Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/12/2006 12:00:00 AM

Por el bien de todos

Este lunes se entrega el Premio Nacional de Paz. Los 115 proyectos que se postularon demuestran que en Colombia hay capital humano de sobra.

Mientras un puñado de hombres y mujeres se dedica a la guerra, llena de sangre los titulares de la prensa y crea la sensación de que el país se hunde irremediablemente, miles de anónimos colombianos deshacen el camino de los guerreros. Son grupos y personas que trabajan bien sea en derechos humanos, en pactos de reconciliación, en resistencia civil, en proyectos de sustitución de cultivos. Pocas veces con apoyo del gobierno, otras con recursos de cooperación internacional, y siempre con las uñas. Esas son las experiencias que cada diciembre son reconocidas con el Premio Nacional de Paz que, a lo largo de siete años, ha recibido más de mil postulaciones. Este año se recibieron 115 propuestas de todos los rincones del país, una de las cuales será premiada el próximo lunes. SEMANA hace un perfil de las tres iniciativas más opcionadas para ganar el premio en la versión 2005. La hermana de Urabá Hace 12 años, cuando Urabá estaba en su momento más crítico de violencia, monseñor Isaías Duarte Cancino les pidió a las monjas de La Presentación que le mandaran a alguien para que le ayudara con las cientos de viudas que había en la región. Mujeres que, una vez sus maridos eran asesinados, quedaban en la absoluta miseria. Analfabetas, sin saber cómo ganarse la vida, llenas de hijos y, como si fuera poco, horrorizadas por la violencia. Entonces la hermana Carolina María Agudelo llegó a la región, con un plan a seis meses, que se prolongaron hasta ahora y que no parecen tener final, porque el número de viudas sigue creciendo. La hermana Carolina creó la Fundación Compartir Precovicom, que les ha dado asistencia en estos años a 1.755 viudas y 5.292 huérfanos. Se trata de programas de capacitación, proyectos productivos y también atención de emergencia. "El trabajo ha sido con las familias. No sólo con la viuda, sino con los hijos, porque a ellos les quedan muchos resentimientos, miedo y la autoestima muy baja. "dice. Los principales proyectos que lidera actualmente son cinco pre cooperativas donde trabajan algunas de las mujeres y sus hijos, dos de las cuales son fincas donde se produce de manera colectiva. También tiene un hogar donde se les brinda alimentación y refuerzo educativo a mil niños. Esta labor ha sido posible gracias a algo de cooperación internacional, y en buena medida a empresarios colombianos como Arturo Calle, Prebel y la Comercializadora Del Monte. Adicionalmente, cuenta con la colaboración de la Red de Solidaridad social y de un plan padrino. Una Diócesis que mueve cielo y tierra Hace seis años, el padre Jorge Luis Mazo e Iñigo Eguiluz, un español que trabajaba con la cooperación internacional ayudando a la gente más pobre de Chocó, viajaban por el Atrato, rumbo a Quibdó, cuando su lancha fue brutalmente embestida por otra nave más veloz, conducida por paramilitares. El sacerdote y el cooperante murieron en las raudas aguas chocoanas. Pero lo que no lograron los paramilitares fue frenar el ímpetu de los programas sociales de la Diócesis de Quibdó, que desde tiempo atrás le ha tendido la mano a la gente más olvidada de Colombia. Los afrocolombianos y los indígenas que viven en el que es, quizá, el departamento más rico del país. "Apoyamos las organizaciones de base de la gente, la cultura popular como una manera de resistir a la guerra, hacemos festivales, tenemos una escuela de música pero, además, acompañamos a las comunidades en la defensa de su territorio, del medio ambiente, contra la predación minera y maderera" dice el padre Napoleón García. En ese sentido, la Diócesis se ha encargado de documentar científicamente el daño ambiental y social que están llevando ciertos cultivos de palma a la región. Y que, si bien no ha logrado frenar el crecimiento denodado de estos, hizo que la Defensoría y la Procuraduría pusieran en alerta al país sobre el riesgo de que éstos cultivos no sólo se estén haciendo en tierras que pertenecen a las comunidades negras, sino que hagan parte de una estrategia de guerra de los paramilitares. También fue esta Diócesis una de las tres que denunció este año, con enorme valor civil, la connivencia de algunos miembros de la Fuerza Pública con los paramilitares en el río Atrato. La guerra en la región no cede. Y el hambre se volvió un arma de guerra. Tanto paramilitares como guerrilla hacen retenes, saquean y roban lo poco que la gente lleva para sus casas en el campo. Por eso la Diócesis tiene un barco, el 'Arca de Noé', que recorre el río para llevar comida a esos lugares remotos donde hay bloqueos. Y aunque es relativamente respetado por pertenecer a la iglesia, en una ocasión las Farc lo saquearon. Esta labor ha sido posible gracias al apoyo que la Diócesis ha recibido de las Iglesias del mundo, como la alemana, la francesa, y organizaciones de Naciones Unidas como Acnur y Unicef. A pesar de lo mucho que ha hecho, la iglesia chocoana tiene cada vez más por hacer. Cada día las Farc, los paramilitares del Bloque Élmer Cárdenas y en más de una ocasión las Fuerzas Militares, siguen atropellando a la pacífica gente de esta riquísima región. La liga de Cartagena Donde termina la Cartagena de los hoteles de cinco estrellas y los restaurantes de lujo, empieza otra que se parece más al África que a una postal del 'Corralito de piedra'. Muchos ni siquiera son barrios. Algunos son apenas islotes donde la gente ha llegado a vivir huyendo de la guerra. Cómo será la guerra, que prefieren vivir entre el fango a regresar al tronar de las balas en sus veredas. Allí, en medio del hacinamiento y la desesperanza, empezó hace seis años un proyecto de mujeres: La Liga de Mujeres Desplazadas, en la que participan 300 mujeres, la mayoría víctimas de la violencia política y, muchas veces también, de la violencia en sus casas. Por eso esta organización trabaja en el campo humanitario pensando en los problemas peculiares de las mujeres. "La mayoría de las desplazadas son mujeres. Tenemos casos de violación, de tortura", dice Patricia Guerrero, abogada de derechos humanos que impulsó esta iniciativa. Actualmente, la Liga está construyendo 98 viviendas para mujeres desplazadas, con ladrillos hechos por ellas mismas y con su propia mano de obra. También tiene un proyecto agrícola donde se han sembrado 30 hectáreas de fríjol, dos centros de atención para las mujeres y tres refugios infantiles donde se les brinda alimentos y recreación a los niños. Estos tres proyectos son apenas una muestra de lo que diariamente se mueve en el país. La decisión final sobre el ganador será tomada por el jurado del Premio Nacional de Paz, presidido por Juan Luis Mejía y compuesto por el ex ministro Augusto Ramírez Ocampo; el historiador Jorge Orlando Melo; el general retirado Manuel José Bonnet; la curadora Cristina Lleras; Ana Teresa Bernal, miembro de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación; Rodrigo Gutiérrez; el padre Darío Echeverri, de la Comisión de Conciliación. La entrega del Premio, que consiste en 60 millones de pesos, se realizará el próximo lunes 5 de diciembre en el auditorio del Museo Nacional, y contará con la presencia de los ganadores, así como los directores de medios de comunicación y entidades que convocan el premio: El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, El Tiempo, El Colombiano, Caracol Radio, Caracol Televisión, la revista SEMANA y la Friedrich Ebert Stiftung en Colombia (Fescol).
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.