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| 11/3/2007 12:00:00 AM

Por una bolsa de harina

Un periodista colombiano está preso en Nueva York acusado de narcotráfico. Pero su negocio era importar alimentos típicos, como arepas, para emigrantes.

Durante 20 años Humberto Gómez ejerció la profesión de periodista en Colombia, hasta el día en que le dio por soñar con sacar adelante un buen negocio en Estados Unidos. Había llegado a Nueva York en 2002, pues su esposa, la periodista Rocío Prieto, había sido nombrada vicecónsul en la Gran Manzana. Después de un año, buscaron la oportunidad de radicarse en New Jersey y él se dedicó a importar una de las grandes pasiones de los colombianos: la comida. Y entre los productos no podía faltar la harina para las delicias típicas de los miles de compatriotas que tratan de salir adelante en la tierra del Tío Sam: arepas, empanadas y tamales.

Pero de importar el ingrediente indispensable para complacer la 'nostalgia' de sus paisanos, Gómez pasó a ser señalado por la DEA como distribuidor de la 'harina' más peligrosa del mundo: la cocaína. Hoy está preso en el Metropolitan Detention Center, una cárcel federal en Brooklyn, Nueva York, en donde hay 120 reclusos, de los cuales 102 han llegado de la cárcel de Cómbita en Boyacá por vínculos con el narcotráfico. "Yo no lo puedo creer todavía. ¡Soy inocente! Tienen que creerme", les ha dicho Gómez en una carta a cientos de periodistas que se han unido para apoyarlo a través del portal Facebook.

Para adelantar su negocio, Gómez entró en contacto con Luis Carlos Conde, un comerciante que tenía una sociedad de intermediación aduanera y le enviaba sus pedidos a Estados Unidos. Pero después de varios años de trabajar con él, comenzó a notar que su actitud era extraña e incluso pensó en dejar el negocio. Y sus sospechas, para su desgracia, eran compartidas por la DEA. Esa organización comenzó a investigar a Conde, y comprobó que se había convertido en narcotraficante. Hace un mes Conde fue detenido en Bogotá y hoy está en la cárcel de Cómbita en espera de ser extraditado a Nueva York. "Cuando yo llegue allá voy a decir lo mismo que les comenté a dos señores de la DEA aquí en la cárcel. Que el señor Gómez era un simple cliente que no tiene nada que ver con el problema en el que yo me metí. Yo le mandaba productos alimenticios como Ricamasa, Chocorramo o achiras. Yo jamás tuve un negocio ilegal con él. Lo involucraron porque hablaba conmigo por teléfono para los pedidos", le dijo Conde a SEMANA desde la cárcel de Cómbita.

La desgracia de Gómez comenzó cuando la DEA lo vinculó a las pesquisas. Cuatro conversaciones telefónicas con Conde fueron suficientes. "¿Cuánto me vale una paca de 20 kilos de Ricamasa?", le pregunta Gómez a Conde. "12 con 50", le contesta. Y en otra de las llamadas, a las cuales tuvo acceso SEMANA, el periodista le pregunta cuánto vale mandar el kilo de harina por mar. A pesar de que Gómez en dos de las cuatro conversaciones habla de productos con nombre propio como Rama, Rama sin sal, Ricamasa y le pide bocadillos veleños y achiras, la DEA interpreta estos diálogos de modo muy diferente. La harina precocida de maíz pasó a ser cocaína y el solo hecho de hablar de kilos y de mar terminó por señalarlo como el enlace de la organización de Conde para importar y distribuir la droga en Miami, donde Gómez jamás ha tenido ni un cliente ni un negocio.

Los últimos cinco años de su vida han girado alrededor de los supermercados y restaurantes latinos de las calles de New Jersey y de Nueva York en donde ya tenía 300 clientes a quienes les vendía desde la harina para las arepas, hasta achiras, papa criolla, panela, jugos Hit y mojarra. Pero Gómez no ha sido el único que se ha visto atrapado en esta investigación. Luis Alberto Valencia, dueño de la empresa Arepas El Carriel, exportadora para Miami de masa y de toda clase de arepas, estuvo a punto de vivir la misma pesadilla del periodista. Hace dos años conoció a Conde en El Dorado, quien después de muchos meses de ganarse su confianza, le propuso invertir en su negocio. "Yo ponía una parte de la plata y él la otra. Las exportaciones de sus productos como achiras y jugos, las hacíamos con mis facturas para asegurar que la plata entrara a mi nombre. El día en que me dijeron que la mercancía iba contaminada el susto fue impresionante, pero gracias a Dios que yo no estoy en la cárcel y se demostró en la Fiscalía colombiana que yo no tenía nada que ver en el asunto. El mismo Conde dijo que yo era inocente", le dijo a SEMANA Valencia.

Gómez busca desesperadamente probar su inocencia, pero su situación no puede ser peor. Un abogado norteamericano le cobró 25.000 dólares sólo para representarlo en una audiencia ante la Corte, y le dio el consejo usual para estos casos: "El hecho de ser colombiano es un agravante. Es mejor que se declare culpable a cambio de una condena de cinco años, en dos saldría libre", le propuso. Sin vacilar un segundo, rechazó la oferta. La semana pasada, en la primera audiencia ante el juez Richard Sullivan, insistió en su inocencia. Pero nada garantiza que la justicia norteamericana, acostumbrada a condenar colombianos sin mayor fórmula de juicio, le crea.
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