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| 9/25/2005 12:00:00 AM

¿Por qué cree que nadie volvió a hablar de su papá? 

Luis Ernesto, el hijo del ex ministro Fernando Araújo, le contesta esta pregunta a María Isabel Rueda.

M.I.R.: ¿Cuánto completa ya secuestrado su papá?

L.E.A.: Lo secuestraron el 4 de diciembre del año 2000. Va a cumplir cinco años.

M.I.R.: Devolvámonos entonces cinco años en el tiempo. ¿Cómo fue el momento en el que se enteró de que lo habían secuestrado?

L.E.A.: Es el recuerdo más feo que tengo en la vida. Yo estaba en Bogotá, estudiaba derecho. Y esa noche tomé un avión para ir a Cartagena. Ya sentado, con el cinturón puesto, vi que tenía varias llamadas de amigos de mi papá. Alcancé a oír un mensaje antes de que cerraran la puerta del avión. En él me decían: "Lue, supe lo de tu papá, estoy contigo". Yo no entendí qué estaba pasando.

M.I.R.: Ese viaje tuvo que ser un suplicio...

L.E.A.: Eran las 9 de la noche, yo había hablado hacía un rato con él y me dijo que me iba a recoger al aeropuerto. Pensé que la Fiscalía lo había detenido por la persecución política en el caso Chambacú, o que le podía haber dado un infarto. No resistí la preocupación y antes de que despegara el avión lo llamé a su celular. Me contestó su (segunda) esposa Mónica llorando, ese día ella cumplía años. Inmediatamente me pasó a mi mamá, y ella me dijo: "Secuestraron a tu papá". Algo me alivió saber que no estaba muerto. Pero en ese momento no alcancé a imaginar la proporción de lo que venía. Yo imaginé que eso era cuestión de 20 días. Por fortuna en el avión me encontré con la mamá de un gran amigo mío, a la que quiero muchísimo. Me fui a buscarla, le conté lo que me estaba pasando, y el viaje transcurrió mientras los dos hacíamos un esfuerzo enorme para hablar de cualquier cosa menos del secuestro.

M.I.R.: ¿Cómo supieron que lo habían secuestrado?

L.E.A.: Él estaba trotando. Lo hacía todos los días, 10 kilómetros. Una camioneta verde con vidrios polarizados lo interceptó y lo obligaron a subirse. Unas personas vieron lo que pasaba, pero nadie reconoció a mi papá ni avisó a la Policía. Una tía mía llegó esa noche a la casa de mi papá al cumpleaños de Mónica, y comentó que Cartagena estaba muy insegura porque una vecina le acababa de contar que esa tarde se habían llevado a la fuerza a un señor. Pero al ver las caras largas de todos, y al enterarse de que mi papá no aparecía, ella ató cabos, y entendió que el señor de la camioneta verde era mi papá.

M.I.R.: Pero ¿cuándo les confirmaron oficialmente el secuestro?

L..EA.: Cuatro meses después. Pero no porque nos llamaran, sino porque comenzamos a preguntar. El ELN nos hizo saber que ellos no lo tenían. Las autodefensas mandaron a decir que ellas tampoco. Y las Farc guardaron silencio. Pero dentro de mi lógica eso a mí no me cabía en la cabeza, porque mi papá había participado en el proceso de paz como ministro de Andrés Pastrana. El 19 de abril, las Farc sacaron un comunicado hablando del canje, en el que hacían referencia a un ex ministro que tenían secuestrado. Inmediatamente concluimos que era mi papá.

M.I.R.:¿Cuándo recibieron la primera carta de él?

L.E.A.: Un año después. Por ella supimos que lo tuvieron los seis primeros meses aislado, y no lo dejaban oír radio o leer noticias. Fue la primera prueba de supervivencia. Yo me puse muy feliz de saber que estaba vivo.

M.I.R.: ¿Cuántas cartas han recibido durante estos casi cinco años?

L.E.A.: Sólo dos. Y al canal Caracol han enviado dos videos. Pero hace dos años y siete meses no tenemos ninguna prueba de supervivencia.

M.I.R.: En ellos se ve muy delgado?

L.E.A.: Mucho. Supongo que debe seguir haciendo ejercicio. Pero es evidente, por su aspecto, que su situación es muy precaria.

M.I.R.: ¿Y nunca los han llamado?

L.E.A.: Sí, en un comienzo hacían exorbitantes exigencias económicas. Pero también le dijeron en una oportunidad a Camilo Gómez que era por el caso de Chambacú, y que la guerrilla iba a juzgarlo. Pero los comunicados hablaban del canje. Entonces, ¿cuál era al fin el motivo del secuestro? Le mandamos una nota a las Farc para preguntarles. Nos mandaron a decir que el motivo era el canje. Y a partir de ese momento el guerrillero que llamaba a pedirnos plata dejó de llamar.

M.I.R.: ¿Y cómo ha sido desde entonces la vida suya y las de sus tres hermanos?

L.E.A.: Transcurre en medio de una incertidumbre muy grande y un dolor muy profundo. Pero en lo posible tratamos de llevar una vida normal. Por ejemplo, durante el secuestro de mi papá, yo me gradué de abogado. Pero no quise ir a la ceremonia y reclamé mi diploma por ventanilla. La vida sigue, porque tiene que ser así. No nos hemos dejado amarrar por el secuestro de mi papá. Nos habríamos enloquecido. Mis hermanos estudian, al segundo le falta un año para terminar la universidad, el tercero ya va a graduarse del colegio, y todo eso se lo ha perdido mi papá. Y en la familia han pasado muchas otras cosas: han nacido varios primos, hay tíos que se han casado y se han divorciado? A mi papá vamos a tener que hacerle una actualización impresionante. Nuestra relación con él quedó congelada en la última conversación que tuvimos el día en el que lo secuestraron. Pero él está muy presente. Muy reflejado en nuestras vidas, por ejemplo en la relación que tenemos entre los cuatro hermanos. Familiarmente, él nos cobija como un paraguas.

M.I.R.: ¿Por qué cree que en el país ya casi no se habla de Fernando Araújo?

L.E.A.: Es que mi papá es un hombre común y corriente. Mi papá no es una figura nacional. Su único contacto con la política fue como ministro de Pastrana. En cambio, Íngrid tiene todo el boom que le hace el gobierno francés, los diputados son 12, los soldados y policías deben ser como 35, los congresistas también son un grupo, los americanos son tres y son los americanos? A muchos de esos secuestrados se los llevaron por accidente, pero en cambio a mi papá le hicieron una cacería de dos meses.

M.I.R.: ¿Cómo lo sabe?

L.E.A.: Porque varios de los secuestradores están capturados.

M.I.R.: ¿Qué siente cuando oye que el gobierno francés adelanta encuentros secretos con las Farc para recuperar a Íngrid Betancourt?

L.E.A.: El derecho a la libertad es una institución francesa. Ruego a los franceses que sus gestiones busquen la libertad de todos los secuestrados, sin distingos de nacionalidad, raza o condición social.

M.I.R.: ¿Qué piensa del canje?

L.E.A.: De todo corazón quiero que se haga. Lo único que no deseo es que se haga política con el tema.

M.I.R.: Sé que usted trabaja en la Casa de Nariño. Pero, ¿le guarda algún rencor al Presidente? La mamá de Íngrid, por la que siento la más profunda solidaridad, le dijo al Presidente que lo odiaba y que tenía que confesarse para pedir perdón?

L.E.A.: Se dice que el Presidente, por el tema de la reelección, quiere hacer el canje y está moviendo el tema de la paz. Eso es una injusticia. La impresión que yo tengo, por las encuestas que conozco, es que la reelección del Presidente no tiene nada que ver con el tema del canje. La opinión favorable que él tiene es por cuenta de lo que los colombianos perciben qué hace por el país, y no porque diga una cosa u otra sobre el canje.

M.I.R.: ¿Habla con el Presidente del tema?

L.E.A.: A veces el Presidente me pone el tema, porque él entiende muy bien lo que estoy viviendo: él perdió a su papá en un intento de secuestro. El Presidente ha hecho concesiones muy significativas en el tema del canje con las Farc, pero de ellos no veo una respuesta igual de generosa. Lo mínimo que yo les pido es que nos envíen una prueba de supervivencia.

M.I.R.: ¿El secuestro de su papá lo ha obligado a ser el papá de sus hermanos?

L.E.A.: En una época, cuando estábamos pequeños, yo los regañaba mucho. Mi papá y mi mamá me enseñaron desde entonces que yo no tenía que ser el papá de mis hermanos. Estoy pendiente de ellos siempre, tenemos una hermandad muy fuerte. Como hermanos estamos por encima del bien y del mal. Ahí está la influencia de mi papá. Pero sin mi mamá, no hubiéramos podido ser tan fuertes como somos nosotros.

M.I.R.: Ella es una mujer espectacular. Ruby Rumié, la pintora? ¿Cómo se imagina el día en el que vuelva a ver a su papá?

L.E.A.: Sueño con ese día, dormido y despierto.  

M.I.R.: ¿Le guarda resentimiento a Colombia?

L.E.A.: ¡Jamás! Familiarmente cada día nos involucramos más con este país. No por el secuestro: así ha sido siempre. Creemos en Colombia, seguimos invirtiendo en Colombia, viviendo en Colombia. Hace un mes inauguramos el centro de convenciones del Hotel Las Américas, como un aporte a esa ciudad que queremos, Cartagena -que está vuelta nada-. Mi mamá tiene su estudio de pintora en el barrio Getsemaní, a pesar de que le decían: no te vayas para allá que hay pandillas? No te van a aceptar. Hoy tiene las mejores relaciones con la gente del barrio. Mi hermano menor, que es futbolista, juega fútbol en los barrios más pobres de la ciudad. Nos ha tocado vivir esto, pero no somos los únicos. Somos muchas familias. Con el que uno se sienta a hablar en Colombia tiene un familiar o un amigo muy cercano secuestrado. Fíjese en el drama de la ministra Cecilia María Vélez y la dignidad con la que se refiere a él? ¡Esa mujer es una berraca!

M.I.R.: Va a ver que el día en el que volverá a encontrarse con su papá está más cerca de lo que cree?

L.E.O.: Lo espero ansiosamente, pero sin ninguna amargura. El amor de la familia está por encima de eso.
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