Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/03/12 00:00

Por el buen camino

Aunque los bogotanos no lo perciben, la criminalidad de la ciudad ya está por debajo de la de Washington.

Por el buen camino

Bogotá ha soportado por décadas la ignominiosa etiqueta de ser una de las ciudades más inseguras del país, e incluso del mundo. Y no es una imagen que se haya ganado gratuitamente. Durante años la capital de Colombia encabezó los listados internacionales de estadísticas delincuenciales al lado de algunas ciudades de países africanos. Las frecuentes historias de robos, asaltos a residencias y homicidios, entre tantos otros delitos, ayudaron a que se percibiera como un nido de delincuentes. Pero desde hace dos años las cosas están cambiando. Y esto es algo que se ha podido percibir especialmente en los últimos meses.

La ciudad está dejando, a un ritmo acelerado, las tormentosas épocas en las que los delincuentes eran amos y señores de las calles. Aunque evidentemente está lejos de ser Estocolmo, resulta sorprendente el gran descenso en los índices de criminalidad, en particular en el homicidio. Hace cinco años era la segunda en el mundo con el mayor número de asesinatos. Hoy, según las estadísticas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Bogotá es una de las ciudades del continente americano con una de las cifras más bajas de homicidio, ranking que tristemente lideran otras dos capitales colombianas: Medellín y Cali (ver recuadros).

Las estadísticas del BID revelaron un dato que para muchos no deja de ser sorprendente: mientras que en Washington, capital de Estados Unidos, son asesinadas 73 personas por cada 100.000 habitantes, en la capital colombiana solamente 39. La cifra es significativa, sin duda alguna. Pero lo realmente importante es que la tasa de homicidios de Bogotá cayó 35 por ciento en el último año.

Además de los homicidios, los delitos de impacto social, que incluyen también el atraco callejero, el robo de vehículos, viviendas, bancos y establecimientos comerciales, también han disminuido significativamente comparados con años anteriores (ver gráfico). Según datos del Centro de Investigaciones Criminológicas tan sólo en los seis primeros días de febrero los atracos callejeros registraron una reducción del 50,5 por ciento, tendencia que venía de meses atrás. “Hemos tenido noches sin un solo muerto”, dijo a SEMANA el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, general Jorge Enrique Linares.



La ley de la calle

Aunque las cifras son contundentes y muestran que la mayoría de los delitos han descendido en más de un 30 por ciento los bogotanos aún no sienten estos cambios. Según el promedio de las estadísticas trimestrales del observatorio de seguridad de la Cámara de Comercio de Bogotá tan sólo un 20 por ciento de los encuestados percibe que los niveles de seguridad de Bogotá han mejorado.

En la avenida Caracas, uno de los sitios en donde históricamente se han registrado elevados índices de atracos, las cifras de raponazos y robos han descendido en un 76 por ciento en los últimos dos meses. Según el general Linares, esto se debe a que a raíz de la entrada en funcionamiento del sistema Transmilenio se trazó un plan de presencia permanente de uniformados en las terminales y a lo largo de las rutas, lo que ha permitido un control eficaz y permanente.

Pero esta no es la única cifra significativa. Graves delitos, como el secuestro y el terrorismo, sufrieron una reducción de, 85 y 40 por ciento respectivamente. Lo realmente notable es que estos descensos se han conseguido con una cifra no menos impresionante. En Bogotá tan sólo hay 190 policías por cada 100.000 habitantes mientras que en el resto de capitales de Latinoamérica el promedio es de 500 o más policías por 100.000 habitantes. ¿Pero si hay tan poca presencia de las autoridades en las calles qué ha hecho de Bogotá una ciudad más segura?

Para el director de la Policía Metropolitana los resultados que hoy se están viendo son el producto de un plan de seguridad integral en el que participan la Policía, la Alcaldía y el programa presidencia de seguridad y convivencia ciudadana. Frente a la falta de personal parte de la estrategia ha consistido en conservar, fortalecer y rediseñar algunos programas que ya venían en marcha desde la administración Peñalosa, los cuales ya habían demostrado su efectividad en la prevención de delitos, como las escuelas y los frentes de seguridad ciudadanos, los CAI y las cámaras de vigilancia en sitios estratégicos.

Aunque estos factores, que involucran directamente a la comunidad, han sido importantes en la lucha contra la delincuencia en los dos últimos años, gran parte del éxito se debe a la implementación y rediseño de estrategias policiales. La creación de grupos élite especializados en cada uno de los delitos de impacto social , así como la masiva utilización de policías encubiertos, ha permitido una mayor eficiencia que se ve reflejada en el decrecimiento de los delitos. “Esos grupos se especializan en combatir delitos específicos, lo que permite que los policías conozcan perfectamente los modus operandi de, por ejemplo, las bandas de asaltantes de bancos o jaladores de carros. Esto les da herramientas a los policías para conseguir una mayor eficacia en la prevención y represión de los delitos”, dijo el general Linares.

Otra de las nuevas herramientas que ha permitido el descenso de la inseguridad es la decisión de manejar los problemas de delincuencia con un enfoque gerencial. Se descentralizó la lucha con el nombramiento de oficiales de alto rango en cada una de las 20 localidades en las que está dividida la ciudad. Aunque están coordinados permanentemente por la dirección metropolitana, los comandantes de cada una de estas zonas maneja una gran autonomía que, al mismo tiempo que les permite ser más eficientes, los obliga a comprometerse y entregar resultados muy concretos. Hoy las cifras revelan la efectividad de estas estrategias que lentamente le están cambiando la cara a Bogotá.

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