Sábado, 21 de enero de 2017

| 2008/05/10 00:00

¿Por qué cree que el Comisionado de Paz es un ‘razonero’?

El periodista Juan Carlos Pastrana le responde a María Isabel Rueda.

Entre los 158 años, de historia del Partido Conservador y los 24 meses de vida de los partidos uribistas, siempre es que hay un trecho

M.I.R.: Sobra aclarar que en esta entrevista no va a hablar en nombre de su hermano Andrés…
J.C.P.: Sobra aclarar que yo no soy el comisionado de paz de Andrés Pastrana. Ni comisionado de nadie.

M.I.R.: Usted es un experto en titulares. ¿Cómo titularía el momento que atraviesa el país?
J.C.P.: ¡Uribe, no me Corte!

M.I.R.: (Risas). Produjo gran sorpresa que usted, a quien siempre se ha identificado más como periodista que como político, se lanzara a pedirle de frente la renuncia al directorio del Partido Conservador…
J.C.P.: Sencillamente me sentí con el deber de reflexionar sobre el Partido Conservador y sobre los partidos en general.

M.I.R.: ¿Está de acuerdo con los planteamientos de Luis Carlos Restrepo, en el sentido de que hay que liquidar los partidos uribistas porque se dejaron permear del paramilitarismo?
J.C.P.: En todo, menos en lo que respecta al Partido Conservador. Entre sus 158 años de vida y los 24 meses de existencia de los partidos uribistas, hay un trecho.

M.I.R.: Pero el Comisionado los metió a todos en la misma canasta…
J.C.P.: Los partidos uribistas son reductos del Partido Liberal, y es muy triste que el Conservador vaya a la zaga de ellos. Son unos partidos pegados a un nombre, micro-personalistas, sin ideología. No tienen otra razón de existir sino la de ser uribistas.

M.I.R.: ¿Cree que el Partido Conservador ha traicionado su tradición histórica al haberse convertido en incondicional del presidente Uribe?
J.C.P.: Tenemos que sentarnos a reflexionar. Porque Colombia es pasión, pero también tiene que ser reflexión.

M.I.R.: ¿Pero no dizque hoy el Partido Conservador está peleado con el gobierno por cuenta de las declaraciones del Comisionado?
J.C.P.: ¡Qué van a estar peleados! Eso es un micro circo. Una pelea por cosas de mecánica, cuando el problema es moral. A pesar de tanta historia, tantas divisiones, una cosa que jamás se discutía en el Partido Conservador era su columna vertebral, que es la moral, su caballo de batalla. Hoy quedó metido en el cúmulo de la para-política por su silencio en medio de un país absolutamente desconcertado con la situación que atravesamos. La gente no sabe qué es lo que le están planteando, qué es bueno, qué es malo. Es que el silencio confunde. ¿Como puede el Partido Conservador callar ante este torbellino de sucesos?

M.I.R.: Desde ese punto de vista, ¿es bueno o malo que el Ministro del Interior sea del Partido Conservador?
J.C.P.: Es legítimo que los partidos busquen sus alianzas y coaliciones coyunturales. Pero una cosa es el unanimismo y otra el consenso. En la coalición de gobierno hay lo primero y no lo segundo. Eso conduce a que no haya expresiones sobre los temas del momento. Estos partidos, en lugar de expresarse, han entrado en una actitud muy defensiva que es muy sospechosa y se presta para todo tipo de suspicacias.

M.I.R.: ¿Eso fue lo que lo llevó a pedir la renuncia del directorio conservador?
J.C.P.: Pues sí, porque en un momento de crisis moral es imperdonable que el Partido Conservador calle. Eso puede ser normal para un partido de 24 meses, pero para uno de 158 años, es históricamente sospechoso.

M.I.R.: ¿Estos comentarios suyos no son un indicio de que el pastranismo quiere tomarse el partido?
J.C.P.: ¿Y quién no quiere tomarse el partido? Para eso son los partidos: para que haya variedad y multiplicidad, desde luego dentro de unos parámetros sobre lo fundamental. La moral es una cosa que no está en discusión dentro del partido. Pero en este momento, ante la crisis moral del país, deberíamos estar unidos dando ejemplo, y no escondiéndonos ni poniéndonos a la defensiva.

M.I.R.: ¿Conclusión: el Partido Conservador no ha estado a la altura de las circunstancias?
J.C.P.: La que no lo ha estado es su dirección, con su silencio y su ausencia.

M.I.R.: Saltemos al gobierno del presidente Uribe. ¿Qué opina?
J.C.P.: Sobre Uribe se ha dicho todo. En este momento el país debe, en medio del torbellino de los hechos, de la vorágine de los acontecimientos, serenarse un poco para pasar a pensar un poquito menos en Uribe y más en Colombia.

M.I.R.: ¿Usted forma parte del 84 por ciento o del 16 por ciento?
J.C.P.: Del 16 por ciento y en descenso, porque no creo ya que sea el 16 por ciento, sino 16.

M.I.R.: (Risas). ¿Por qué tanta prevención contra el gobierno de Uribe?
J.C.P.: No es una cuestión de prevención, sino que la democracia en Colombia tiene que empezar a pensar en términos de otras posibilidades.

M.I.R.: ¿Como en cuáles otras?
J.C.P.: Un país sin Uribe. Porque a Uribe cualquier día le puede pasar un bus por encima y entonces… ¿se acabó Colombia?

M.I.R.: ¡Que Dios no lo quiera! Pero le insisto en que me dé opciones…
J.C.P.: Pues es que precisamente para eso están los partidos. Para abrir el abanico. Pero un partido que se ha desdibujado y que está haciendo la política que hace el Partido Conservador en este momento no tiene opción de poder. Gente hay, y la hay de sobra, pero no tenemos partido. ¿Porque, qué diferencia hay, por ejemplo, entre Convergencia Ciudadana y el Partido Conservador? ¡Uno o dos presos!

M.I.R.: (Risas). ¿Quién puede ser la persona que, como dice Uribe, logre reelegir la seguridad democrática y la confianza del inversionista extranjero en Colombia?
J.C.P.: Ambas cosas son muy importantes, pero uno no puede barrer la moral por debajo del tapete de la seguridad democrática. El país está confundido, está perdiendo su norte vital, y eso tiene consecuencias. Supongamos que venga un tercer mandato de Uribe: ya están a un año de salir muchos de esos señores con quienes su gobierno pactó en Ralito. Estarán sentados en este restaurante almorzando con nosotros y ese será otro país. Les vamos a quedar debiendo tiempo. Vamos a tener que convivir en una sociedad donde tengamos que sentarnos a la mesa con unos genocidas que tienen 15.000 cadáveres al hombro.

M.I.R.: ¿No le da ningún valor a este difícil y osado proceso paramilitar?
J.C.P.: Es que no sabemos qué se pactó. Tan vilipendiado que ha sido el Caguán, pues allá hubo un fracaso con las Farc, pero allá no se pactó nada. En cambio esto ha sido un éxito supuesto porque, le repito, no sabemos qué se pactó. Como dice The Economist con el sarcasmo propio de la flema inglesa (es que hemos llegado a un momento en que tenemos que recurrir a los medios extranjeros para repasar la memoria nacional), lo que Uribe negoció con el paramilitarismo y el narcotráfico fue un indulto.

M.I.R.: Me da mucha pena contradecirlo, pero precisamente este es uno de los pocos procesos de desmovilización de un grupo armado ilegal en el mundo en el que los culpables están presos…
J.C.P.: Ahora sí lo están. Y gracias a la Corte Constitucional.

M.I.R.: ¿Cuál sería su propuesta: anticipo de elecciones, revocatoria del Congreso, Constituyente?
J.C.P.: No tengo propuesta porque este es un problema de moral, no de procedimientos ni de reformas. El régimen no está pensando en el problema moral, que es el preponderante. Los altos mandos del gobierno cada tercer día hacen una apología del paramilitarismo. Eso confunde a la gente. Ya Colombia tiene contra las Farc una claridad meridiana. El país entero salió a las calles a rechazarlas. Ahí ha habido una catarsis. Y eso no es el 84 por ciento, sino el 120 por ciento. Eso ya está muy claro. Pero frente al paramilitarismo hay muchas ambigüedades.

M.I.R.: Ambigüedades de la sociedad…
J.C.P.: Y de los partidos y sus dirigentes, que son los guías de la sociedad, porque la política es eso. Ahí están fallando. Mientras los partidos no se expresen clara y limpiamente, todo lo demás es un proceso de manzanillaje, otra trampa, una causa de desilusión colectiva.

M.I.R.: Si, como usted lo ha sugerido al comienzo de esta entrevista, el Comisionado es un 'razonero', ¿por qué cree que el Presidente mandó esa razón?
J.C.P.: En palabras de los periodistas deportivos, porque el Presidente "se está desmarcando" de los partidos políticos. Eso es una cosa muy grave porque el Presidente vendría siendo la única persona en el gobierno que no tiene responsabilidad política.

M.I.R.: ¿Asunto de teflón?
J.C.P.: No. Asunto de que está escurriendo el bulto. Cuando le va bien, él reclama todo. Pero la responsabilidad política se ejerce cuando a uno le va mal. Su coalición para elegirse es buena, pero para ir a la Corte Suprema es mala. El Presidente tiene que responder por algo. Ya están investigando su círculo más íntimo. Al Vicepresidente, a los directores de los partidos uribistas… Que no lo afecte se puede llamar teflón, pero que eluda su responsabilidad, yo a eso lo llamo concha. Mucha concha.

M.I.R.: ¿Algún comentario del caso Yidis y Teodolindo?
J.C.P.: Ese es otro ejemplo de la decadencia de la dirigencia del partido. Ambos son conservadores, y el partido no ha dicho ni mú. Como tampoco lo ha dicho Uribe, porque no lo dejan sus palafreneros.

M.I.R.: ¿Sus palafreneros?
J.C.P.: Sí. Fabio Echeverri y Luis Carlos Restrepo.

M.I.R.: ¿Y por qué los llama palafreneros?
J.C.P.: Porque, según veo, ambos son expertos en estiércol.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.