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| 3/3/2007 12:00:00 AM

¿Por qué lo culpan de la caída de la Canciller y de las desgracias de su familia?

El vicepresidente Francisco Santos Calderón le responde a María Isabel Rueda.

M.I.R.: En el incidente de la renuncia de la canciller Araújo quedó flotando en el ambiente la sensación de que usted formaba parte de un complot contra ella. ¿Qué interés podría tener usted en tumbarla?
F.S.C.: Absolutamente ninguno. Mi lealtad ha sido clarísima con el Presidente y con el país, de la A a la Z.

M.I.R.: Pero ella lo comparó a usted con Poncio Pilatos, aunque creo que se refería más bien a Judas…
F.S.C.: Sí le dije al Presidente, por esa lealtad que le tengo a él y al país, que me parecía inconveniente que ella siguiera en la cancillería. En Estados Unidos sentí una presión inmensa en ese sentido que me dejó muy preocupado. Y con respecto al delicado documento que recibí del cónsul en Barquisimeto, Elías Ochoa, hice lo que siempre hago y el Presidente siempre hace: ante la existencia de evidencias o informaciones, transmitírselas inmediatamente a la autoridad competente.

M.I.R.: Estamos hablando de la carta que el cónsul Ochoa le entregó, revelando la ocurrencia de un secuestro con fines políticos de los paramilitares, que es la información que hoy tiene metidos en graves líos a miembros de la familia de la ex canciller Araújo…
F.S.C.: Sí. Yo recibí esa información por escrito.

M.I.R.: Ella sugiere que usted se la hizo escribir o se la escribió…
F.S.C.: El que diga eso, no me conoce. El señor Elías Ochoa es un ex alcalde de Valledupar que estuvo secuestrado por las Farc y durante su secuestro, País Libre le ayudó mucho. Luego la Embajada de Estados Unidos me pidió que ayudara a conseguir unos testigos contra 'Simón Trinidad', y uno de ellos fue Elías Ochoa, porque 'Trinidad' era comandante del Bloque Caribe cuando su secuestro. Después de testificar me pidió cita varias veces, se la di el 15 de diciembre, se sentó en mi oficina, me entregó un papel relatando unos hechos y como debía hacerlo, inmediatamente se lo mandé al Presidente de la Corte. Consideré que era ese, y no yo, el organismo adecuado para evaluar su veracidad.

M.I.R.: ¿Por qué el contenido de esa información salpica a la familia Araújo?
F.S.C.: No me corresponde responder esa pregunta. Es la Corte la que debe evaluar la información. Ni siquiera guardé copia de esa carta.

M.I.R.: ¿Por las implicaciones del contenido de ese escrito para su familia, la Canciller quedó enfurecida con usted?
F.S.C.: Ese documento me llegó a mí y yo hice con él lo que me tocaba hacer. Entiendo el dolor humano que produjo, y como había que buscar un chivo expiatorio, ese resulté siendo yo. Pero esa ya es agua que pasó debajo del puente. Ahora tenemos que explicarle a la opinión pública internacional lo que está pasando aquí y por qué está pasando, y cómo esto es producto de un gobierno que se amarró los pantalones frente al fenómeno del paramilitarismo.

M.I.R.: ¿Es cierto que usted aspiraba a que lo nombraran Canciller?
F.S.C.: Absolutamente no. Cuando sucedió el episodio del presidente Pastrana, el presidente Uribe nos reunió a Carolina Barco y a mí. A ella le dijo que tenía que irse a Washington. A mí, que me necesitaba como Vicepresidente tanto dentro del país como afuera. Además, ser Vicepresidente me permite decir muchas más cosas que no podría decir como Canciller. Mi agenda internacional es muy clara: me corresponde defender la fortaleza institucional de Colombia en el exterior y explicar con claridad lo que está pasando en Colombia y lo que está en juego. Aquí hay gente apostándole a que el proceso con las autodefensas salga mal y que esto se convierta en un baño de sangre en 2008 ó 2009. El país necesita en este momento generosidad y grandeza.

M.I.R.: ¿Le gustó el nombramiento del canciller Fernando Araújo?
F.S.C.: La sola presencia de una persona que estuvo secuestrada seis años por las Farc muestra en toda su dimensión la problemática del país. Es un caso tan dramático, y nos muestra una realidad tan cercana, tan macabra, que genera una discusión contextualizada del drama nacional. Pero estoy seguro de que Fernando va a ser mucho más que eso.

M.I.R.: Usted también estuvo secuestrado nueve meses. ¿Qué piensa de quienes dicen que las condiciones sicológicas de un ex secuestrado no le permiten ser Ministro?
F.S.C.: Soy testigo de la forma como las personas se crecen durante un secuestro. Se coge una fortaleza que uno nunca sabía que tenía y adquiere unas dimensiones de pensamiento en que el que lo relevante se vuelve muy claro. Nada crece más el espíritu humano que un secuestro. Y una persona que estuvo seis años, y que salió diciendo cosas tan serias y profundas como lo hizo Fernando Araújo, no me deja duda de que va a ser un formidable Canciller.

M.I.R.: Usted tiene muy clara la misión que debe desempeñar como Vicepresidente por fuera de Colombia. ¿Cómo lograr que el proceso paramilitar adquiera respetabilidad?
F.S.C.: Me tiene inmensamente preocupado lo que está pasando en Colombia. Casi es una copia de lo que sucedió durante el gobierno Betancur con el proceso de paz con las Farc, cuando una intolerancia y unas mentes cerradas impidieron que este se diera. Y mire en lo que estamos. Si el proceso con las autodefensas no es un éxito, las probabilidades de un baño de sangre son inmensas. El país está polarizado frente a ese proceso y muchos están apostándole a que fracase, incluidas organizaciones internacionales tan serias como Amnistía Internacional. Están buscando que aquí haya muchos más muertos.

M.I.R.: ¿Y cómo ve el papel del Polo frente al proceso?
F.S.C.: Que están haciendo una política con 'p' pequeña. Por tratar de deslegitimar al Presidente, de pronto están sembrando las semillas de su propia destrucción. No se están dando cuenta de que los procesos de paz, y especialmente este, que persigue acabar con el fenómeno paramilitar que en Colombia, fácilmente, tiene más de 30 años de evolución, sólo tiene posibilidades bajo un liderazgo como el que ejerce el presidente Uribe y con las garantías que él ha ofrecido. Las posibilidades de reversa de eso pueden ser muy graves. Ojalá reflexionen y se den cuenta de que están jugando con candela y más bien decidan ayudar a que funcione. ¿Cómo? Descriminalizando el proceso. Hay que meterle los ingredientes de paz, de verdad, de reparación y de reconciliación, o sea, meterle el ingrediente político al proceso, porque lo que está en juego, repito, es de unas dimensiones tales, que temo profundamente por el futuro de este país.

M.I.R.: ¿La gente que le critica al proceso su alto grado de impunidad, no tiene derecho?
F.S.C.: Claro que sí, pero mire los contextos mundiales de los procesos de paz de los últimos cinco años. Todos fueron con amnistía e indulto. El único que tiene los ingredientes de justicia, verdad y reparación es este. Estamos caminando una trocha que ningún otro país ha caminado. Y nos ponen un estándar tan alto, cuando ningún otro país del mundo lo ha hecho, como si quisieran meternos en una profecía cumplida: el fracaso del proceso.

M.I.R.: ¿Cuáles son peores: las críticas externas, o las internas?
F.S.C.: Están ligadas. Es un círculo que arranca aquí y revienta afuera. Por ejemplo, el senador Petro da unas declaraciones aquí con un fósforo al lado de una gasolina, y afuera habla como si tuviera el extinguidor para apagar ese incendio. Por tratar de deslegitimar el gobierno del presidente Uribe se pueden llevar por delante un proceso que aclararía el panorama de la paz del país. Nunca se había mirado de manera tan global como ahora el problema del narcotráfico y del paramilitarismo. Pero hay que dejarles salidas a los líderes de las autodefensas con base en certeza jurídica, dignidad y manejo del tema de la desmovilización.

M.I.R.: Dignidad es una palabra que ofende a mucha gente, tratándose de personas que han hecho masacres y utilizado motosierras…
F.S.C.: Pero son unos tipos que desmovilizaron 30.000 personas, entregaron 18.000 fusiles, que podrían seguir masacrando y asesinando, pero que tomaron la iniciativa de hacer la desmovilización más grande que haya vivido este país y muchos otros. No podemos tratarlos simplemente como delincuentes asesinos, aunque lo sean, porque tomaron, gracias al ofrecimiento del Estado, un paso para que se supere ese fenómeno. Si no les damos salida, si no les damos el escenario para que purguen sus penas en lugares de reclusión donde sus familias puedan visitarlos tranquilamente… Cuando hablo de dignidad me refiero es a eso. Si los convertimos en animales heridos, quién sabe qué puedan hacer. Hay que elevarle el perfil político a este proceso y no reducirlo solamente al tema judicial.

M.I.R.: ¿Y cuándo vamos a hacer eso mismo con las Farc?
F.S.C.: Si esto sale bien, le aseguro que a finales de este gobierno o a comienzos del otro estaremos en un proceso semejante. Pero si sale mal, nuestros nietos van a heredar, y quién sabe con cuáles proporciones, este conflicto.
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