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| 4/1/1985 12:00:00 AM

¿POR FIN HABLA SOTO?

SEMANA tuvo oportunidad de ver la controvertida entrevista a Roberto Soto

Yamid Amat y Mauricio Gómez se encontraban frente al televisor en casa de Julio Sánchez Cristo, con sendos vasos de whisky en sus manos, rodeados de amigos y tensos ante lo que ambos anticipaban que podía llegar a ser el mayor golpe periodístico de sus carreras: el especial "Al fin habló Soto", en el cual, por primera vez, el sindicado del robo de 13,5 millones de dólares se le iba a medir a un enfrentamiento con la prensa. A las 7 y 43 de la noche del martes 26, con trece interminables minutos de retraso en la programación, terminó el noticiero 24 Horas, pero en lugar de aparecer las primeras imágenes del esperado reportaje, los televidentes se encontraron con la fría presencia de una locutora de Inravisión, quien dio lectura a un lacónico comunicado de tres párrafos. En medio de elogios a la calidad periodística del trabajo, se informaba que su transmisión había quedado aplazada hasta cuando "el Tribunal Superior de Bogotá haya fallado el recurso que actualmente se encuentra a su consideración" y más adelante agregaba que "si el Tribunal, conocido el programa, considera del caso que puede emitirse porque no entorpece la investigación, Inravisión procederá de conformidad".
Esta filigrana jurídica quería decir en realidad que el gobierno se asustó ante la protesta que diversos sectores expresaron porque se le diera acceso a los canales del Estado a un hombre llamado a juicio, acusado de ser el cerebro del desfalco en eféctivo más grande que se haya perpetrado contra éste en la historia de Colombia.
El tecnicismo invocado era respetable e ingenioso. El gobierno se las arreglaba para no aparecer censurando el programa, sino respetando los fueros de la justicia. El problema es que en este proceso le botaba la pelota al Tribunal Superior, convirtiéndolo en la práctica en censor, atribución que a los magistrados no se les había pasado por la cabeza reclamar o ejercer, como lo aclararon el viernes. Al negarse el Tribunal a asumir como competencia suya esta decisión, dejaba en el aire el argumento del gobierno, con lo cual, al final de la semana, parecía posible que el especial pudiera llegar a ser emitido en breve. Sobre todo si se tiene en cuenta que Inravisión, en el comunicado del martes, había señalado que de su parte no existía problema alguno para autorizar la emisión.
SEMANA tuvo la oportunidad de ver en privado el material en cuestión y no hay duda de que la posibilidad de su transmisión oportuna es una buena noticia para el periodismo nacional. "Al fin habló Soto" marca un hito en la historia del periodismo de televisión en Colombia. En un país donde las entrevistas generalmente son improvisadas y la relación entre el personaje y el periodista es de complacencia o incluso de complicidad, la de Soto es un mano a mano real digno de cualquier gran reportaje de la televisión norteamericana. Amat y Gómez duraron 3 meses preparándose para la entrevista. Se leyeron cuanto documento pudieron recopilar sobre el caso, llegando en ocasiones a encerrarse hasta por dos o tres días en medio de cerros de papeles como en examen final de bachillerato, con fin de adquirir un perfecto dominio del tema. Estas sesiones incluían prácticas en las cuales uno de ellos jugaba el papel de Soto teniendo que defenderse de las preguntas de su colega, para que éste a su vez fuera preparando una contrapregunta para cada respuesta.
Toda esta preparación produjo un total de 14 horas de grabación en dos agotadoras sesiones en Viena con Soto Prieto. Esto fue complementado con reportajes en la cárcel Modelo con varios de los demás implicado para obtener sus puntos de vista sobre explicaciones de Soto. Cerca de 20 horas totales de filmación fueron condensadas en una versión final de una hora y 40 minutos, tras diez días de maratónicas sesiones de edición. Para darle agilidad visual, se agregaron los más modernos efectos especiales por cuenta de Julio Sánchez Cristo. Si se tiene en cuenta el costo del desplazamiento de tres personas a Viena (los acompañó el camarógrafo John Jairo Vásquez), el tiempo invertido por los dos periodistas y Sánchez Cristo y la utilización prácticamente de tiempo completo del equipo de Producciones JES, el valor del programa no sería inferior a 5 millones de pesos.
Hasta el último centavo invertido en este esfuerzo puede verse en el producto final. Tanto desde el punto de vista periodístico como de montaje, el resultado es impecable. En este género de entrevista extensa basada en profunda investigación, no solamente es lo mejor que se ha hecho hasta ahora en Colombia, sino probablemente lo primero. Las técnicas utilizadas resultarán familiares para todos los televidentes que han visto "60 minutos". El entrevistado es sometido a un proceso de acorralamiento alrededor de cada uno de los puntos claves del caso. Esto implica un fogueo de preguntas y contrapreguntas en busca de contradicciones e incoherencias.
Simultáneamente, la cámara juega un papel importantísimo reflejando las expresiones faciales que acompañan cada reacción del personaje. Más que una entrevista, lo que puede verse es un juego de ajedrez en el cual los dos jugadores son del mismo calibre. Y o obstante tratarse de un tema especializado que pudiera ser considerado demasiado técnico para el televidente común, Amat y Gómez lograron que a partida que se jugó resulte intereante para cualquier espectador. Al cierre de esta edición quedaba por verse si los colombianos iban a poder decidir por ellos mismos cuál fue el ganador. -
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