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| 6/4/1990 12:00:00 AM

Por un millón de dólares

Otro dolor de cabeza para Colombia: la financiación del ELN a traves del secuestro de extranjeros.

Si el objetivo político del ELN ha sido volar oleoductos, su objetivo económico ha sido indiscutiblemente el secuestro y la amenaza a funcionarios y empresarios extranjeros. Es por esto que la revelación de que el ELN recibió en abril pasado un millón de dólares por la liberación del empresario taurino español Pedro Martín Berrocal, no resultó sorprendente.
Secuestrado el 9 de agosto del año pasado en Quito, cuando salia de la plaza de toros de la capital ecuatoriana, adquirida por el hace dos años, Berrocal permaneció en manos de sus secuestradores 250 días. Durante ese lapso, la prensa española y la ecuatoriana tejieron toda suerte de versiones acerca de quienes podrían ser sus captores y las negociaciones que la familia estaba llevando a cabo para el rescate. Inicialmente se le atribuyó el secuestro a la mafia colombiana, la cual -se decía- había penetrado la tauromaquia y la utilizaba para el lavado de dólares.
Muy pronto, sin embargo, empezó a coger fuerza una segunda versión que a la postre resultó ser la verdadera. Los captores de Berrocal -a quien un grupo de uniformados había interceptado en frente de la casa de uno de sus socios en el negocio de la plaza de toros- pertenecía a un grupo guerrillero ecuatoriano conocido como "Montoneras Patria Libre", el cual tendría su origen en el ELN colombiano. Inmediatamente, tanto la familia del empresario como las autoridades españolas que tras bambalinas coordinaban la negociación del rescate, negaron la versión. No obstante, la prensa española logró establecer que unos días después del secuestro se iniciaron en Bogotá las conversaciones entre los "elenos" y los representantes de la familia Berrocal, quienes desde un principio estuvieron apoyados directamente por el ministerio del Interior español, el cual envió a Ecuador y a Colombia un inspector de policía y un comandante de la guardia civil para que asumieran personalmente las gestiones, coordinadas desde las embajadas de España en los dos países.
La suma inicial exigida por los "elenos" era 10 millones de dólares, una cifra que inclusive para un empresario millonario como Berrocal resultaba descomunal. En el transcurso de las negociaciones, en las cuales la figura clave -según la revista española Interviu- fue un antiguo misionero seglar de origen español, dedicado a la industria pesquera en la costa atlántica colombiana, el monto logró reducirse a la décima parte, pero no sin dificultades. Uno de los momentos álgidos de las gestiones tuvo lugar a mediados de marzo pasado cuando los secuestradores le dieron a los representantes del gobierno español un ultimatum: el ELN aceptaba rebajar la cifra a un millón de dólares, ni un dolar menos, y exigía, además, la entrega prácticamente inmediata del dinero en efectivo. Para hacer ver la firmeza de sus amenazas, los "elenos" hicieron llegar una carta manuscrita y una grabación de Berrocal.
Fue así como desde Madrid, dos guardias civiles transportaron en un maletín el millón de dólares que -franqueando todas las barreras aeroportuarias y de aduanas- le fue entregado en Bogotá al ELN. Cuarenta y ocho horas después, el pasado 15 de abril, Berrocal fue liberado en Quito. Una vez más, el ELN se salió con la suya en una transacción millonaria cuya víctima es un extranjero. Y al parecer tampoco esta será la última. El pasado 28 de abril se produjo en la frontera entre Colombia y Ecuador un nuevo secuestro cuyas características apuntan directamente a otro golpe combinado entre el ELN y "Montoneras Patria Libre": el del geólogo norteamericano Scott Heyndal, funcionario de una compañía minera de Estados Unidos. En esta ocasión las exigencias de los secuestradores, aun desconocidas, no se hicieron esperar, y no se descarta que el ELN esté a las puertas de hacerse a otra suma millonaria.
Estas historias plantean interrogantes serios no solo sobre las verdaderas intenciones de un grupo guerrillero que acaba de anunciar una tregua unilateral, sino sobre la necesidad de que las autoridades colombianas fijen una posición sobre estos casos. "No podemos seguir cruzados de brazos -le dijo a SEMANA un oficial del ejército- mientras desde el extranjero se financia el terrorismo".
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