Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/12/2015 8:10:00 AM

Ordenan capturas por asesinato del periodista Luis Cervantes

Al cumplirse un año exactamente del homicidio del periodista en Tarazá, la Fiscalía anuncia imputaciones a los supuestos autores materiales e intelectuales del crimen.

La vida del periodista Luis Cervantes comenzó a enredarse el mismo día en que decidió hacer preguntas. Era abril del año 2010 y este joven se desempeñaba como corresponsal de Teleantioquia Noticias en el Bajo Cauca antioqueño.
 
Aquella vez y tal como lo registró la hoy desaparecida Asociación de Periodistas de Antioquia (APA), Cervantes se presentó al comando de la Policía de Tarazá para pedir información sobre la captura de un sargento al que habían sorprendido con un armamento que pertenecía, al parecer, a bandas criminales.
 
En la visita, Cervantes dijo haber sido agredido física y verbalmente por el patrullero Alexánder Garzón, quien supuestamente lo llamó “sapo”.
 
“En adelante recibe las primeras amenazas aparentemente de grupos ilegales de esa zona. Inicialmente no es clara la procedencia de las amenazas, pero se dieron por parte de hombres que lo visitaron en su residencia y le advirtieron que no informara más sobre el tema de bandas criminales en la región”, dice el informe de la APA.
 
Y fue en septiembre 5 que Luis Carlos recibió cuatro mensajes de texto en los que le decían, “te vamos a matar por sapo”. A partir de ese momento, este periodista, casado y con un hijo, recibió un esquema de protección que constaba de tres escoltas y una camioneta sin blindajes.
 
Pero las amenazas no pararon ahí. Para el 25 de junio del 2011 un hombre llamó a la casa de Cervantes para decir que “le había calentado el parche”, por informar de la captura en el municipio de Cáceres de ocho presuntos miembros de Los Rastrojos y Los Urabeños, estos últimos hoy conocidos como El Clan Úsuga.
 
Miembros de esta banda criminal le notificaron a Luis Carlos que se abstuviera de emitir cualquier información de la administración de Tarazá, especialmente sobre “vacunas” o extorsiones que supuestamente entregaba la Alcaldía y el hospital. “En esa ocasión le advirtieron que lo iban a matar con o sin escoltas”, continúa el informe de APA.
 
En Tarazá los rumores siempre apuntaban a un nombre: Javier Vega Osorio, alias “Morroco”, cabecilla del Clan Úsuga, capturado por el Gaula del Ejército solo hasta mayo del 2015, y considerado el terror de la región.
 
Fue por eso que en adelante la labor de Cervantes se tornó insostenible en el pueblo. El 27 de octubre del 2011 varios hombres encendieron a piedras su casa. El ataque ocurrió luego de varios episodios que dificultaron la labor de Cervantes en temporada electoral y que incluyeron la circulación de un panfleto en el que se denigraba de su trabajo. “Cervantes denunció presuntas amenazas por parte de la candidata del partido Liberal a la Alcaldía de Tarazá, Gladys Vides Luján. Este caso fue puesto en conocimiento ante la Fiscalía local”, informó aquella vez APA.
 
Pero el asunto se puso de mal en peor. En el 2012, año en que una granada estalló al frente de su casa, Cervantes comenzó a creer en la posibilidad de que realmente lo iban matar. Con el transcurrir de los meses, a Luis no le continuaron el contrato en Teleantioquia, por quejas que había sobre su desempeño. Y comenzó cada vez más a dejar de ejercer su labor, hasta que terminó poniendo música en la emisora Morena FM.
 
En varias oportunidades la Unidad Nacional de Protección intentó retirar y reducir el esquema que le habían asignado, pero Fecolper (Federación Colombiana de Periodistas) intercedió con asesoría y acompañamiento, con el argumento de que las amenazas venían de vieja de data.
 
Antes de su muerte, Cervantes alcanzó a decir que, si le retiraban el esquema de seguridad, seguro lo mataban. El 23 de julio del 2014 tuvo que irse definitivamente de Tarazá por nuevos mensajes de texto amenazantes, aún cuando en Medellín no tenía un lugar ni si quiera para alojarse. En el pueblo se quedaron su hijo y su esposa.
 
Una vez en Medellín, Cervantes interpuso la denuncia en la Fiscalía. Sin embargo, el mismo 23 la UNP le informó que le retirarían el esquema de seguridad pues el Comité de Evaluación de Riesgo e Implementación de Medidas (Cerrem) determinó un riesgo ordinario. ¿La razón? Según un comunicado de la UNP, no había un nexo causal entre la labor de periodista y la amenaza.
 
Lo cierto es que el testimonio de Cervantes, tal como lo corroboraron en su momento los miembros de APA, ya no gozaba de credibilidad en el seno del Cerrem, aún cuando había una denuncia en Fiscalía por nuevas amenazas y aún cuando el deber del Estado es proteger la vida de los ciudadanos, independientemente de su oficio.
 
Estando en Medellín, ya decepcionado de no recibir respuestas, el periodista acudió a la Flip, a la Gobernación de Antioquia, a la Alcaldía de Medellín y a la Policía. Pero nadie le dio respuestas.
 
Pocos días antes de su muerte, el semblante de Luis en algo reverdeció cuando funcionarios de la UNP le hicieron un nuevo estudio de seguridad. Con la promesa de que en veinte días le enviaban la notificación, Cervantes se fue para Montería a esperar. Pero la respuesta no alcanzó a llegar. Cervantes murió a tiros regresando en moto a Tarazá, el mismo lugar donde sabía que acabaría su destino.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1834

PORTADA

El peligro inminente de los otros grupos violentos

La bomba del Andino deja claro que terminada la guerra con las Farc aún quedan otros grupos armados. ¿Cuáles son y qué peligro representan?