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| 8/9/2012 12:00:00 AM

Por una herencia, hermanos ordenaron asesinar a su padre

Cindy y Fernando Arias habrían mandado matar a su progenitor para quedarse con la fortuna que el hombre tenía en varias propiedades de Caquetá. Fueron capturados.

Un crimen ocurrido el 6 de noviembre del 2010 en Florencia, Caquetá, tuvo un desenlace inesperado para los investigadores adscritos a la Policía de ese departamento. Ese día, sobre las 4:00 a. m., Gustavo Arias, reconocido comerciante de esa ciudad, fue asesinado en la gallera Matecaña, de su propiedad.
 
Arias se encontraba en compañía de Andrés Trujillo, un empleado suyo que murió también al ser blanco de las balas que salieron de una pistola nueve milímetros. En principio se manejó la hipótesis de un robo toda vez que los dos hombres hacían caja de lo que se vendió durante la noche. Sin embargo, tal teoría se desvirtuó ya que las ganancias se encontraron en el local.
 
A partir de entonces, los investigadores empezaron a armar el rompecabezas del crimen de Arias, quien, además de la gallera, era propietario de un motel en Florencia y fincas en cercanías a esa capital, entre otros negocios. Una fortuna nada despreciable, que este hombre forjó con el paso de los años.
 
Poco después del sepelio de Arias, los hijos se hicieron cargo de las propiedades. Cindy Lorena se convirtió en la administradora del amoblado, mientras que Roosvelt Fernando, el menor, quedó a cargo de la gallera. Los otros bienes empezaron a ser vendidos, por lo cual se valieron de un abogado para que les ayudara con los trámites legales.
 
Para la época de los hechos, Cindy era la novia de un joven llamado Féner Trujllo, pero esa relación se terminó. Sin embargo, sería este hombre quien entregara un dato valioso sobre los autores del crimen.
 
Durante una noche de parranda, Féner, ya pasado de tragos, dijo que quienes habían mandado matar a Gustavo Arias eran sus hijos. Esa información llegó a oídos de la Policía, que decidió indagar a los jóvenes para corroborar el dato.
 
Algunas inconsistencias en los relatos fueron claves para que primero se capturara a Roosvelt y luego a Cindy, a quienes les imputaron los cargos de homicidio agravado y concierto para delinquir. Pese a que no aceptaron los delitos, fueron enviados a la cárcel El Cunduy de Florencia.
 
"Ambos son señalados de ser los presuntos autores intelectuales del homicidio de su señor padre, con el fin de acceder a la herencia de este comerciante que tenia varios negocios muy lucrativos en la ciudad", explicó el comandante de la Policía en el departamento, coronel Carlos Vargas.
 
El interrogante que falta por resolver es quién disparó contra la humanidad de Gustavo Arias. La investigación da cuenta de que los dos hermanos habrían concertado el crimen en compañía de un primo de ellos, sobrino del comerciante, quien sería el que accionó el gatillo.
 
La planeación del asesinato se fraguó un mes antes de perpetrarse y se había decidido que fuera un sábado, día en el que más movimiento de apostadores hay en la gallera para así camuflar la idea de que era un robo y desviar la atención de las autoridades.
 
En principio, no estaba en los planes matar al empleado de Gustavo, pero al parecer quiso evitar el atentado y murió en el intento. "Estamos tras la pista de este sujeto, ya que se encuentra prófugo de la Justicia", precisó el coronel Vargas.
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