendo "todos estamos untados". Estas declaraciones, además de despertar grandes titulares, son las que la gente quiere oír. Cuando el pueblo oye hablar así a un dirigente, y más a un cura, siente que esa persona está con él, que piensa lo mismo que él y que va a hacer aquello que él quiere que se haga.
Todo esto parece funcionarle a este paisa costeñizado de 55 años. Y le es tan útil que hace 15 días realizó en Barranquilla una convocatoria por la paz sin ron ni papayera -dos elementos claves para asegurar audiencia-, y la Plaza de la Paz en 'La Arenosa' se llenó por completo. Desde hace cuatro meses está recorriendo el país y todas las visitas que hace las realiza el en los cordones de miseria de las grandes ciudades. En esos lugares, con su discurso de izquierda está logrando acaparar cada día más adeptos. Lo que ha desconcertado a varios es su facilidad de llenar plazas en lugares donde supuestamente no puede ser muy conocido.
El padre es uno de los políticos contemporáneos que se ha subido al tren de los antipolíticos. Hoy, junto con Antanas Mockus y los también sacerdotes alcaldes de Montería y Cúcuta, Luis Alfonso León y Pauselino Camargo, conforma quizás uno de los mayores fenómenos políticos del momento. Claro que hay una gran diferencia entre el cura Hoyos y sus colegas. El, contrario a los demás, es incendiario. Le gusta formar escándalos y cazar peleas con cualquiera que sea. No permite que nadie lo critique. Si alguien se atreve a hacerlo, lo considera un enemigo. Es tan orgulloso que en Barranquilla pocos olvidan la tarde de febrero de 1993 en que, en ese entonces alcalde de la ciudad, fue invitado al estadio Tomás Arrieta para hacer el lanzamiento de honor del encuentro de béisbol entre Cuba y Colombia. Cuando el cura estaba en el diamante listo para lanzar a home, un aficionado le gritó: "¡Tú que vas a saber de lanzar bola. Un cachaco no sabe de eso!". De inmediato Hoyos, irritado, se volteó y miró fijamente al aficionado. Y luego de terminada la ceremonia inaugural, el padre ingresó a la tribuna, subió hasta la última grada, lo buscó, y frente a mujeres y niños comenzó a insultarlo públicamente.
Este controvertido personaje aspira ahora a ser Presidente de la República. Es consciente de que con su personalidad mesiánica y su oratoria incendiaria le ha llegado su cuarto de hora. La inmensa popularidad con la que salió de la alcaldía de Barranquilla lo ha llevado a la conclusión de que ningún puesto le queda grande. Su estrategia para llegar al poder, según algunos de sus allegados, es jugar un papel clave en la búsqueda de la desmovilización de la guerrilla en Colombia. Se afirma que no descarta ser el representante de los alzados en armas en esta negociación. En todo caso, la semana pasada lo que hizo fue ser el representante del narcotráfico. Sólo el tiempo dirá si esto es versatilidad u oportunismo.
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